Mundo errante | ¿Un proteccionismo obligado?
En pasadas entregas hablamos del nuevo imperialismo proteccionista de Estados Unidos y definíamos que se trataba de una manera de ese país de ser en el mundo, pero también que el mundo aún no definía si la nación norteamericana es el modelo a seguir.
La semana pasada, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se impondrán aranceles nde hasta el 50% a países (sobre todo asiáticos) con los que México tiene acuerdos comerciales. La medida busca evitar las acciones de dumping, es decir que haya productos extranjeros que se vendan más baratos que los mexicanos y que generan un déficit en el intercambio comercial.
La presidenta Sheinbaum dedicó parte de sus conferencias mañaneras a explicar que se dialogará con países como China, Corea del Sur, India, Indonesia, Rusia, Tailandia y Turquía, para explicarles que estas medidas arancelarias están en un proceso de aprobación por el congreso mexicano y que se busca fortalecer la economía del país sin generar conflictos con otros países.
Si bien se argumenta que esta medida busca el fortalecimiento de la economía nacional y la ejecución del Plan México, los aranceles propuestos se dirigen a productos específicos que afectan sobre todo a China, ya que se trata de autos ligeros, autopartes, vestido, siderúrgica, papel, cartón, vidrio, jabones, perfumes, cosméticos y otros.
La medida se da en un contexto en el que el libre comercio, bandera del neoliberalismo desde los 1980-1990, se cuestiona desde el gobierno de los Estados Unidos. La imposición de aranceles ha sido parte de las estrategias de Donald Trump para revertir el déficit económico y como una medida cargada de un nacionalismo que supuestamente protege a la población norteamericana de un libre comercio que ya no les beneficia.
Es relevante que la medida de la presidenta Sheinbaum vaya en un camino similar al que establece el mandatario estadounidense, aunque se haga desde el otro lado del espectro político. Los argumentos del proteccionismo comercial finalmente redundan en intenciones hacer del comercio entre países una forma de ejercicio justo, ordenado y equitativo. Esto no necesariamente ocurre por meros acuerdos bilaterales, se debe tener en cuenta al mercado, las dinámicas de la oferta y la demanda de productos, una economía aún global, dislocada en sus formas de producción y diversificada en diferentes países.
Esta propuesta de la presidenta mexicana se da, además, de cara a una negociación del de Libre Comercio entre EUA, Canadá y México (TMEC). Canadá también tendrá que señalar la ruta a seguir, afectado por el tema de seguridad, aranceles y migración aunado al acoso de Donald Trump que lo define como el estado 52 de los Estados Unidos.
Al igual que México, el nuevo gobierno canadiense se ha enfrentado a una serie de negociaciones que se amparan en el Tratado de Libre Comercio entre los tres países, pero también esta situación continúa marcando temas que mueven internamente al país: el tema de la migración, los derechos de las personas migrantes y el acceso al país con cierta permisividad del gobierno.
La economía canadiense ha sido afectada por la crisis y la gente lo resiente en la cotidianeidad, en su capacidad de ahorro y compra. Se ha dibujado un escenario donde la crisis se liga con la presencia de más personas extranjeras. Hoy se cuestiona su presencia ante la crisis del costo y construcción de vivienda, así la presión sobre los servicios sociales y sanitarios. Lo que, además, se liga con una coyuntura de estigmatización de las personas migrantes por parte de la administración Trump.
La estrategia del gobierno estadounidense ha sido desgastar el TMEC, con lo aquí señalado, parece un terreno pintado “a lo gringo” para pedir aranceles y no libre comercio.
La dirección de las cosas apunta a que se llevará a una redefinición de los aspectos estratégicos del tratado, el cual ha sido señalado por Trump como innecesario y nocivo para los Estados Unidos.
La ruta del proteccionismo parece ir ganando terreno en un orden global cambiante. Pero habrá que tener cuidado de lo que se haga desde los países del Sur, el proteccionismo imperial de Trump es sesgado, sectario y a conveniencia única. El proteccionismo desde el sur, por ahora, es plausible, pero responde más a una medida de salvación y condescendencia que puede derivar en un conservadurismo irreparable.