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Mundo errante | “Un mal comportamiento”

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En medio del acelerado contexto internacional, nos enteramos del asesinato de Renee Good en Minnesota por parte de un oficial del ICE.

Las miradas pasaron repentinamente de la intervención armada estadounidense en Venezuela, las amenazas a Colombia, Cuba y, más o menos indirectamente a México, a la ciudad norteamericana donde una mujer de 37 años bloqueaba parcialmente la calle durante una redada de los oficiales de migración para después ser amenazada y recibir tiros que la hirieron fatalmente.

El gobierno norteamericano ha tratado de justificar el uso excesivo de la fuerza mediante artilugios discursivos varios, que van desde la amenaza e intento de atropellamiento a los oficiales hasta la hostilidad por un “mal comportamiento” que justificaría un acto de “defensa propia” del agente Jonathan Ross quien fue identificado posteriormente.

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El asesinato de Renee Goodman ha añadido una causa más a la defensa de los derechos y la democracia norteamericana. El acto no solamente se ha reclamado, desde diversos sectores, como un exceso de las fuerzas del orden, sino, también, como una muestra más, excesiva y absurda, de la concepción de orden que se ha querido instaurar en los Estados Unidos desde el año pasado.

La acción violenta contra Rene Goodman se enmarca en un contexto de despliegue de fuerzas del orden para “garantizar” la seguridad en ciudades con población migrante que ha querido instaurar el gobierno norteamericano. La violencia, el asesinato injustificado de Renee Goodman es parte de una violencia desatada en los operativos contra migrantes que han escalado cada vez más en agresiones contra la ciudadanía.

Las imágenes que han surgido y se han difundido muestran que no se justificaban los disparos directos. Sin embargo, el gobierno estadounidense ha insistido en hacer del tema una muestra de contradicción a los hechos que muestran a un oficial disparando sin justificación a la camioneta de dos ciudadanas. Se ha insistido en crear una justificación que se repita y repita y se deje como un hecho que Goodman y su pareja “eran muy irrespetuosas de las fuerzas del orden” y pareciera un mensaje para el resto de la ciudadanía: si protestas, si no obedeces, se justifica que te agreda una autoridad armada.

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Hemos insistido en este espacio que el exceso de una política xenófoba sin sentido abona a una división deliberada entre quienes buscan culpables de la crisis, de la carencia, de la falta de empleos, de la economía que no crece. Se sigue apelando al enojo colectivo contra las personas migrantes y contra la ciudadanía norteamericana que los defienda.

La política migratoria del gobierno norteamericano ha sido cada vez más insistente en acorralar a las personas migrantes, en pasar por encimas de los derechos y en justificar mediante la seguridad toda acción excesiva. Por todo el territorio estadounidense siguen las redadas del ICE y se acosa y hace huir de espacios públicos a las personas que pueden tener una situación irregular en ese país. Pero ahora, además, se somete a quienes pretendan ayudarles.

Se usa la propaganda de un orden amenazado para justificar la violación a los derechos humanos. Se justificaba que esto era porque las personas migrantes “les quitan trabajo y beneficios a los verdaderos ciudadanos norteamericanos”, hoy las y los ciudadanos norteamericanos también son víctimas de una política agresiva, contraria a los derechos y que sirve para publicitar los “logros” del gobierno.

Noam Chomsky comentó en algún momento que en cualquier país “siempre hay un grupo que tiene el poder verdadero. No es un secreto dónde está el poder en Estados Unidos. Está básicamente en manos de la gente que determina las decisiones de inversión -lo que se produce, lo que se distribuye. Ellos forman el personal del gobierno, en general, eligen a los planificadores, y establecen las condiciones generales del sistema doctrinario. Una de las cosas que quieren es una población pasiva, tranquila. Entonces, una de las cosas que se puede hacer para incomodarlos es no ser pasivo ni tranquilo”.

En la entrega pasada nos preguntábamos “y después, ¿qué sigue?” Al parecer no tuvimos que esperar mucho para confirmar que lo que nos depara el presente es una serie de sucesos desafortunados, autoritarios y que alimentan el odio. Parece también que es el momento de la gente para reclamar activamente sus derechos.

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