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Mundo errante | Predicar con el ejemplo

Donald Trump está decidido a reconfigurar el mundo. Dedica su tiempo a ejecutar una extraña paz en medio oriente que solapa la barbarie de Israel en Gaza; envía cartas para avisar a los países, en una selección que pareciera semanal, que serán parte de la lista de aranceles y, ahora, también envía a terceros países, como Sudán del Sur, a personas migrantes que expulsa de Estados Unidos.

Curiosamente, a Sudán del Sur solamente llegó una persona de esa nacionalidad, el resto eran de Laos, Myanmar, Vietnam, Cuba y México. Trump, el proteccionista, exporta migrantes para alejarlos de Norteamérica.

La idea del nuevo mundo que perfila Trump es uno donde los Estados Unidos dictan ordenes, deseos, impulsos ideológicos, sinsentidos imperiales. En ese nuevo mundo, las personas migrantes deben estar fuera del territorio norteamericano, repartidos en el mundo, mientras, la fortaleza del norte se blinda en las fronteras y ejerce la ley en su territorio. Una ley que puede ser diseñada a capricho y no necesariamente conforme a derecho.

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Trump, con su “bella y grande ley” tendrá un presupuesto millonario para sus planes migratorios, el Servicio de Migración y Control de Aduanas, ICE, tendrá alrededor de 45 mil millones de dólares para tener más centros de detención, contratar a 10 mil nuevos agentes del ICE y 5 mil de la Patrulla Fronteriza.

Con esto, se busca facilitar la infraestructura para más instalaciones, detener de manera indefinida a familias migrantes, aumento de las redadas, las detenciones diarias, el número de las deportaciones y se convalida la participación de policías locales en los operativos contra la migración irregular.

Ser migrante en Estados Unidos será más difícil y caro. Aumentarán los costos para la residencia permanente, el proceso de asilo y se reducen los estatus de las protecciones temporales para personas de algunas nacionalidades. Además, se cobrará un impuesto sobre remesas que afectará a quienes tienen ingresos bajos y utilizan efectivo o giros postales.

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Personas migrantes tendrán limitantes a servicios de salud, se afectará a familias con orígenes de dos nacionalidades, se podría afectar la protección de menores no acompañados y se podría endurecer la separación de familias.

El presupuesto del ICE será el mayor otorgado a esa dependencia y superará al de todas las dependencias del Departamento de Justicia (el FBI, la DEA, el Servicio de Alguaciles -US Marshall-). El FBI, para 2026 contará con 10 mil millones, la DEA, un poco menos de 3 mil millones. Mientras tanto, se recortan gastos en seguridad social, salud y programas sociales.

El mundo que sueña Trump es uno donde las fronteras de su país estén blindadas, las personas migrantes paguen culpas, sean deportadas, exista una infraestructura carcelaria y de restricciones administrativas que inhiba ver a los Estados Unidos como un país al cual migrar, donde vivir y donde poder tener otras oportunidades.

El peligro de esta política es que se irradie en otras naciones. Que una serie de políticas conservadoras se conviertan en ideología racista. No es un tema menor. El mundo está cambiando y hay una necesidad de asirse a, y contar con, referentes que ayuden a comprenderlo y vivir en él. Se requiere pugnar por una alternativa de igualdad, de derechos y humanista. En migración, hay que predicar con el ejemplo.

Pensemos que, apenas la semana pasada una marcha contra la gentrificación (un hecho por demás relevante, en México y en el mundo, porque implica la expulsión de la clase trabajadora y de las personas con menos recursos de zonas urbanas tradicionales) se distinguió, entre otras cosas, por las pancartas y consignas contra las personas extranjeras.

En esos mismos días, una mujer de origen extranjero fue un tema de medios de comunicación y redes sociales porque se opuso a una multa de tránsito por estacionarse indebidamente. El hecho administrativo y cívico derivo en una trifulca verbal con insultos racistas de la mujer y luego insultos racistas contra ella en las redes sociales.

Entender el fenómeno de la migración, desde luego, es complejo, se requiere reconocer que es un derecho, que las personas que migran a otros países no son homologables a ser tachados de criminales, invasores, usurpadores de cultura y trabajo. Se requiere entendimiento y comprensión que el mundo cambia pero que puede cambiar de una manera distinta a la que propone Donald Trump.

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