Los días que no
Dios es un arma de destrucción masiva cuando se trata de justificar la ira.

Hay días que ya no quisiera escribir, o pensar, días en que me gustaría desaparecer en un limbo, suspenderme en una flotación oscura, sin emociones o sentimientos, sólo cerrar los ojos y pausar.
Hay días que no quiero querer, que no quiero desear, que no quiero ni siquiera tener esperanza. Mi deber sería tratar de entender por qué demonios las cosas son como son y no como pienso que deberían, o como los manuales de la normatividad de cualquier cosa advierten.
Que no me hayan robado el espejo del auto ni rayado abusivamente la carrocería cuando me negué a pagar por un golpe que yo no hice, que la casera por fin cumpla y arregle el barandal del roof o que no me hubiera amenazado cuando le reclamé porque su perro se hubiera comido el estofado que yo acababa de preparar para mi familia, que no hubieran liberado al feminicida que mató a la madre delante de su hijo, que no salga esa señora diciendo que no intentemos migrar a EUA, una lista que todos los días crece y me da los argumentos para la ira justificada.
Dios es un arma de destrucción masiva cuando se trata de justificar la ira.
Porque, si ustedes observan, allá arriba me coloqué en la postura de víctima, una víctima con altos valores morales y éticos, quejándose de la gente y el mundo malo y corrupto que me violenta, y pues no, aquí es donde reside todo error de planteamiento, ni víctima, ni correctísima, ni sin perversiones. ¿Hasta qué punto somos capaces de autoengañarnos para justificar nuestras posturas “ejemplares”, mientras destrozamos al otro?, ¿mientras atizamos el fuego del odio desde la exigencia justificada por una visión neurótica? Es decir, una visión que no relativiza, si no por el contrario, busca argumentos para afianzar su enfoque reduccionista…
Trump es la víctima perfecta, los sionistas son las víctimas perfectas, las religiones hacen víctimas perfectas, ese es su dogma.
Pero volviendo a esta señora que se cree buena onda y en el fondo manipula a conveniencia su buenondísmo y empatía, tengo que pararla en seco y decirle, decirme pues, que voltee los dedos acusatorios hacia sí y tenga el valor de ser rigurosamente honesta aunque no le guste lo que vea y así, entonces, hermanos míos, me vuelve la calma porque en casa del jabonero, el que no cae, resbala…
Comentarios (1)
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Todos los días, encontraremos justificaciones y motivos reales para encabronarnos o (estúpidos, idiotas e ignorantes) que nos convierten en mountruos verbales o silenciosos llenos de ira. Y ¿qué vamos a hacer, fingir que somos ciegos, sordos y mudos? Nos tragamos esa porquería y seguimos hasta que un buen día o momento del día en que explotamos o lo peor nos enfermamos. Hoy es ese l día.