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El ciclo interminable

Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrir que el paraíso perdido está ahí, a la vuelta de la esquina.

-Julio Cortázar

No, no es que uno se esfuerce, que se levante temprano, que haga las cosas como se deben de hacer, que tenga pensamientos positivos cargados de esperanza, que cumpla con sus pagos puntuales, que ahorre, que deje de ser pesimista, que tenga una actitud positiva, que le suplique a dios, no, es el infernal ciclo de la pobreza, no eres tú, es tu
condición social y sus intersecciones.

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La conciencia de clase nos ayuda a saber en dónde estamos parados y tomar acciones para mejor nuestra condición social, para saber y ubicar cuáles son nuestras posibilidades reales. Las bases de la pirámide, los pobres, en masa, son los que sostienen los mega capitales absurdos que poseen unos cuantos. Los dueños del capital, es decir, los dueños de los medios de producción y las propiedades que alquilan son, además de abusivos, quienes reciben los frutos del trabajo y los sacrificios que hace la clase baja para poder ser como ellos.

¿Por qué demonios alguien que es pobre piensa que si compra como rico va a pertenecer a esta clase? ¿por qué compramos y gastamos lo que las modas de los millonarios nos imponen para imitarlos? Esta gente desprecia profundamente al pobre, es la clase de gente que dice que el pobre es pobre porque quiere. Es el sujeto que sin esfuerzo, o con un esfuerzo mínimo, heredó por derecho divino los privilegios para hacer muy poco y tenerlo todo. No saben de esfuerzo, de disciplina, de sacrificio, de frustración. Sin embargo, su discurso déspota exige que la gente pobre se comporte así, revictimizan con
la mano en la cintura a las personas, las hacen sentir culpables de su situación. Así de ciegos, así de ridículos.

Pero tal vez lo más triste, es que la base social aspire a ser como ellos, a consumir como ellos, es el fenómeno del sicario que por tres meses de lujo y poder le importa poco morir después, que se traiciona y traiciona a toda su estirpe por vivir en el supuesto paraíso, es tal vez la imagen más patética. La señora que trabaja limpiando casas y en la quincena se va al almacén de lujo a comprar, en pagos con intereses gigantes, unos tenis para su hijito de cinco años, mismos que le van a durar unos meses, y que va a pagar durante un buen rato, sólo para ensoñar con la posibilidad de pertenecer, mostrando el mismo desprecio y abnegación ante el subyugante poder déspota.

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No hay más que hacer, la resistencia se ha doblegado, todo humilla y es aceptado, se besa la mano del cura abusador sexual por miedo al infierno, se pagan intereses de pesadilla con tal de tener un pedacito de sueño hecho realidad. ¿Pero quién es el responsable de que un jovencito se quiera volver sicario? ¿De que la señora tenga que trabajar y trabajar y trabajar sin nunca ver cumplidos sus sueños?

La responsabilidad recae directamente en el sistema capitalista neoliberal avalado por los Estados y sus instituciones de la mano de la industria cultural, sí, esa que a través de las redes sociales legitima la estética blanca, el arquetipo de felicidad que moldea nuestras preferencias según los intereses de las empresas, las que a través de una educación emocional judeo cristiana, de culpa y castigo, nos impide la conciencia de clase.

“Habla con tu vecino, no con la policía” dice una pancarta en una foto. Es decir, deja de legitimar a quien te oprime, esfuérzate por comprender al de junto y hagan comunidad generen soluciones sociales, económicas, emocionales, y dejen de consumirle al de la bota que les pisa el cuello. La única manera de romper el ciclo de pobreza es la unidad, la educación, el consumo consciente, la resistencia; pero sobre todo la imaginación y la creatividad, saber que es posible hacer que la realidad cumpla con nuestras expectativas.

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