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Mundo errante | Un imperialismo proteccionista

La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dictó tarifas arancelarias a diferentes países del mundo. En un esquema de imposición y polarización del orbe, el gobierno del país norteamericano sanciona y define a discreción. De la misma manera, impone sus interlocuciones con otros gobiernos para hablar sobre mecanismos de negociación sobre el tema.

En días recientes, el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva reaccionó ante esta discrecionalidad de Trump y señaló, de manera vehemente, que el presidente de los Estados Unidos intenta dar órdenes a países soberanos, como Brasil, acusando de una injerencia inadmisible que cualquier país, siendo grande o pequeño, quiera decirle a otro qué debe hacer, cuánto pagar, qué exportar y cómo.

La crítica de Lula da cuenta de una dinámica en ciernes, la de un nuevo imperialismo proteccionista. Si bien algunos países como México han logrado negociar “treguas” con el gobierno de Trump, éstas están sujetas a los condicionamientos en materia de comercio, seguridad, migración y cooperación.

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El nuevo imperialismo proteccionista avanza mediante decretos, elimina apoyos al exterior y condiciona la entrada de productos a su territorio. Si en los tiempos del neoliberalismo, Estados Unidos ganaba con el libre comercio, en los tiempos del imperialismo proteccionista con Trump, ese país busca que las pérdidas de otros países sean su ganancia.

La presidenta de México Claudia Sheinbaum afirmó que la tregua de noventa días que logró con Estados Unidos fue por el entendimiento y cooperación entre ambos países. Esto, de alguna manera demuestra cómo la mandataria ha logrado mantener el pragmatismo que caracterizó a Andrés Manuel López Obrador durante su gestión de gobierno frente al vecino del norte. También que las formas de la dependencia se están condicionando a tiempos nuevos.

Trump también elogió la negociación con México, pero aseguró que fue bajo las premisas que planteó su gobierno.  El mandatario norteamericano adjudicó que lo que se negoció es porque se garantiza el combate al fentanilo y a que los automóviles mexicanos pagarán un arancel del 25% y otros productos como el cobre, el acero y el aluminio podrían pagar
un arancel del 50% como parte del periodo de negociación.

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El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, ante esto declaró que México tiene una posición privilegiada, pues sus productos sin aranceles son de alrededor del 85%, mientras que otros países tienen mayores pagos de las tarifas comerciales. Trump por su parte, asegura que esto es porque México eliminará sus barreras no arancelarias.

Y es que, en esta etapa de imperialismo proteccionista, Estados Unidos va decidiendo lo que cada país debe pagar conforme a criterios que pueden estar por fuera de un intercambio comercial. Por ejemplo, a Brasil le impone tarifas arancelarias por el juicio contra Bolsonaro, a la India por comprarle petróleo a Rusia, a China por ser su principal competidor.

Lula ha reaccionado ante esto diciendo que resulta “lamentable porque no hay razones justificadas para imponer aranceles a Brasil” y ha afirmado que buscará vender sus productos a otros países. Esto, a pesar de que el país sudamericano no ha dejado de insistir con la negociación y tener equipos de trabajo en Estados Unidos que buscan a sus contrapartes norteamericanas. Hasta la fecha, sin éxito.

El nuevo imperialismo proteccionista no abre la puerta a todos, condiciona las bases del diálogo conforme haga la lectura su gobierno. Actúa, como se diría coloquialmente, “según el sapo, la pedrada”.

En otros tiempos, las crisis de cambio de orden mundial fueron solventadas con la arquitectura de un esquema global donde la potencia hegemónica dictaba una especie de reglamento escrito y no escrito. Así fue con Bretton Woods, luego de las grandes guerras. Así con el consenso de Washington y las políticas de trasformación de los estados durante el neoliberalismo.

Sin embargo, hoy no hay reglas sino imposiciones desde la necesidad de la potencia. El dominio es fuerte, pero es endeble. Los efectos de esto se ven en la dinámica interna de Estados Unidos y la política antinmigrantes es una muestra de ello.

Trump ha abierto la puerta para un orden mundial que dependa de su capricho. El nuevo imperialismo proteccionista es una manera de ser de Estados Unidos en el mundo, pero es un mundo que aún no define si Estados Unidos es el modelo para seguir.

Comentarios (1)
  1. Es un artículo realmente interesante y para el análisis. Lic. Victor Torres.

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