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El oasis que es un charco de agua pútrida

En el neoliberalismo no hay ni regulación ni ética. Todo es una carrera estúpida por una abstracción aún más innombrable: la acumulación de dinero

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Y sí, alguna vez pensamos que poder diseñar, traducir, instalar closets con sólo atornillar con una llavecita iba a ser el paraíso, tal vez apretar un botón y tener a la mano el súper, una pizza, o mezcal y cigarritos, tutoriales para hacer todo, desde una hamburguesa exquisita hasta una bomba casera. Poner una pregunta concreta y que un cerebro alterno la desarrollara para mí, o pedirle que componga una rolita con tales características, etcétera, que escriba para ustedes tal o
cual idea, con tal de llegar a tiempo a la entrega de este texto.

Siempre recuerdo esta escena en que Mary Poppins limpia y ordena la casa con sólo agitar su varita, dioses, siempre quise tener ese poder…

¿Y qué me dicen de oír a Michael Jackson cantando Bésame mucho? Ni en los libros más densos de Ciencia Ficción te la ponían tan fácil. En la brillante novela Congreso de Futurología de Stanislaw Lem se relata con crudeza lo que sucedía si algún ciudadano decide no entrarle a la “psiquímica” que el gobierno ofrece, Tichy decide no hacerlo y observa con horror cómo su deliciosa codorniz se convierte en una rata escuálida, lo mismo sucede con la chica con la que cenaba y así, la ficción del frasquito termina en un apocalipsis donde todos sólo siguen las pautas predeterminadas en una, al menos, felicidad de cartón.

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El problema con la tercera ola del internet y las TICS no es lo que nos ayudan a resolver, es el auge de la industria de la tercerización de servicios que se convierten en grandes monopolios a costa de la inversión y precarización de quienes entran a sus modelos de trabajo. Entre más usuarios menos empleados y menores salarios. ¿Trabajo o explotación?

En el neoliberalismo no hay ni regulación ni ética. Todo es una carrera estúpida por una abstracción aún más innombrable: la acumulación de dinero. ¿Sería yo más o menos feliz con trescientos cincuenta mil millones de dólares en el banco? Sospecho que no, de ninguna manera, estoy segura incluso de que comenzaría a ser profundamente infeliz. Respóndanme ustedes por qué.

El caso es que esta desigualdad, nos dice Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física y pionero de la IA, que proviene de la súper productividad, que en teoría nos daría una mejor calidad de vida, es una ficción pues vivimos en el capitalismo. Y los únicos que ganan son los dueños de los medios de producción, o sea, muy muy muy pocas personas en todo el mundo que esclavizan a millones de millones, entonces, entre más aumenta la brecha entre ricos y pobres se abona el terreno para el fascismo y sus argumentos de odio…

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Pensar que es el migrante, el negro, la puta, el cojo, la anciana, el palestino, el indígena el que tiene la culpa de esta desigualdad brutal en que está viviendo el mundo es muy cómodo. Decirlo desde esta falsa altura moral que supone hablar en tercera persona, pero me lo digo a mi, porque no me compro el discurso de que el problema está en el de junto.

Recién nos cambiamos de casa y necesitaba un banco para subirme a la alacena, sorpresivamente me aparecen anuncios de bancos de todos tipos en los muros de mis redesociodigitales, Amazon, Temu, etcétera. Salgo a caminar y me topo con un señor que vende banquitos de madera que él hace, los miro, le pido precio, no mucho más costosos que los de las plataformas espía, y le compro el banco. El se fue muy contento y yo también, se llama Rosario y vive en Chalco, trabaja por aquí vendiendo desde hace treinta años, después de pandemia ya casi no vende, la gente se acostumbró a comprar y recibir en su casa… dice, triste pero contento por su venta. Hagan cuentas ustedes.

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