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¿Qué es y cuándo es el Miércoles de Ceniza este 2026?

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¿Cuándo es y qué es el Miércoles de Ceniza?

La Cuaresma inicia con el Miércoles de Ceniza, día en el que se “bendice e impone la ceniza hecha de ramos de olivo o de otros árboles”, así lo indica el Misal Romano. Este año se celebrará el 18 de febrero de 2026 y es un rito que no solo ha permanecido durante siglos, también simboliza la importancia del proceso de conversión y purificación.

¿En qué consiste el Miércoles de Ceniza?

El rito tiene lugar al finalizar la homilía, que es la explicación de las lecturas que se han proclamado durante la Misa. De acuerdo al Misal Romano, el sacerdote de pie y con las manos juntas, dice: “Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre nuestra cabeza”.

Posteriormente el sacerdote o ministro rocía la ceniza con agua bendita, sin pronunciar alguna palabra. Finalmente, se impone la cruz de la ceniza en la frente a toda y todo aquel que se acerque con él y dice a cada uno: “Conviértete y cree en el Evangelio (Mc 1, 15)” o “Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver (Cfr. Gn 3, 19)”.

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El Misal Romano también aclara que el fiel no está obligado a emitir alguna respuesta en el proceso, por lo que se recomienda retirarse en silencio y meditar el significado del gesto. En caso de que no haya un sacerdote presente, los laicos pueden imponer la ceniza en un rito sin Misa y se recomienda que sea precedido por una liturgia de la palabra.

Las cenizas puede recibirla cualquier persona, sea católica o no. De igual manera, participar en el gesto no es obligatorio ya que no es un día precepto. En caso de que se decida participar, es importante tomar en cuenta que implica ayuno obligatorio para fieles de entre dieciocho y sesenta años y consiste en recibir solo una comida fuerte. Por su parte, la abstinencia de carne es obligatoria a partir de los catorce años. Todos los viernes de Cuaresma son de abstinencia obligatoria, excepto en países como Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia.

Un recorrido histórico sobre Fe y cenizas

De acuerdo al Antiguo Testamento, las cenizas son la representación del Luto (Jer 6,26), la petición de ayuda a Dios (Dan 9,3) y el arrepentimiento (Jud 4,11). Los primeros cristianos, solían cubrirse de ceniza en Jueves Santo como signo de penitencia pública, así lo narra La Enciclopedia Católica. Sin embargo, fue hasta el siglo XXI cuando se impuso el rito del Miércoles de Ceniza. Denominaciones cristianas como anglicanos, luteranos y metodistas también realizan este gesto, aunque con matices en el acto.

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El Sacramentario Gelasiano b (I, XVI) es uno de los libros litúrgicos más antiguos de la tradición romana y explica que desde los siglos V y VI, el miércoles de ceniza se ha considerado un día de gran valor para aquellos que iban a iniciar la penitencia cuaresmal, antes de ser admitidos a la reconciliación el día Jueves Santo. Anteriormente, era un día en el que el penitente se confesaba ante el obispo y este, en un acto litúrgico, colocaba las manos sobre su cabeza para cubrirlo de ceniza, mientras que el penitente vestía de cilicio, un tipo de vestimenta hecha con pelo de cabra. Finalmente, el obispo los invitaba a emprender el camino de la penitencia y la conversión.

La palabra cenizas proviene del Latín “cinis” que hace referencia al resultado del proceso de combustión. No pasó mucho tiempo para que la palabra se asociara con un sentido parecido al de la muerte y la caducidad, pero también al de la humildad y penitencia. Uno de los propósitos de la ceniza es recordarle al cristiano su origen y su fin: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19).

Una vez iniciada la cuaresma, los penitentes se someten a cualquier forma de mortificación o práctica piadosa. Puede ir desde vestir con ropas que den un aspecto miserable o burda, hasta llevar a cabo un ayuno riguroso o privarse de la carne. Este conjunto de prácticas penitenciales van más allá de seguir la dinámica del rito, busca expresar la actitud interior de aquella o aquel que se siente pecador ante Dios y espera con ansias el perdón de la misericordia divina.

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