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23 de julio de 2024 | Dolar:$17.92

Una mañana con la caravana migrante de Honduras

Gustavo Monzón, activista de Guatemala nos cuenta el paso de la Caravana Migrante de Honduras, en la que miles de personas intentan llegar a Estados Unidos.

Hoy estoy en shock, esta mañana, como a las 5:30 am, antes de pasar el puente del Incienso, sobre el anillo periférico de la ciudad de Guatemala, nos encontró la Caravana migrante de Honduras.

Me quedé mudo, escuchando los silencios y las reacciones de mis sobrinas, era un silencio impotente y aterrador.

Lo único que quería hacer era pasar comprando pan y llegar a la Casa del Migrante. La Majito tuvo el atino de dejarme en la 12 avenida y 4ta calle, a unas cuantas calles del albergue.

Encontré una panadería, sencilla y de barrio, mi hermano me acababa de dar unos 100 Quetzales (50 pesos ). Les pedí pan por esa cantidad, en eso comenzaron a pasar algunos migrantes con un vaso de café en sus morenas manos, no pude evitar abrir la primera bolsa y comenzar a repartir pan, cuando me volteé para tomar la segunda bolsa de pan, veo que hay dos más, les digo que sólo tengo para 100 Quetzales. Y me dicen que ellos ofrecen otro poco, solo pienso en la multiplicación de los panes en el cerro por Jesús, los vericuetos de la fe.

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Tomo de nuevo el camino, comienza a caer una pertinaz lluvia, la cual sólo acrecienta mi ansiedad, me encuentro con cientos de migrantes, eran muchos, me partió el corazón ver la cantidad de niñas y niños, muchos bebés, me sentí tan pobre.

Las bolsas de pan, se vaciaron en un santiamén, ya no tenía dinero para más pan, café o plásticos, así resguardarse de la lluvia y el frío… que mal me siento, que pobre soy…

Llego al albergue, todavía quedan cientos de migrantes, ayudo a recoger basura, oro con algunos migrantes; impongo las manos sobre algunos niños, me agoto rápidamente, ya no tengo 20 o 30 años, y el cáncer me quita rápidamente las energías, más no la esperanza.

Salgo del albergue, despojado y cansado, necesito respirar, me urge recargar mis energías. Voy caminando bajo esta lluvia, necia y terca.

Me refugio en una Iglesia que encuentro en mi camino, tengo tanta necesidad del buen Dios, de su regazo maternal… me quedo en silencio, despojado…

Son 35 años de acompañar y apoyar a poblaciones vulnerables, de esos son 25 junto a la comunidad migrante.

 

Gustavo Monzón Escobar, Casa de Hospitalidad Nazaret CW de acompañamiento y atención migrante en CDMX