Alianza

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Es tal la intensidad de la competencia electoral que tiene lugar desde ya en nuestro país, que incluso dos semanas antes de que tengan lugar los procesos en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, los líderes del PAN y del PRD adelantaron una posible alianza para los comicios presidenciales del 2018.

El anuncio del panista Ricardo Anaya y de la perredista Alejandra Barrales está lleno de señales políticas hacia todos los actores que el año entrante participarán en la definición del futuro de México.

Si el primer destinatario de esos mensajes es el PRI, porque nuevamente –como en el año 2000- el juego se llama “sacar a los priístas de Los Pinos”, no es menos importante el grito de guerra hacia Andrés Manuel López Obrador, hasta el momento el único aspirante seguro y quien por eso mismo encabeza todas las encuestas de preferencia electoral.

El anticipado proyecto de alianza es también una dura pedrada para el Jefe de Gobierno de la ciudad de México, Miguel Angel Mancera, quien busca competir con los colores amarillo y negro sin ser un perredista militante en lo que queda del partido del sol azteca.

Y como en estos tiempos modernos nada es importante si no pasa por las redes sociales, el mejor resumen de este hecho noticioso que acaparó la atención del fin de semana, fue un tuit de Esteban Illades: “México, el país donde la izquierda y la derecha se unen para luchar contra un candidato que se dice de izquierda pero es de derecha”.

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Maravilloso.

Porque más allá de echar al PRI de Los Pinos, también se reedita en nuestro país del escenario de un voto útil que trate de evitar a toda costa que lleguen al poder López Obrador y su nuevo partido Morena.

Por supuesto que Illades se refiere al Peje quien, difuso y contradictorio en sus posicionamientos sobre temas clave en la agenda de izquierdas y derechas, parece más bien un candidato conservador y no el abanderado de las tendencias progresistas de las primeras.

Autoritario, mesiánico y predicador, AMLO parece más bien añorar aquellos años de férreo control político priísta, con una economía proteccionista y una política exterior en la que teóricamente no se molesta a nadie para que no me molesten a mí. Por eso el certero señalamiento de 140 caracteres tuiteros.

Pero volviendo a la alianza PAN-PRD, resulta obvio que ésta es tan anti-PRI como anti-Peje, y buscaría terciar la elección de 2018, además de resucitar a un perredismo desfondado desde la creación de Morena y el éxodo de militantes hacia la redención lopezobradorista.

No es la primera vez en que vemos juntos a amarillos y azules. Recordemos sus triunfos electorales en Oaxaca, Puebla y Sinaloa en 2010 –que por cierto resultaron en gobiernos muy cuestionables- o más recientemente los que actualmente detentan el poder estatal en Veracruz, Quintana Roo y Durango, todos más pintados de panismo, por cierto.

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Pero la Presidencia de la República es otra cosa.

Tendremos primero que esperar el camino que tomen en el PAN los otros suspirantes como Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle y hasta Juan Carlos Romero Hicks o Luis Ernesto Derbez.

Porque si se preguntan por Ricardo Anaya, es obvio que como impulsor de este anuncio aliancista se autoproyecta como en candidato de la coalición, a cambio –por supuesto- de que la Barrales lo sea para el gobierno de la ciudad de México.

Y del lado del PRD, veremos qué dice Mancera y su ahora rebasado llamado por la unidad en México para conformar una nueva oposición política.

Por parte del PRI, el misterio prevalece con 3 escenarios perfilados: un candidato que salga del gabinete presidencial, otro externo o con menos lastres tricolores, o cualquiera de esos dos pero con otras reglas de competencia que impliquen la segunda vuelta electoral y/o la conformación de un gobierno de coalición más parecido al parlamentario europeo que al presidencialista mexicano.

Ya veremos.