Mundo errante | Trump, deriva y ego imperial
Donald Trump cierra el año con un despliegue de ego imperial en todo lo alto. No solamente se regodea de terminar con las guerras aquí y allá, de proponer y propiciar candidaturas afines en otros países o de recibir un premio hecho a la medida para proclamarlo defensor, difusor y propagandista de la paz en el mundo.
Trump, en su segundo periodo como presidente de los Estados Unidos ha decidido que hacer grande a los Estados Unidos nuevamente le queda chico, es algo superfluo para su sentido de grandeza personal. Por ello ha optado por resolver lo que el considere está mal en el mundo. Criticar lo que hacen en otros países, otros gobiernos, en temas como migración, seguridad, armamento, políticas comerciales.
Ha decidido relanzar una doctrina de política exterior, la doctrina Monroe (sobre esto volveremos en artículos venideros) para hacerla parecer renovada, ajustada a los tiempos nuevos. Desde ahí no solamente dirá “América para los americanos” sino que plantea lo que necesita Europa, África, Medio Oriente y, bueno, casi podríamos incluir a China, pero esa es otra historia.
Claro, hasta aquí no hablamos de nada que otros presidentes de los Estados Unidos en otros periodos históricos no hubieran hecho, entonces, ¿por qué nos sorprende, agravia, contraría o desquicia lo que hace Donald Trump?
Quizás lo que nos hace desvariar con sus desvaríos es que Trump viste a sus palabras con una iracunda honestidad de quien cree que está destinado para ello. Ha asumido un rol de hombre predestinado, pero no desde la mística religiosa o política, sino desde donde sabe mejor hacerlo, desde ser un showman, un vendedor de ideas y espectáculos que recorre escenarios.
Un showman que asume actitudes de realeza, no de presidente el New York Times señalaba recientemente que en su regreso a la Casa Blanca:
“Trump ha adoptado sin reparos los atavíos de la realeza, del mismo modo que ha hecho valer un poder prácticamente desenfrenado para transformar el gobierno y la sociedad estadounidenses a su gusto. Tanto en la pompa como en las normas, Trump ha establecido una nueva y más audaz versión de la presidencia imperial que va mucho más allá incluso de la asociada a Richard Nixon, para quien se popularizó el término hace medio siglo”
A esto se suma que, como regalo de navidad, Donald Trump decidió que el mundo necesita saber su nombre y verlo en artefactos de guerra que serán usados para “pacificarlo”. ¿Qué mejor manera de hacerlo que construir buques de guerra nuevos que se llamen como él? es que a juicio del presidente norteamericano:
“Los buques serán ‘los mejores del mundo’…[y] se construirían dos buques de guerra de la “Trump Class USS Defiant”. Conforme a lo recabado por medios de comunicación, habrá dos primeros navíos que estarán listos en “alrededor de dos años y medio” para llegar “después ‘rápidamente’ [a] 10 buques y, al término del proyecto, [contar con] entre 20 y 25 buques”, cada uno de los cuales, agrega el mandatario norteamericano, “será el mayor buque de guerra en la historia [de los Estados Unidos], e incluso del mundo”
Donlad Trump, dijimos en otras entregas, mantiene una idea fija, la de regresarle a los Estados Unidos una hegemonía que se vio debilitada con la crisis del neoliberalismo en el mundo y los atisbos de multipolaridad que asoman con Rusia, China y otros países. Paradójicamente, la crisis le permitió ser presidente por primera vez y, luego regresar en un segundo periodo, con un tono más terco, rudo, conservador.
Lo que vemos en el despliegue diario del presidente y showman Trump es una banalidad que crece entre los despliegues de la Guardia Nacional y el ICE para dotar de seguridad a los “verdaderos norteamericanos” y a detener y deportar a los migrantes porque son “malos, sucios, quitan trabajo”, porque son los otros que tanto temen. Mantiene la idea de que alguien debe tener la culpa y pagar por ello.
A la espera de los buques petroleros venezolanos o de enemigos de la nación, los “Trump Class USS Defiant” seguramente serán un símbolo de la frivolidad y el ego que radica en la Casa Blanca. Seguramente, el presidente Trump, hará lo posible por hacer del mundo un lugar donde su ego imperial tenga lugar antes que la cordura.