Tiranía: ¿locura o maldad?
En los países democráticos tendrían que existir mecanismos de control para evitar que un tirano destruya la democracia y avasalle la soberanía del pueblo, sobre todo cuando dicho personaje siniestro se benefició de los mecanismos de la democracia para llegar a ocupar el poder. El sueño terminó, la democracia está mostrando sus límites, lo cual no es asombroso, pues desde hace años muchos analistas han advertido sobre pensar que un sistema político puede ser infalible. El equilibrio de poderes, es decir, el mecanismo de la democracia para evitar la concentración de poder, así como el federalismo para evitar el centralismo del poder mediante la autonomía de los poderes estatales parace que ya no son suficientes.
Desafortunadamente, en el mundo actual tenemos varios ejemplos de proceder tiránico: Trump en los USA, Netanyahu en Israel, Milei en Argentina, entre otros. Sobre todo a partir del comportamiento de Trump se ha relanzado el debate sobre los conceptos de tiranía, fascismo y dictadura, para identificar qué concepto define con mayor precisión su forma de
comportarmiento. Trump no ha ocultado su intención de gobernar con un poder absoluto y despótico contra la población de los USA (y no sólo contra los migrantes), como lo demuestran sus declaraciones.
Los dichos de Trump sobre utilizar Chicago como “campo de entrenamiento” o declarar a la ciudad como “zona de guerra”, no sólo provocan las reflexiones sobre si es un tirano fascita o dictador, sino que encienden las alarmas sobre la necesidad de reflexionar sobre su “salud mental”. Incluso el gobernador de Illinois, J.B. Pritzker se refirió a la falta de salud mental de Trump como una posible causa para aplicar la Enmienda 25.
El debate sobre la salud mental de Trump no es cosa de risa, en realidad es un tema de fondo. Muchas de las acciones de los tiranos no tienen explicación racional posible ni justificación (por el ejemplo el genocidio en Gaza que ha ordenado Netanyahu). Si bien desde el ámbito del espectáculo se han atrevido a poner en palabras lo que mucha gente piensa: “el rey está desnudo”, no se trata solamente de explicar el comportamiento de Trump como resultado de la locura, pues con esto podría justificarse la atrocidad de algunas de sus decisiones desde el gobierno, como ha sido la arremetida de violencia y represión contra la población en los USA.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud: “La salud mental es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, aprender y trabajar adecuadamente e integrarse en su entorno. La salud mental tiene un valor intrínseco y fundamental, y forma parte de nuestro bienestar general.” Y de hecho el 10 de octubre se celebra el día mundial de la salud que es un recordatorio sobre su importancia.
Trump ha ordenado recortes al presupuesto destinado a la salud en general, incluidas la salud mental, un tema tan delicado y apremiante para la población norteamericana. Una locura que lleva a más locura, estrés y desesperación para la población, pero las cosas no son tan simples. En unos años se harán estudios sobre los efectos de las políticas de Trump sobre la salud de la población.
Aunque a la mayoría de la población en los USA y en el mundo el comportamiento de Trump les parece errático y francamente “enfermo”, es necesario en el debate incluir el tema de la “ambición absoluta” como motor del comportamiento de Trump los que impulsan la guerra al interior del país.
En los USA hay personas, empresas y conglomerados que se están enriqueciendo a costa del sufrimiento de la población, que además de justificar la guerra, la violencia y la represión se burlan de la población: ¿se trata de locura o maldad absoluta? Los países democráticos necesitan urgentemente reforzar la protección de los mecanismos de la democracia antes que los tiranos acaben con todo.