Cruzando líneas | Una mentira repetida mil veces
Los Informes de Gobierno se han convertido en un espectáculo mediático que parecen parodias televisivas; pasa en Estados Unidos, México y el mundo. Es como si por un momento, ya no tan corto, se enlazaran las realidades de tres dimensiones distintas: la del que se sube al podio, la de quien la aplaude y la de quien se desconcierta al verlo en el televisor.
Por generaciones, el discurso presidencial tendía puentes políticos, buscaba un común denominador ideológico y pretendía convertirse en un llamado a la conciliación. Ya no. En 2025, el hilo conductor se tensó; en 2026, se rompió. El presidente Donald Trump ensanchó la grieta de la polarización y el divisionismo. Fueron 100 minutos de una propaganda política desinformadora, muy alejada de la realidad que el pueblo estadounidense vive, en un discurso que se convirtió en uno de los más largos de losúltimos años y en el que repitió su propia versión de un país que “nunca había estado mejor”.
¿Esta es en realidad la época dorada de Estados Unidos?
¿Así se ve el engrandecimiento de América?
Trump fue desafiante, incendiario y provocador. Tres características que como magnate lo llevaron al éxito y como presidente lo han convertido en uno de los líderes mundiales más polémicos y espinosos de la política actual. Por momentos, la intensidad le pasa factura y en otros se convierte en un capital político explosivo; como estrategia, siempre le saca ventaja.
En el Estado de la Unión, el presidente Trump presentó sus “datos alternativos” en temas que afectan directamente a nuestras comunidades: la economía, la educación, las finanzas familiares, el acceso a los servicios médicos, la migración y la seguridad fronteriza. Habló a la ligera, con datos falsos, de un presunto fraude electoral y puso en tela de juicio al mismo sistema que lo llevó a la Casa Blanca en esta segunda administración.
Mentir así, con la convicción de que una falsedad repetida mil veces se convierte en verdad, es peligroso. El presidente asegura “estamos ganando”, cuando el pueblo en realidad vive una derrota social que no termina de comprender y mucho menos de procesar. Y hubo quienes, sin cuestionar nada, lo aplaudieron todo.
El pensamiento crítico nos enseña a dudar y responsabilizar. Nos convierte en seres escépticos y desconfiados, pero capaces de discernir entre lo real y lo imaginario, lo que es y lo que al poder le gustaría que fuera. En este discurso, ejercer pensamiento crítico implica desconfiar de absolutos como “cero”, buscar al menos una fuente independiente que confirme o contradiga las frases más llamativas y preguntarse siempre a quién le sirve que se exagere una amenaza o se maquille una crisis como victoria.
En Arizona, mientras Trump insiste en que la frontera está “bajo control”, las comunidades fronterizas siguen viendo operativos y detenciones, y los registros oficiales muestran que los cruces han bajado respecto a años anteriores, pero no han
desaparecido; los abusos tampoco. Congresistas como Adelita Grijalva decidieron no asistir al discurso y usar su lugar para dar voz a víctimas del sistema migratorio. Representantes como Yassamin Ansari se acompañaron de personas que luchan por
migrantes detenidas en centros como Eloy, donde hay personas que llevan más de un año privadas de su libertad en medio de diagnósticos graves de salud. Quisieron mandar un mensaje con la presencia o la ausencia, un paréntesis en una historia
americana que aún sangra.
El papel del periodista, del ciudadano, del defensor de la justicia y la democracia debería ser siempre responsabilizar al poder, sin importar cuál es la ideología al mando. Ningún funcionario fue, es o será perfecto; no hay manera de blindarse de la humanidad. Todos mienten, todos ocultan algo, todos mueven algo a conveniencia, todos exageran… pero hay quienes lo hacen con mucho más descaro.
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