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Mundo errante | Sin reyes

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7 millones de personas salieron a las calles de las principales ciudades de Estados Unidos para protestar contra Donald Trump. 2 mil 700 manifestaciones y marchas se desplegaron y se movilizaron a lo largo del territorio norteamericano contra la deriva autoritaria.

Trump, como hemos comentado antes, se ha envuelto en una narrativa que lo describe como un hombre echado para adelante que está dispuesto a resolver los problemas de Estados Unidos y el mundo. No por conciencia social o filantropía, sino porque es un empresario pragmático que también entiende así la política.

Las protestas del pasado 18 de octubre, reivindicaban la necesidad de poner un alto legal al autoritarismo de Trump, contra el racismo que se produce en las redadas del ICE, contra el uso arbitrario de la Guardia Nacional, contra la lógica de “hacer grande a Estados Unidos nuevamente” a costa de pasar por encima de los más desvalidos.

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Trump busca “poner orden en casa” y en el mundo atacando a la “extrema izquierda” a los “gobiernos que permiten el narcotráfico y la migración”. Las protestas en su contra le señalaron que la política antidrogas no es unilateral, que la migración no es ilegal y que para ordenar el mundo hay que respetar la soberanía de todos.

El presidente norteamericano, narcisista y pragmático, se ve a si mismo como el gran salvador del mundo en el momento actual. Presume pacificar al mundo, acabar con guerras y sentar a los polos opuestos. Detrás de ello, también aparece un interés económico, el del lucro con la guerra y la política, una vieja tradición de la política exterior norteamericana
que con Trump tiene, además, un sentido de “gran y bello negocio”, como seguramente lo diría él mismo.

Los tiempos que corren son de incertidumbre social y locura trumpiana. Un día habla de la paz en Ucrania, otro de bombardear naves en el pacífico. Un día de pacificar medio oriente otro de aniquilar a Hamas si no mantiene la tregua con Israel en Gaza. Un día negocia aranceles, otro más lanza operaciones de la CIA contra Venezuela.

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Ante las protestas del 18 de octubre, Trump tuvo como respuesta una imagen de inteligencia artificial, donde su avatar ataviado con una corona de rey piloteaba un avión de la fuerza aérea sobre las protestas para bombardearlas con excremento. Una mofa burda que refleja el pensamiento del líder norteamericano.

Por eso, las protestas contra el reinado de Trump son significativas, aunque sea aún una semilla que debe germinar. Son la necesaria oposición ante un régimen caduco que debe pensarse y renovarse desde otras perspectivas, desde bases democráticas y socialmente incluyentes. Las protestas y las manifestaciones cotidianas contra la política de Trump están
apuntando hacia una dirección que podría ser eso.

Están señalando el racismo en las redadas del ICE, como apenas ocurrió en Nueva York, donde hubo gente que se opuso a las detenciones y rodeó a los agentes migratorios para evitar las aprehensiones masivas. Están delimitando la soberanía y autonomía de las ciudades, como apuntó el alcalde de Chicago Brandon Johnson, que ha llamado a tener “espacios libres del ICE” o incluso a una “huelga general”.

Desde luego, las protestas no significan en este momento, una dique electoral, legal y social al trumpismo, son apenas movilizaciones en proceso que necesitan convocar a más personas, convencerlas de que la alternativa a la crisis no es Trump sino una política social y de bienestar, incluyente y para todas las personas.

Son un llamado en acción contra la locura racista, contra la perdida de derechos constitucionales, contra el sinsentido ideológico que califica de izquierda y criminal todo lo que no se homologue a su pensamiento pragmático y xenófobo. Son el llamado a un Estados Unidos sin reyes, sin autoritarismo, sin falta de derechos y sin políticas pro-fascistas.

Las protestas contra las ínfulas de rey también representan una llamada a entender que la base de la confrontación política no es la violencia verbal que polariza y despolitiza. Se pone en la palestra la necesidad de dotar de contenido a una protesta que reivindica un sentido democrático contra el autoritarismo, pero que requiere ser socialmente amplio para poder ser un dique contra el sin sentido y las prácticas imperiales de Donald Trump.

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