Sembrar paz para defender a la Madre Tierra
El próximo 22 de abrirá será el Día Internacional de la Madre Tierra, que tiene su origen en una resolución adoptada en 2009 por la Asamblea General de la ONU. Se trata de impulsar una férrea defensa de la Madre Tierra frente al “cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la
deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre”.
En ese contexto la intervención de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, que se llevó a cabo el pasado 19 de abril en Barcelona, España, cobra una relevancia mayor. La mandataria mexicana propuso dos acciones en favor de la paz:
1. Destinar el 10 por ciento del gasto mundial en armamento para impulsar un programa global que permita reforestar millones de hectáreas cada año, y
2. Una declaración en contra de la intervención militar en Cuba.
“Destinar el 10 por ciento del gasto mundial en armamento, que asciende a miles de millones de dólares, para impulsar un programa global que permita a millones de personas reforestar millones de hectáreas cada año. En vez de sembrar guerra, sembremos paz, sembremos vida.”
De nueva cuenta la humanidad está en riesgo tanto por la amenaza de una guerra catastrófica como por el acelerado avance del daño ambiental (asesinato de la Madre Tierra), ambas situaciones provocadas por el capitalismo y sus agentes, por la ambición desmedida de la oligarquía mundial.
Frente al abismo y la catástrofe vale la pena trabajar por aplicar los frenos de emergencia, desde la conciencia crítica de que nada puede estar por encima de la defensa de la vida. El llamado de la mandataria mexicana debería ser un punto de referencia para la organización y resistencia de los pueblos del mundo.
Se pueden identificar una serie de graves problemas que amenazan a la vida del mundo y, por tanto, a la humanidad: Calentamiento global; Pérdida de biodiversidad; Contaminación por plásticos; Deforestación; Contaminación del aire; El deshielo de los casquetes polares y el aumento del nivel del mar; Acidificación de los océanos; Degradación del suelo; Moda
rápida y aumento de residuos textiles; consumo acelerado de recursos naturales para el desarrollo de la Inteligencia Artificial; Sobrepesca y Extracción de cobalto.
La guerra del capitalismo contra la humanidad no ha tenido límites, de ahí la importancia de que los pueblos se organicen y luchen por poner un alto a la ambición voraz de los oligarcas. Lo que está en juego no es menor.
Los pocos territorios en el mundo con menor daño ambiental y con gran riqueza en biodiversidad están habitados por comunidades originarias. Pero eso no es casualidad, responde a proyectos civilizatorios que han sido respetuosos de la naturaleza y que han construido, a los largo de miles de años, encontrar el equilibrio entre satisfacer sus necesidades básicas y la recuperación y mantenimiento de los territorios. Estos pueblos originarios y sus territorios están siendo amenazados por la ambición desmedida del capital.
La derecha conservadora y militarista en el mundo representa proyectos de gobierno que buscarán marcos normativos y políticas de gobierno que “liberalicen” (es decir, quiten cualquier freno o límite) a los planes de las empresas más agresivas y violentas contra la madre tierra y los seres humanos, eso es algo que tenemos que tener muy claro. Apoyar a la derecha es apoyar la destrucción acelerada del planeta.
Desde luego que la Cumbre en Defensa de la Democracia fue de gran importancia, pero debe también desarrollarse encuentros y reuniones de los pueblos y comunidades para buscar alternativas y estrategias para seguir defendiendo a la Madre Tierra como hasta la fecha lo han estado haciendo.
El tema de la defensa de la madre tierra no le corresponde sólo a unas cuantas personas, sino que es una responsabilidad de todos los seres humanos; la salud de la tierra es la salud y esperanza de la humanidad. En efecto, sembrar paz, sembrar vida debería ser prioridad. Aún estamos a tiempo, pero tampoco podemos confiarnos.