Mundo errante | Venezuela… y ¿después?
El sábado 3 de enero el mundo fue sorprendido con la irrupción norteamericana en Caracas, capital de Venezuela. Nicolas Maduro fue sometido y llevado a Estados Unidos para juzgarlo por cargos de narcotráfico. La incertidumbre que deja este hecho rebasa a la nación sudamericana, pone a pensar a la región latinoamericana y al mundo en ¿qué sigue después de este acontecimiento?
Desde meses atrás, el presidente norteamericano Donald Trump había expresado que estaban tras Nicolás Maduro, a los buques de guerra estacionados en el caribe se sumó el despliegue de equipos de fuerzas especiales, aviones y helicópteros que realizaron una operación militar que buscó capturar al presidente venezolano y neutralizar las posibles
respuestas militares locales. Con esto se ponía en ejecución una “operación militar directa en territorio extranjero contra los cárteles” que Trump señaló realizaría “si fuese necesario”.
Si miramos en detalle, la base del ataque a Venezuela es la de “llevar a la justicia a un narcotraficante” no tuvo como objetivo generar una transición del chavismo a un democracia que satisfaga a la oposición, en todo caso, se trata del petróleo, de minerales raros y del usufructo que las empresas norteamericanas quieren para su beneficio propio.
Quizás por ello, no es sorprendente que el gobierno norteamericano hable de prioridades claras después de la captura de Maduro, “arreglar el sector petrolero, después arreglar el país y después, elecciones”. Con el petróleo como prioridad se pretende “dar la oportunidad” a los sucesores de Maduro en la estructura de poder de atender las demandas norteamericanas y evitar con ello una intervención militar aún mayor.
A esto, la presidenta interina Delcy Rodríguez ha planteado a Estados Unidos que busca “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortalezca una convivencia comunitaria duradera”.
Con esto, se deja fuera de la jugada, al menos por ahora, a la oposición liderada por María Corina Machado y Edmundo González que se han presentado como víctimas de un fraude electoral y reclamaron, antes de la acción militar, el derecho a tomar el poder. A la par se abre oportunidad para una oposición no alineada con este sector que ya logró espacios en la asamblea nacional en las elecciones del año pasado.
El panorama interno es complejo pero el mapa que dibuja para el mundo lo es aún más. La idea que tiene Trump de si mismo, como guía del mundo parece suponer que pondrá nuevamente a los Estados Unidos con una hegemonía mundial plena, que recuperar la Doctrina Monroe, a la cual ahora llama Don-roe, es un camino que allana su pugna con el multilateralismo, con China y con Rusia, que lo coloca en el camino de guiar Europa y de tener a América Latina como el patio trasero y a África como zona de influencia.
Estados Unidos busca posicionarse en un orden mundial que se está reconstruyendo, pasando por encima de la norma internacional, de los acuerdos bilaterales o de la democracia. En ese camino Venezuela representa un punto de inflexión que puede ser replicado en otras partes. Ya ha amenazado con “revisar los casos” de Cuba o de Colombia y, constantemente, hace referencias a lo que deben hacer países europeos o México en temas económicos, de migración y de seguridad, respectivamente.
Estados Unidos actúa como si estuviera en un escenario de posguerra, sin un plan Marshall, sin redefinir una arquitectura mundial y sin guerra fría. Simplemente se coloca el sello Trump a todo para hacerlo, aparentemente sostenible.
No obstante, la unanimidad no sigue a las acciones norteamericanas, Trump causa incertidumbre en sus propias bases que cuestionan si no debería centrarse en los asuntos domésticos y recuperar a la economía antes que imponer un gasto militar a la ciudadanía. También se cuestiona que se use el criterio de criminal para acusar a Maduro y que su caso se parezca menos al del expresidente depuesto Manuel Noriega (cazado y llevado a Estados Unidos en una operación militar similar en 1989) y sea más como el de Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño juzgado por narcotráfico e indultado recientemente.
La acción militar en Venezuela deja, como decíamos antes, muchas incertidumbres. Por ejemplo, mantiene abiertas las puertas para acciones militares de los Estados Unidos cuando así lo crea necesario, o alerta a China y Rusia sobre acciones que deberán seguir para mantener su influencia en América Latina. Pero también crea un escenario de reflexión para el progresismo y la izquierda latinoamericana para poder pensar cómo defender la soberanía, la autodeterminación y para pensar en alternativas a la derecha.
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