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Cruzando líneas | Un día más es un día menos

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Doña Marta camina despacio todas las tardes para llegar a la iglesia. Su memoria falla y, aunque saluda a todos, estoy segura de que a nadie nos recuerda. Después del “¿cómo estás?”, recita como letanía: “un día más es un día menos”. Pareciera ser un
refrán de mi pueblo, porque mi abuela también lo decía. Al principio lo interpreté solo como esa temporalidad que tenemos los humanos en esta tierra: nos gastamos un día y vamos alcanzando el fondo de la alcancía de esta vida. Pero en este 2026 lo entiendo diferente.

Se acaba de cumplir el primer aniversario de la segunda administración de Donald Trump como presidente. Ha sido mucho más dura de lo que yo me hubiera podido imaginar, con más de un millón de deportaciones en 2025 y con cambios migratorios que dejaron a miles en el limbo. Se siente como si hubieran pasado mil años y mis ojeras se ven como si hubiera envejecido al menos diez. Es un remolino de emociones todo el tiempo, una montaña rusa y un vértigo de saber que el mundo seguirá girando, aunque queramos bajarnos.

Me atrevo a decir que Trump ha sido el presidente más polarizante de mi memoria reciente en Estados Unidos. Todos han sido controvertidos, es verdad, pero nadie tan incendiario y divisor como él —aunque algunos celebren la economía o la frontera más quieta, todo es distinto—. Cuando pienso en esta segunda administración, me hace pensar que la primera fue sutil, suave, moderada, y siento que me ha preparado a la fuerza para un apocalipsis mediático en el que las líneas se desdibujan tanto que es muy difícil mantenerse en el carril.

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Todos los días los reflectores están en él y despertamos pensando qué pasará hoy. Es algo así como un delirio de persecución constante, pero real.

Creo que no sorprenderá a nadie saber que, cuando pienso en lo que sucedió en 2025 y en cómo vamos arrancando 2026, el tema de la migración es lo primero que me salta a la mente. No es solo por mi experiencia migrante, sino también por mi ser fronterizo. En mis conversaciones, en los cafecitos, en las charlas triviales, siempre sale el tema del cruce, las garitas, los agentes de ICE, la paranoia por el celular y en las redes sociales, el temor de la revocación de visas y privilegios migratorios, las redadas, las muertes… esas cosas que antes solo veíamos en el desierto y que ahora se han expandido por todo un país que resulta igual de árido.

Pero es un día más y, como diría doña Marta, un día menos. Nada dura para siempre, y esto tampoco. Hay marcas que creo que sí nos persiguen, nos cazan, nos aprisionan por siempre, pero eso depende de las conciencias y de la voluntad que tenemos de guiarnos por ellas; por eso no se olvidan las guerras mundiales ni algunos duelos personales. Algunos mueren con nosotros y otros, bueno, viven un día más que, en realidad, es uno menos. ¿Será este momento uno que pase así a la historia? ¿O estamos a tiempo de cambiarla?

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