Mundo errante | Arte y resistencia (o de por qué no solo se trata de Bad Bunny)
El mundo se mueve entre la ola conservadora y las resistencias a ésta. Se trata de virulentas narrativas y crueles políticas que tienden a poner en el que piensa, luce o actúa diferente los males del mundo. Este, a juicio del conservadurismo que se pretende dominante, debe ser devuelto a un orden anterior.
Hoy se pretende que esa vuelta al viejo orden vaya acompañada de una idea de poner por delante la seguridad y la estabilidad de quienes confíen en ese proceso. Así podemos explicar, por ejemplo, las medidas de fuerza y represión con las que se persigue y estigmatiza a las personas migrantes en el mundo. Sin embargo, ante ese autoritarismo conservador, también hemos visto desarrollarse formas de organización de la gente que dice “no”.
James C. Scott, el politólogo y antropólogo, en su clásico “Los dominados y el arte de la resistencia” señalaba que “a la lógica de un mecanismo de dominación consistente en conseguir la completa atomización y vigilancia de los subordinados, esta lógica encuentra la correspondiente resistencia desde abajo”.
Y así es que hemos visto, como se van tejiendo redes de sociabilidad, comunicación y resistencia en diversas ciudades de Estados Unidos y América Latina. A las formas autoritarias de dominación se oponen mecanismos de resistencia política o cultural. La música, el arte callejero, el baile, sin duda acompañan una buena organización popular.
El mismo Scott, apuntaba que en las comunidades subordinadas hay quienes pueden actuar para oponer “criterios opuestos a las normas dominantes”. Muchas veces, esa resistencia está ligada a la cultura popular, lo que dicen las narraciones o las canciones puede representar un campo donde las resistencias viven, como diría el autor norteamericano irónicamente “ajenas a la mirada de las élites”. El imaginario social de quienes resisten está marcado por la distinción con quienes los dominan y que están -diría Scott- en “una discusión constante con los valores dominantes”.
Si pensamos en este tipo de relación, habrá eventos que representan una forma de resistencia velada que refleja lo que acontece entre las comunidades subordinadas. Vaya, por ejemplo, para no ir más lejos, el show de Bad Bunny el pasado domingo en el Super Bowl se puede entender desde una obediencia total al mainstream del espectáculo o como
una expresión de las formas de pensar y decir de quienes se oponen al dominio conservador. No es la representación del discurso público de Bad Bunny sino que ahí se manifiestan los discursos de las personas que resisten, como las y los migrantes a quienes no ve la elite.
Si pensamos que la oposición entre lo que dicen y hacen las comunidades subordinadas no siempre es una oposición pública y abierta sino que muchas veces, siguiendo a Scott, se representa en formas de decir y hacer con elementos culturales, el show del artista puertorriqueño fue una expresión oculta de las personas que se oponen a una política autoritaria y represora contra las y los migrantes.
Desde luego, este espectáculo del domingo pasado está pasado por los intereses económicos de quienes llevaron a Bad Bunny a presentarse como eco y éxito de una cultura pop que ya no es solamente anglosajona y en inglés sino multinacional y multicultural.
No trato de justificar el espectáculo y poner en un altar revolucionario a Benito Antonio Martínez Ocasio, desde luego ahí hay show pero también hay palabras que muchos quisieran decir en público y no pueden. Pienso aquí en José Revueltas, el escritor mexicano que, en una de sus múltiples temporadas como prisionero político, durante el movimiento del 68, escribió una carta al jefe de la policía para decirle:
“Estimado señor: …le informo de mi último deseo, con toda la cortesía de que soy capaz, le solicito a usted que vaya y chingue definitivamente a su madre. Le agradezco de antemano la respuesta afirmativa a mi petición”. En ese texto, Revueltas expresaba su oposición al régimen autoritario, pero en ella hablaba también una generación que se propuso resistir.
Lo que vimos el domingo fue el espectáculo de un artista popular que, con o sin intención, reflejó una cultura que resiste. Y es que como también dijo Revueltas:
“Amargo el encuentro del mal, de su gente, de su espacio. Evidentemente uno nació para otra cosa, fuera de tiempo y sin sentido. Uno hubiera querido amar, sollozar, bailar…pero todo está prohibido… Ellos persiguen toda dicha…Por esto viviremos”.
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