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Cruzando líneas | A “good” girl (una chica buena)

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No han pasado ni dos semanas de este 2026 y nuestro mundo se ha colapsado varias veces. Estados Unidos intervino en Venezuela; Maduro está en custodia; hay un levantamiento nacional contra el régimen en Irán; los agentes de inmigración (ICE) mataron a una mujer en Minneapolis; las protestas en contra las autoridades y el abuso de poder en Arizona se han intensificado, y la sesión legislativa estatal comenzó con amenazas de un representante: “Si se portan bien, no se mueren”.

¿Feliz año?

No soy la única que no ha podido dormir desde que se publicaron los videos de la muerte de Renee Nicole Good, una mujer de 37 años, que fue baleada por un agente de inmigración en un operativo en Minnesota. Las imágenes, de diferentes ángulos, muestran a la madre en su camioneta tratando de frenar la intimidación de los agentes en un vecindario de Minneapolis. La abatieron con tres tiros. El agente la insulta al final: “zorra”.

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¿Fue defensa propia? ¿Es ese un acto de terrorismo doméstico?, como lo clasificó la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. ¿O fue un descarado abuso de poder? ¿Un asesinato a sangre fría?

Guardar silencio frente a este mundo que se nos cae encima sería un acto de complicidad.

La muerte de Good revive los traumas colectivos que cargamos de tantos tiroteos, asaltos y muertes. Abre, otra vez, las heridas del asesinato de José Antonio Elena a través del muro fronterizo en Arizona en 2012 o las muchas cruces que nadie planta en los centros de detención porque se llenarían las celdas. La justicia también tiene sangre en las manos.

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¿Cómo estás?, preguntamos. Estamos, es la respuesta generalizada.

Arizona inauguró su sesión legislativa en medio del caos y la controversia. Mientras unos cargaban el peso, la indignación y el luto por Good, muchos otros la convertían en un ejemplo de cómo la aplicación de la ley puede tener consecuencias mortales “en pro de la seguridad nacional y el patriotismo”.

Los legisladores republicanos usaron el ejemplo de Good como el catalizador para una propuesta de ley que criminalizaría la “obstrucción” durante operativos policiacos, con mayor énfasis en redadas y detenciones migratorias. Y me dieron muchas ganas de vomitar cuando en una rueda de prensa uno de ellos prácticamente dijo que “si soy una buena chica, no me va a pasar nada”.

A good girl. A bad hombre. Creo que empiezo a entender el patrón.

¿Aguantas? ¡Resisto!

No hemos parado; la adrenalina nos mantiene de pie, pero ¿hasta cuándo? No hay tregua. No lo digo solo como periodista, sino como latina, migrante, ciudadana naturalizada, extranjera en casa, como mamá y como el blanco de una administración que se ha empeñado en cruzar líneas que no tienen camino de regreso. Somos millones los que en silencios incómodos o con pancartas y parlantes nos reconocemos en duelo.

¿“Resiliamos”? Así, como si la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos fuera un verbo. Porque resistir también es acción.

Acompañar cuando todo el mundo se va al carajo es también un acto de amor.

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