Apuntes de la Diáspora | Capitalismo y disonancia congnitiva
“El capitalismo es irracional, caótico, incomprensible, desordenado, caprichoso, injusto, doloroso, triste, absurdo…exactamente como la naturaleza y la vida”.
Josep Pla
A finales del medioevo la sociedad feudal desarrolla una nueva clase social conocida como burguesía. Estas personas generaron riqueza a partir de la comercialización de bienes de consumo y servicios y la consecuente acumulación de poder económico así como el control de pequeños medios de producción como máquinas artesanales y herramientas. Surge así un nuevo modelo sociocultural y económico denominado capitalismo…
El capitalismo está representado básicamente por la propiedad privada de los medios de producción y el libre ejercicio económico. En donde el dinero determina la medida de intercambio de bienes, servicios y capacidad de consumo. Este dinero proviene de la remuneración por el trabajo de las personas asalariadas (clase trabajadora), de las rentas que poseen propietarios de bienes (clase burguesa y alta burguesía), y como resultado del riesgo de inversión de empresarios o emprendedores (burguesía o alta burguesía), también se considera la clase lumpen, que no produce ningún tipo de riqueza.
Como es obvio suponer, dentro de este sistema hay muy poca flexibilidad para que la clase trabajadora o la lumpen accedan a una mejor calidad de vida. El trabajador asalariado además de generar plusvalía (ganancia) para el patrón, gasta su salario en bienes que el mismo empleador o sus pares le venden…
Después tiene urgencia de dinero porque nació un hijo y no le alcanza para comprar la leche, pide un préstamo, mismo que tendrá que pagar con intereses…
Esta esclavitud disfrazada, la usura, la especulación, son los valores del capitalismo, si a esto sumamos que con el Neoliberalismo el Estado deja de intervenir para normar las conductas de esta índole, tenemos como resultado una desigualdad económica y social lacerante.
Las diásporas contemporáneas apostaron por el llamado “sueño americano”, una promesa de horizontalidad social y oportunidades de desarrollo económico para todo aquel que estuviera dispuesto a trabajar duro y aportar a un país en paulatino y exponencial desarrollo.
Efectivamente Estados Unidos fue un país de oportunidades, pero también de ambiciones desmesuradas, de fortunas hechas a base de explotación y abuso, de oportunistas usureros, de banqueros y brookers que inventan bonos fantasma de riesgo, de quiebras de capitales subsidiados por el Estado, un Estado proteccionista, obviamente, de los dueños de las fortunas…
Estas injusticias sociales han permeado la psique de la humanidad de una narrativa contradictoria, por un lado se le exige al ser humano buscar los valores de la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, etc., pero por otro este mismo sistema lo oprime y nulifica.
En psicología, disonancia cognitiva significa un conflicto entre los sistemas cognitivos de creencias, valores y emociones. En el capitalismo no existe la relación entre lo intrínseco humano y el valor del dinero, estamos sometidos a una abstracción permanente que se alimenta de la frustración y el deseo, alimentamos al monstruo del consumo injustificado y nos sentimos impotentes para acceder a los privilegios de la alta burgesía, paradigma de dicha y trabajo, de esfuerzo y bonomía; sabiendo que ni el pobre es pobre por falta de esfuerzo, ni el rico es rico por propio mérito.
Las relaciones horizontales que surgen entre las personas permiten un trabajo comunitario en pos de la mejora en la calidad de vida, si como dice Pla, el capitalismo es tan parecido a la naturaleza y la vida; el ser humano es el único capaz de revertir este flujo porque ha generado conciencia de sí, de su entorno, es capaz de la empatía así como una larga lista de criterios que lo posibilitan a la evolución o lo contrario.