Apuntes de la Diáspora | Capitalismo, disonancia cognitiva y cómo volver a la congruencia…
El sistema capitalista exige de nosotros lo imposible, va en contra de nuestra necesidad de descanso, de ocio, de conexión con otras personas… Uno de los síntomas más evidentes de su perversión es que nos ha hecho generar necesidades ficticias. Actualmente consumimos en exceso, no sólo objetos innecesarios, también alimentos y medicamentos para contrarrestar los síntomas que producen la mala calidad y el exceso de estos mismos.
Nos hemos vuelto adictos a la comida, la industria alimentaria utiliza fórmulas precisas para generarnos adicción cuya característica es la compulsión: no poder detenerse ante la ingesta. Utilizan una fórmula sencilla, confunden al cerebro. El cerebro humano registra saciedad ante los alimentos salados o dulces, es capaz de decir: ya tuve suficiente.
Pero si mezclamos estos dos ingredientes, el cerebro entrará en compulsión de manera automática. La ciencia, al servicio de las grandes industrias, ha encontrado muchos otros ingredientes que sirven para el mismo propósito. El glutamato monosódico, por ejemplo. Entonces tenemos un número altísimo de personas con sobrepeso y malestares asociados. Sumemos a ello la mala calidad de los alimentos procesados, ingredientes que sustituyen a los naturales para abaratar su costo y poder ser competitivos.
Por ejemplo, antes los refrescos o sodas tenían azúcar, mucha, muchísima; pero cuando la demanda de estos productos escaló a nivel global, tuvieron que sustituir el azúcar por jarabe de maíz de alta fructuosa, ingrediente de menor calidad y muy bajo costo. Después este ingrediente también se volvió costoso, porque la demanda se volvió exponencial; recurrieron entonces a mezclar endulzantes sintéticos, exageradamente dañinos para la salud humana, con jarabe, azúcar o stevia.
Además, las inmensas cantidades de plástico que genera esta industria, así como la cantidad de agua que utiliza para producir cada botella son alarmantes. El daño a nuestro sistema orgánico como al medio ambiente es brutal. Sirva este ejemplo como muestra de lo que el sistema capitalista, de la mano de los diferentes monopolios que lo representan, en aras de saciar su inconmensurable sed de poder; son capaces de hacer… No hay ética en el libre mercado, mucho menos en el libre mercado del neoliberalismo.
En cambio, otra corriente surge de las sociedades, a pesar de la evidente estandarización que producen la globalización y las tecnologías de la comunicación. En las comunidades originarias, los barrios citadinos de las grandes urbes, las aulas universitarias, una resistencia ante la imposición de consumo, una revalorización de la cultura ancestral o pre neoliberal, apoyados por los grandes pensadores de todas las épocas y los líderes sociales. Generan los argumentos de un cambio basado, principalmente, en el retorno a las viejas prácticas de consumo.
Desde la agricultura, la reutilización de objetos de uso cotidiano, hasta exigir a los políticos que desarrollen y legislen por leyes que permitan poder bajarse de este vehículo sin freno. Pienso por ejemplo en la reciente ley del derecho a la desconexión, que permite a los trabajadores desconectarse de la red una vez terminado su horario de trabajo. En las leyes de protección de las áreas naturales y los recursos hidráulicos para garantizar la autonomía alimentaria y por tanto la subsistencia. En esta conversación, también global en donde las TICS tienen un rol protagónico; que apuesta por un mundo diverso, divergente, social y humanizado. Donde es posible desarrollarse sin que el consumo determine ser considerados personas de éxito o palabras igualmente impostadas, como el azúcar falso.