Perspectivas | Sólo sangre, sudor y lágrimas

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Si los precandidatos presidenciales fueran sinceros y sus promesas fueran algo más que frases de campaña debieran ofrecer “sólo sangre, sudor y lágrimas”, como les dijo Winston Churchill a los ingleses en la II Guerra Mundial.

Hasta ahora lo único que se escucha es gastar, gastar y gastar dinero que no se tiene.

El problema con que se va a enfrentar quien gane es que la caja está vacía. Y no porque se hayan llevado el dinero, sino porque desde que se desplomaron los ingresos petroleros, porque bajó el precio y porque se acabó Cantarell, el yacimiento que alimentó a las finanzas públicas desde José López Portillo hasta el final de Vicente Fox.

Los últimos dos sexenios, la pobreza de las finanzas públicas quedó al descubierto y no hubo otro remedio que recurrir al endeudamiento.

En el gobierno de Felipe Calderón, la deuda aumentó del 31.2% del PIB a 37.7% del PIB y con Enrique Peña Nieto llegó a un máximo del 50.2% del PIB en 2017 y existe toda la intención de que ahí se quede.

Es decir, hemos financiado una parte del gasto público con endeudamiento, ante la debilidad de los ingresos.

Tanto Calderón como Peña Nieto hicieron reformas tributarias para aumentar la recaudación. En ambos casos subieron las tasas impositivas y, en especial, en este sexenio se ha realizado un enorme y exitoso esfuerzo para recaudar más.

Pero no es suficiente. Los ingresos tributarios apenas llegan al 12.1% del PIB y debieran estar cuando menos cinco puntos más arriba.

Para frenar el crecimiento de la deuda y quitar presión a las finanzas públicas, el año pasado se bajó el gasto. Alrededor de 10%, el gasto total y 30%, en el gasto de inversión.

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Y ESO ES LO QUE ENCONTRARÁ QUIEN GANE

Es imposible que Andrés Manuel López Obrador les dé a los jóvenes siquiera mil pesos mensuales o que Ricardo Anaya conceda a cada mexicano una renta mínima.

El problema es que no hay dinero de dónde hacer esas donaciones extraordinarias.

El próximo Presidente de la República llegará, como todos, queriendo hacer gastos extraordinarios; siquiera recuperar el nivel de inversiones.

Y no habrá dinero para hacerlo, aunque puede recurrir al endeudamiento, lo que tampoco es un camino fácil, ya que de inmediato los mercados internacionales se alarman y las tasas de interés a que le prestan a México empiezan a subir.

Desde luego, no es verdad que reduciendo el salario de los funcionarios alcance para elevar el gasto.

El único camino es realizar una Reforma Fiscal, que por el lado de los egresos canalice mejor los recursos y evite desperdicios y por el lado de los ingresos, que es donde es indispensable, eleve los ingresos tributarios.

Es indispensable generalizar el IVA,
probablemente incluso elevar la tasa para reducir un poco la tasa del Impuesto Sobre la Renta.

No hay otro camino. Emprender un amplio programa de gastos, aunque se necesiten es imposible, porque desequilibraría las fianzas públicas y nos traería crisis como las que vimos en las décadas de los 70s, 80s y 90s.

Y no hay más.

Hasta el próximo martes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.