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12 de julio de 2024 | Dolar:$17.83

Perspectivas | La economía está asustada

Es claro que la economía mexicana está asustada por las elecciones presidenciales de este año, tanto por la elevada posibilidad de que gane Andrés Manuel López Obrador, como ante la posibilidad de que pierda y trate de incendiar el país alegando fraude.

La volatilidad del tipo de cambio, la caída en la inversión privada, las advertencias de las organizaciones empresariales por la lista de senadores de Morena y la elevación de la tasa de interés de referencia por parte del Banxico, son algunos de los signos de ese susto que domina el entorno económico mexicano.

El año pasado, la causa principal de la volatilidad fue la renegociación del Tratado de Libre Comercio; ahora, ese protagonismo lo tiene el resultado de las elecciones presidenciales.

A los inversionistas, a los mercados y al sector empresarial les inquieta mucho la posibilidad de que López Obrador gane. No sólo porque algunas de sus propuestas afectarían seriamente el equilibrio en las finanzas públicas, con las consecuencias que eso trae siempre, sino porque el equipo y el estilo mismo de AMLO permiten suponer un gobierno con poco o nulo respeto al Estado de derecho, ejercidos por oportunistas y personajes con probada corrupción, sino porque AMLO ejercería un poder de un solo hombre amparado por una Constitución Moral y en el que las instituciones del Estado se debilitarían.

Pero si eso asusta, también lo hace la posibilidad de que AMLO pierda la elección por tercera ocasión consecutiva y trate de desestabilizar al país alegando, de nuevo, un fraude.

Es posible que, aunque López Obrador no gane la Presidencia, tenga la mayor bancada en el Congreso. Que el PAN sea la segunda fuerza y que el PRI quede con la bancada más pequeña de su historia.

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Con una bancada amplia, aun derrotado, AMLO puede paralizar el país en protesta por perder las elecciones. Y esa posibilidad también afectaría seriamente la marcha de la economía.

Es verdad que las campañas aún no empiezan formalmente y que faltan cuatro meses para las elecciones y que en ese tiempo todo puede pasar; pero es clara la preocupación que despierta el líder de Morena si gana o si pierde las elecciones.

No se ven, a estas alturas, instituciones suficientemente fuertes para hacer equilibrio a un gobierno autocrático como el que, sin duda, haría López Obrador y tampoco se ve la forma en que podría procesarse, sin altos costos, un conflicto poselectoral.

En las dos elecciones pasadas, un PRI aún con amplia presencia se alineó del lado de la institucionalidad, tanto para procesar las protestas de López Obrador como para abrir paso a la toma de posesión de Felipe Calderón y, con eso, encauzar al país a la vía de la gobernabilidad.

Ahora es posible que veamos al PRI más débil de la historia, sin suficiente presencia en el Congreso y en las gubernaturas como para ser factor de equilibrio.

Así que, de aquí en adelante, la incertidumbre dominará el escenario en México y, en ese clima, las decisiones económicas siempre se posponen, lo que resulta en un menor crecimiento y en movimientos fuertes en el factor de ajuste, que es la paridad peso dólar.

Hasta el próximo martes y, mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.