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Apuntes de la Diáspora | La música, nuestro capital inmaterial

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Es la música, placer inmaterial, la que anunció varias cosas desde hace siglos: viviremos en una sociedad de signos, las cosas más vendidas serán aquellas que nos conducen hacia lo inmaterial, al mundo nos atará y unirá un universal perverso: el dinero…”

Carlos Oliva Mendoza

La música surge con el hombre, es intrínseca al desarrollo cultural, se considera, según los arqueólogos, que era utilizada como parte de rituales mágicos o ceremonias religiosas. Las grandes culturas de la antigüedad la consideraban un gran valor: Mesopotamia, Asiria, Persia, Egipto, Grecia, Roma. Pero también en la América prehispánica la música tenia un rol fundamental.  

La teoría musical nace en Grecia antigua, y es a partir del siglo IX donde se registra la fuente directa, la escritura de partituras, documentos que inician la historia de la música formalmente porque se registra para la posteridad. Se desconocen los nombres de muchos de esos autores, pero destaca Alfonso X El sabio quien escribe las Cantigas a Santa María en el siglo XIII. 

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Antes la música era recordada y reinterpretada en la babel de la memoria colectiva, su cualidad inmaterial así lo permitía. La música y el éxodo se corresponden en una simetría: este atributo intangible para articular la vida y sus emociones, los anhelos y las preferencias estéticas: el placer. La música es un lenguaje, porque se habla, se lee y se escribe. 

La diáspora universal ha sido siempre acompañada de su música de origen, grabada en lo más hondo del espíritu de cada persona. También ha sido un vehículo para la conversación, cuando se desconocen las lenguas originarias, su atributo universal permite que las personas se relacionen a través de ella. 

En el siglo XX la música sufre cambios dramáticos: nuevos intrumentos, sonidos, nuevas tecnologías para reproducirla y grabarla, la comunicación de masas, el auge de la música popular y de la investigación musical, así como el registro de múltiples archivos sonoros permiten democratizar esta expresión y horizontalizar sus barreras elitistas. 

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La música, la fotografía y el cine son fenómenos masivos que determinan la cultura y su desarrollo durante el siglo XX. 

Hoy en día, las nuevas formas de producción, distribución y consumo de la música a través de las diferentes plataformas, estandarizan, monopolizan y pauperizan la calidad de vida de los músicos. Estas formas de mercado son claramente injustas e inequitativas. Los monopolios se han apropiado de manera nada subjetiva del patrimonio intangible y del derecho de sus autores a una justa retribución. 

Desde las comunidades más golpeadas donde la migración forzada expulsa a las personas un éxodo incierto, la música bálsamo, la música origen, la música anhelo y expresión profunda: hasta los rincones a donde se logre llegar y establecerse; será un alimento para el espíritu que permitirá vislumbrar la esperanza, reconocerse en las tristezas y la rabia, en la compasión amorosa y ardiente del amor y la pasión romántica, acompañará la soledades y sublimará los motivos existenciales… la música, nuestro capital intangible.

En esta abstracción de signos y símbolos que implica la era digital, paradójicamente, la música ha sido absurdamente materializada.

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