Los cayos de Florida frente a la mayor operación migratoria en décadas

Una amplia operación migratoria se ha desplegado en las últimas semanas a lo largo de la autopista A1A Overseas Highway, la única vía que conecta los Cayos de Florida y por la que circulan cerca de tres millones de personas cada año. La carretera, que se extiende casi 200 kilómetros sobre el arrecife de Florida desde Cayo Largo, al sur de Miami, hasta Cayo Hueso, se ha llenado de retenes y puntos de control donde agentes revisan matrículas y detienen a personas con procesos migratorios pendientes, de acuerdo con el diario El país.
De acuerdo con organizaciones locales, en las últimas semanas los retenes, redadas y detenciones durante paradas de tráfico se han vuelto casi cotidianas. Las acciones forman parte de la política antiinmigrante impulsada por el Gobierno de Donald Trump y han elevado la tensión entre los 27.000 habitantes de Cayo Hueso, de los cuales aproximadamente una quinta parte son migrantes.
La Red de Apoyo a Inmigrantes de Cayo Hueso (KWISN) asegura haber documentado más de 300 arrestos desde junio, la mayoría durante controles vehiculares. Heather Slivko-Bathurst, fundadora de la organización, señala que gran parte de los detenidos son hombres que sostenían económicamente a sus familias. Ante esta situación, la red brinda asistencia con alimentos, suministros básicos y apoyo legal, además de monitorear en tiempo real los movimientos de las autoridades migratorias.
El temor se siente con especial fuerza en Stock Island, un vecindario donde residen muchos trabajadores del sector servicios que laboran en Cayo Hueso. Según activistas, numerosos vecinos han optado por permanecer en sus casas para evitar ser detenidos. Incluso se han reportado arrestos de personas que cruzaban en bicicleta el pequeño puente que conecta la isla con el resto de los Cayos.
Para alertar a la comunidad, voluntarios han colocado carteles informativos en complejos de apartamentos y parques de casas móviles, y utilizan las redes sociales para advertir sobre la presencia de agentes. Mensajes como “La migra está patrullando Stock Island. Cuidado” o “Eviten moverse, no conduzcan” se han difundido ampliamente entre los residentes.
La tensión alcanzó un nuevo punto a comienzos de diciembre, cuando una ciudadana estadounidense fue detenida en la A1A, cerca de Cayo Largo, mientras se dirigía a su trabajo. Un video grabado por un reportero del Miami Herald muestra a los agentes sacándola por la fuerza del vehículo, pese a que la mujer gritaba que era ciudadana estadounidense. Según el medio, el automóvil estaba registrado a nombre de su pareja, quien presuntamente se encuentra en situación migratoria irregular. Tras verificar su estatus, las autoridades la dejaron en libertad.
En julio, Cayo Hueso firmó un acuerdo de cooperación con las autoridades migratorias conocido como 287(g). La decisión se produjo después de que los comisionados locales inicialmente votaran en contra, pero revirtieran su postura tras recibir una advertencia del fiscal general de Florida, James Uthmeier, quien señaló posibles violaciones a la ley estatal que prohíbe las llamadas “ciudades santuario”.
Una de las comisionadas locales ha denunciado que existen quejas por presuntos perfiles raciales en las paradas de tráfico. Según afirmó, detenciones que deberían resolverse en pocos minutos se prolongan por media hora o más, mientras los agentes esperan la llegada de autoridades migratorias federales.
El Departamento de Policía de Cayo Hueso aseguró por correo electrónico que no ha realizado arrestos por razones migratorias y derivó las consultas al Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Por su parte, la Oficina del Sheriff del condado de Monroe ha reportado alrededor de 10 arrestos por cargos migratorios federales desde agosto, mientras que la Patrulla de Carreteras de Florida informó de 42 detenciones. Las operaciones también se han extendido al mar, con abordajes a embarcaciones, incluidos barcos pesqueros.
La situación contrasta con la historia de Cayo Hueso, conocida por su espíritu irreverente desde el siglo XIX. Ese carácter quedó plasmado en 1982, cuando la ciudad declaró simbólicamente su independencia de Estados Unidos en protesta por un control de la Patrulla Fronteriza. Cuatro décadas después, la presencia intensiva de agentes migratorios vuelve a colocar a este enclave turístico en el centro de una disputa sobre fronteras, derechos y libertad de movimiento.
