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Por la Igualdad Salarial de la comunidad migrante

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A propósito del 18 de septiembre, Día Internacional de la Igualdad Salarial, resulta oportuno referirse a la intención de esa efeméride: “El Día Internacional de la Igualdad Salarial representa los esfuerzos constantes en conseguir la igualdad salarial por un trabajo de igual valor. Esta lucha se basa en el compromiso de las Naciones Unidas con los Derechos Humanos y contra todas las formas de discriminación, incluida la discriminación contra las mujeres y las niñas.”

Ante el escenario actual de ataque a las y los trabajadores en los USA, en particular a la comunidad migrante, es muy importante exigir la igualdad salarial como un derecho humano. Es un tema de justicia en general, pero más urgente para el caso de la comunidad migrante.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT): “Los migrantes internacionales desempeñan un papel crucial en la economía mundial y representarán el 4,7 por ciento del total de la fuerza de trabajo mundial en 2022, la mayoría de ellos ocupados en países de altos ingresos y en sectores clave como los servicios, en particular la prestación de cuidados.”

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En USA como parte de la precarización y explotación a los trabajadores se empuja a los empleos informales: “El empleo informal representa sobre todo a los migrantes trasnacionales. Las acciones de múltiples actores contribuyen a éste. Los empresarios estadunidenses participan en la informalización mediante la ´fisuración´ de los empleos, al dividirlos en estatutos menos protegidos. Los gobiernos nacionales, regionales y locales del país contribuyen a configurar el grado de informalización mediante la aplicación (o su falta) de la legislación laboral, las políticas sobre migración y otras acciones.”

La comunidad migrante sabe muy bien que muchos empleadores pueden pagar bien -en apariencia-, o limitarse al salario mínimo legal pero lo que no hacen es “inscribir a los trabajadores en los programas de seguridad social exigidos, o viceversa”.

La ofensiva de Trump incluye “despidos masivos, eliminación de protecciones y trabas a la sindicalización”. La administración Trump sigue afectando de forma alarmante a la economía y el empleo, como manifestaron miles de trabajadores en el Labor Day.

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Paradójicamente, en días recientes, Trump declaró que: “Para tener una gran nación, hay que tener religión.” Sin embargo, con sus actos contradice tal afirmación. La oración que defiende Trump es la explotación, la guerra, el individualismo y la crueldad.

En todo caso habría que precisar que el dios de Trump es el dinero, le rinde culto y plegaria y lo confirma con su política de ataque, explotación y desprotección de los trabajadores. El congelamiento de la economía que está provocando en los USA afecta principalmente al pueblo trabajador y contra lo que se había avanzado en materia de igualdad salarial.

Desde otra perspectiva, si la oración se hace por la justicia encontramos lo siguiente en Eclesiástico 34:21-22: “21 La vida del pobre depende del poco pan que tiene; quien se lo quita, es un asesino. 22 Quitarle el sustento al prójimo es como matarlo; no dar al obrero su salario es quitarle la vida.

En nombre de la religión y de la fe se hacen cosas horribles y malvadas, como muestra el documental “El Lobo de Dios” HBO, 2024). Por lo que es necesario también en ese terreno tener argumentos.

No podemos olvidar que la mesa vacía del pobre es proporcional a la mesa llena del rico. Los gobiernos conservadores y autoritarios atentan contra los trabajadores todo el tiempo, sus oraciones no son de crítica a la injusticia y el robo que sufre el pueblo trabajador.

Como explica Viri Ríos, en su libro “Así no es”, existen mitos y mentiras con respecto al origen del salario de los trabajadores: no es un regalo o caridad que se le deba agradecer a los empresarios. El salario es producido por los trabajadores, con su fuerza de trabajo y su vida.

La igualdad salarial además de sí ser posible es lo éticamente correcto, más allá de dogmas de los economistas y de los defensores de la explotación y la ambición. Dar un salario justo al trabajador es un verdadero testimonio de fe cristiana, no como la arrogancia de Trump.

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