Apuntes de la Diáspora | Del eufemismo a la comunicación no violenta
Entre lo que se dice y no se quiere decir, y lo que se quiere decir y no se dice, casi todo el amor se pierde…
Khalil Gibran
Del decir muy bonito y superlativo todo a tener que sentarse a trabajar el conflicto, un abismo hay entre estos acontecimientos, como el enamoramiento y la vida cotidiana, como el erotismo y la enfermedad. Vivimos en una sociedad que evade el conflicto, que no está educada para la discusión de ideas ni para decir lo que no le gusta a tiempo, con respeto, sin dejar que la gota derrame el vaso. En este país donde necesitamos emborracharnos para decir que queremos a alguien, para mentar madres, para luego en la cruda, pedir perdón.
Del me interesa tu producto me das información al ghosting, del fue un placer conocerte pero no me interesa hacerlo otra vez, a desaparecer en las nubes, de huir por los laberintos de la cobardía que precede todo abandono, de ese lugar nace el eufemismo, una nube de algodón de azúcar rancio y colores pastel con una pátina de polvo.
Educados para la hipocresía, para fingir orgasmos y amores, vamos arando esta soledad milenaria donde nadie dice lo que piensa y cuando lo dice es tan torpe que prefiere callar y estar a la defensiva. Una guerra interior sin recursos para la paz.
Qué difícil resulta comunicarnos sin anteponer nuestras limitaciones, miedos, inseguridades, sin pretender manipular, sin nulificar la intención del mensaje que queremos hacer llegar. Trabajar esa filigrana con manos de tijera es una labor titánica, si además le pones un poquito de hormonas y retención de líquidos, o baja de estrógeno y testosterona, presión laboral o económica, tristeza o alegría, perspectiva ególatra o de género, uy, qué tremenda cosa, chico (acento cubano para la última frase, por favor).
Qué difícil no ser pusilánime ni agresivos a la hora de decirnos. El caso es que en el decir está, o no, la posibilidad de construir una relación que nos permita observarnos y provocar la empatía y la compasión, de lo contrario, estamos inmersos en el riesgo de relacionarnos sólo con las imágenes y proyecciones que nuestras necesidades afectivas, ideológicas o materiales determinen que el otro sea.
Si bien es cierto que los hechos son amores, la comunicación es la base sobre la que se erige y da forma a la comprensión y la empatía en una relación, proporcionando las herramientas para trabajar con los conflictos y las adversidades que, sí o sí, son intrínsecas a la existencia.
Cuando generalizamos desde la emoción cometemos errores que pueden resultar violentos y humillantes para el otro, cuando el otro se defiende de ello nos ofende de suyo, comunicarnos desde el filtro de la no violencia es un recurso al que debemos apelar, claro, siempre y cuando la descarga de adrenalina no haga que sea demasiado tarde, porque dicen que todo es química en una reacción desencadenante de emociones.
Frecuentemente llego tarde a la comunicación no violenta, y muy temprano a poner florcitas y adornos a un mantel lleno de cuestionamientos. Resbalo en el delirio incendiario de la ira justificada, insulto veladamente y huyo como un zorro saliendo del gallinero. Tratar de comunicarme con las personas desde la perspectiva de la no violencia implica una estrategia y el uso de herramientas como la empatía, procurar no generalizar, relativizar, pero sobre todo, saber que muy probablemente el otro no quiere agredirme ni hacerme daño, ¿qué quiere el otro?, ¿qué necesita?, ¿por qué me hace daño su actitud?, ¿quién soy y qué necesito yo?, ¿estoy justificando mis emociones haciendo responsable al otro? En fin, esto es como toda disciplina, requiere sacrificio y buena voluntad, pero sobre todo, una enorme capacidad de renuncia al yo, ese yo tirano que exige que rueden cabezas si me siento ofendida y vulnerable.