¿Nada hemos aprendido? A 80 años de la liberación de Italia
Ni el gringo corriéndonos de la tierra que trabajamos, ni el oaxaqueño corriéndonos por gringos, son ejemplos de una discusión profunda que nos ayude a mejorar nuestras condiciones de vida en comunidad.
Léase este texto con Bella Ciao de fondo
Miro este muro en la ciudad de Oaxaca con la leyenda que dice “mata al gringo que llevas dentro” y a un lado otra sentencia “el mestizaje entrama la explotación racial”, y pienso con tristeza en la radicalización fascista en que la cultura actual vive, permite y fomenta.
Por un lado estos líderes totalitarios que se permiten abrir la boca sin importarles que sus dichos estén sustentados en la verdad, sin que medie la reflexión, mucho menos la empatía, pero por otro una reacción igualmente radical y violenta… En un post de una red social un conocido alaba las prácticas comerciales que China va a ofrecer en oposición a los aranceles del nene idiota, Trump… y alaba a China como una superpotencia ejemplar. Este señor se olvida que cientos de empresas Chinas, instaladas en todo el orbe, cometen prácticas de abuso, ya sea porque perforan pozos de agua sin permiso dejando a comunidades enteras sin este recurso, o porque, simplemente, abalados por el neoliberalismo, comercian con productos que ni de lejos cumplen con las normas de calidad que deberían cumplir…
El 25 de abril se celebran 80 años de la liberación del fascismo en Italia, la resistencia, unidad, trabajo y sacrificio de tantas personas en ese país fue fundamental para triunfar después de una guerra absurda, horrorosa, despreciable: la Segunda Guerra Mundial… ¿Nada hemos aprendido, por qué no honramos la memoria de tantísima gente que murió luchando por nuestra libertad?
Y no, no importa si somos, o no, Europeos, somos humanos, y ni el gringo corriéndonos de la tierra que trabajamos, ni el oaxaqueño corriéndonos por gringos, son ejemplos de una discusión profunda que nos ayude a mejorar nuestras condiciones de vida en comunidad, somos una especie, no una raza, somos contemporáneos, no de una nación o una religión, somos comunes.
¿Por qué académicos de “renombre”, quienes fueron acogidos de su exilio forzado y protegidos, que viven con sueldos y becas pagadas por el pueblo que los recibió, se dan a la tarea de desinformar desde el prejuicio y la manipulación para estigmatizar al pueblo palestino? ¿Por qué preferimos callar cuando un dizque empresario cultural abusa de los artistas y después les dice que todo lo hace por el “amor a compartir”? ¿Por qué nos permitimos ser cobardes y cerrar la boca cuando tenemos que defender nuestros derechos? ¿No hemos aprendido nada? Pienso en tantos neomussolinis que andan por ahí, como si nada, estrechando la mano de neohitleres, sonriendo mientras firman tratados que condenan a tantas personas, ya sea con aranceles, o campos de concentración en El Salvador, qué paradoja tan triste; pero sobre todo pienso en la gente que les aplaude, que los justifica, que por la promesa de seguridad y más dinero se corrompe y legitima, con su voto, su vileza.
Por ejemplo, pensar que las redes sociodigitales son inocuas y no contemplar el poder de manipulación e implantación del pensamiento fascista que promueven, igual que las plataformas de streaming, ignorar que la industria cultural con un poder aún más perverso y extremadamente fortalecido que a mediados del siglo XX nos está haciendo creer que somos más libres que nunca, cuando lo único que somos más es esclavos, aislados e ignorantes por sus contenidos pseudo sustentados…
Baste ver el número de personas que hoy se auto diagnostican con TDAH sólo porque el algoritmo encontró un mercado potencial, el de la neurodivergencia, mañana será el del feminismo menstruante radical, pasado el de los amantes de cultivar piojos en su cabeza, y así, de lo absurdo a la promoción abierta del odio y la violencia, la sinrazón y el sinsentido.
Con este texto pretendo honrar a todos los seres humanos que han dado su vida por la mejora humana, esta vez a las mujeres y hombres que dieron la vida por la libertad de sus hermanos, sin importar quiénes eran, o si su líder político los enviaba porque tenía otras intenciones, honrar el poder del pueblo, de la resistencia, porque todos somos migrantes, porque todos resistimos, porque todos tenemos derecho a una vida digna y porque si no hay las condiciones de dignidad, igualdad y fraternidad, tenemos que luchar por ellas. Que así sea hoy y siempre. ¡El pueblo unido, jamás será vencido!