Cruzando líneas | La espalda mojada
En los últimos meses nos han dicho de todo, desde “malditos mexicanos” hasta “frijoleros” y otros insultos que no sabía que existían. Pero también hemos recibido cientos de mensajes de apoyo y solidaridad, de cariño y felicitación. Todo es tan contrastante en este clima político, que lo blanco y lo negro se separan como el agua y el aceite. Luz y sombra; nada en medio.
Pero en los casi 20 años que tengo viviendo en Estados Unidos nunca me habían dicho “wetback”. Para los que no están familiarizados con ese término, “espalda mojada” fue utilizado en el siglo pasado para referirse despectivamente a los mexicanos que cruzaban la frontera de manera irregular o para los migrantes que burlaban ríos y desiertos; fue tan popular que incluso el gobierno de Dwight D. Eisenhower lanzó unacampaña masiva de deportaciones conocida como “OperationWetback” en 1954.
“Mojado” es un insulto étnico despectivo y discriminatorio, es peyorativo y extremadamente racista. Aun así, con el ingenio y la picardía del migrante, se ha convertido en una identidad a la que se le canta, se le reconoce, se le reza y se le humaniza.
“Por tres países anduve indocumentado, tres veces tuve yo la vida que arriesgar, por eso dicen que soy tres veces mojado” (Los Tigres del Norte).
Irónico también. Es esa habilidad del mexicano y sus hermanos de burlarse de todo, hasta de la miseria propia y de la muerte. Quizá por eso me reí por dentro cuando leí los comentarios que nos dejaron en algunas publicaciones de las redes sociales en donde hablábamos de los derechos de los migrantes.
“Me tratan de mojado, pero yo nado como pez en el agua” (Calle 13).
El insulto no causa gracia, lo sé; la risa es mi mecanismo de defensa. Son los nervios, la ansiedad, la impotencia y el albur. Si supieran que a uno ni con papeles se le ha secado la espalda, por que sigo cargando en la mochila mis recuerdos y los millones de ajenos. Sí. A uno en el desierto le sudan las ganas, la pasión y hasta la conciencia. Aquí se nos seca la tierra, pero nunca la frente ni los sueños. Al hombro nos echamos el orgullo, los ancestros, las memorias, las raíces, el corazón, las medallas, los títulos, los ahorros, la música, las tortillas y hasta a las abuelitas.
A nosotros se nos moja la espalda, pero también los ojos con las lágrimas, las sienes con la pasión, las manos de los nervios, los pies del cansancio, el cuello del orgullo y los labios de sonrisas. Y nos volvemos así, con el riego de nuestro sudor, en la tierra fértil para un sueño americano que algunos todavía no entienden. Uno, cuando cruza la frontera, nunca se seca.
“El mojado tiene ganas de secarse… El mojado, el indocumentado, carga el bulto que el legal no cargaría ni obligado” (Ricardo Arjona).
Comentarios (0)
No hay comentarios en esta publicación.