De huir de casa a los 13 años a cocinar para la Embajada: El éxito de Blanca Guzmán

Blanca Guzmán no solo cocina; entrega un pedazo de hogar en cada pedido. Lo que comenzó en 2012 como una vía para ganar independencia económica, hoy es un negocio consolidado de pupusas, tamales y galletas que viajan por toda la Ciudad de México. Su sazón es tan auténtica que se ha convertido en la proveedora de confianza del personal de la Embajada de El Salvador, quienes no dejan de pedirle los antojitos que les recuerdan sus raíces.
Una huida valiente: El origen de su fuerza
En entrevista para Conexión Migrante, Blanca explica que no hay un presente sin su pasado. En 1977, con apenas 13 años, tomó una decisión que le salvó la vida: huyó sola de su pueblo en El Salvador para escapar de la violencia de su padrastro.
Llegó a México con el apoyo de una mujer que trasladaba migrantes y fue recibida por una familia en una carnicería que le brindó techo y comida. Ese cobijo de la comunidad mexicana fue el primer paso para una vida que Blanca construiría desde cero, trabajando en maquilas y lavando ropa, pero siempre con la mirada puesta en salir adelante y apoyar a sus dos hijos, a quienes tuvo con su novio mexicano durante su adolescencia.
El sabor como refugio y sustento
El secreto de Blanca está en su memoria. De niña, se subía a un banquito para alcanzar la cocina de su madre; años después, ese espacio seguía siendo su lugar seguro. Tras perfeccionar su técnica con un curso de galletas en Sin Fronteras IAP, Blanca transformó su talento en un motor financiero.

Aunque en su momento su sazón brilló en la Feria de las Culturas Amigas en el Zócalo, hoy Blanca ha evolucionado hacia un modelo de pedidos independientes. Su presencia es clave en los mercaditos de las jornadas de documentación, donde los migrantes la buscan para reencontrarse con los sabores de su infancia.

Incluso lejos de los grandes stands, su agenda no descansa. Su red de clientes fieles crece por recomendación, demostrando que cuando el producto tiene corazón, no se necesita una plaza pública para tener éxito.
Un nuevo capítulo: La nacionalidad mexicana
Hoy, mientras sigue alistando los pedidos de tamales y empanadas, Blanca está en trámites para obtener su nacionalidad mexicana. Es el cierre de un círculo que empezó con una huida desesperada y que hoy se traduce en una vida diferente, con hijos mexicanos trabajadores y una comunidad que la respeta como la gran emprendedora que es.

Su trayectoria demuestra que el hogar no es solo el lugar donde se nace, sino el que se construye con resiliencia y trabajo. Blanca no solo transformó su propia realidad, sino que logró que su sazón sea hoy un puente de identidad para quienes, como ella, buscan en un bocado de su tierra la fuerza para seguir adelante en un nuevo país.
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