La niñez más allá de la celebración
En 1988 estudios Ghibli estrenó la película “La tumba de las luciérnagas” del director Isao Takahata, sobre los bombardeos a la ciudad de Kobe Japón, que muestra la triste condición de dos pequeños que no contaron con el auxilio ante la situación de guerra. El relato es tan cruento que muchas personas consideran que no es una película apta para infantes. Pero con la difusión que han tenido las películas animadas entre la niñez la discusión se ha desatado entre docentes y especialistas en temas de la infancia. Desafortunadamente la realidad actual se impone y nos sigue indicando que es necesario hablar sobre la guerra y sus consecuencias con niñas, niños y adolescentes, precisamente para que tengan conciencia de que se debe hacer todo lo posible porque no se repitan historias de indiferencia frente al sufrimiento humano. La guerra es el peor lugar del mundo, y la niñez y adolescencia suelen ser quienes más lo padecen.
En México, desde 1924, se celebra el día del niño, precisamente porque es necesario recordar que dicho segmento de la población debería ser prioritario y punto de referencia para el diseño de políticas de gobierno. Lamentablemente, este 30 de abril es necesario hablar y explicar a niñas y niños que la guerra sigue presente en varias partes del mundo.
Cuando apenas habían transcurrido 2 semanas de los ataques de Israel y USA contra Irán “más de 1.100 niños y niñas han muerto o resultado heridos por la violencia: entre ellos, 200 en Irán, 91 en Líbano, 4 en Israel y 1 en Kuwait”. Mientras la oligarquía y los empresarios de la guerra ven incrementar sus ganancias, miles de niñas y niños de todos los países en
conflicto padecen la guerra.
Ciertamente, como señala Amnistía Internacional “Los responsables de planificar y ejecutar un ataque ilícito de Estados Unidos contra una escuela en Minab, provincia de Hormozgan (Irán), que provocó la muerte de 168 personas —entre ellas más de 100 niños y niñas— deben rendir cuentas”, lo cual es un asunto pendiente para la comunidad internacional.
De acuerdo con la organización Save the Children “20.000 niños y niñas muertos en 23 meses de guerra, más de uno cada hora” en Gaza, sin que hasta la fecha se haya podido poner un alto a los ataques de Israel contra la población de la región y la situación de vulnerabilidad a la que se somente a miles de niñas y niños.
En este mes de abril se cumplen tres años del inicio de la guerra en Sudán y de acuerdo con UNICEF “solo en el primer trimestre de 2026, al menos 160 niños fueron asesinados y 85 mutilados, un aumento del 50% respecto al mismo periodo de 2025. Más de cinco millones de menores han sido desplazados, a menudo en múltiples ocasiones, y ocho millones permanecen fuera del sistema educativo”. Ese mismo organismo indicó que en la guerra en Ucrania “Los bombardeos han matado o herido a más de 3.200 niños y niñas desde el 24 de febrero de 2022, es decir, más de 2 niños muertos o heridos cada día.”
En el Informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2025 se señala que “En una época en que el gasto militar ha alcanzado la exorbitante cifra de 272 billones de dólares, cientos de millones de niños y niñas siguen careciendo de bienes tan básicos como la educación, el agua salubre y una vivienda adecuada”
Más allá de las teorías conspirativas y las acusaciones con evidencias innegables sobre la participación de oligarcas en acciones que ponen en riesgo a la niñez, se trata de una problemática estructural: es la guerra del capitalismo contra la humanidad, que afecta en particular a la niñez. “Actualmente casi uno de cada cinco niños de todo el mundo –más de
412 millones– padece pobreza extrema, es decir, sobrevive con menos de 3 dólares al día”. Las declaraciones del presidente Trump pintan de cuerpo completo el programa de gobierno de la derecha conservadora y militarista: todo el presupuesto para la guerra a costa de la protección social de la población, por lo que negar recursos a las guarderías es algo que
hacen sin rubor alguno. Más allá de la celebración tenemos que pasar a la crítica y defensa de la niñez, para no olvidar a las luciérnagas nunca.