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Desalojo de refugios en Nueva York pone a migrantes en riesgo ante el frío extremo

Cientos de migrantes solteros se alojan en la iglesia de la intercesión en el Alto Manhattan cada noche mientras esperan que los coloquen en nuevos refugios.| Foto: Giulia Mcdonnell Nieto Del Rio Para Documented NY
Cientos de migrantes, muchos de ellos venezolanos, duermen en el suelo de un gimnasio en Manhattan después de ser desalojados de los refugios de la ciudad. | Este reportaje fue escrito por Giulia Mcdonnell Nieto Del Rio y publicado por Documented NY

Después de pasar horas frente al sitio de admisión en el barrio de East Village esperando para un refugio, los hombres migrantes se dirigieron a una iglesia cercana donde buscaron hospedaje para evitar las bajas temperaturas de la tormenta de nieve de esa noche de enero. En el piso del gimnasio de la iglesia, extendieron mantas en el suelo de madera para dormir. Muchos no se ducharon por días, pero dicen que descansar es su prioridad para regresar a hacer fila el siguiente día, con la misma esperanza de recibir una cama en uno de los refugios de la ciudad.

“Te sientes solo, abandonado, sin nada, como si fueras a morir en la calle“, dijo Yorbi Rivera, un inmigrante Venezolano de 29 años que pasó unos días durmiendo en el metro. Esta era su segunda noche en la iglesia.

Muchos de estos hombres, principalmente de África Occidental y América Latina, dijeron que habían sido desalojados de refugios para solteros después de 30 días, siguiendo la nueva política de la ciudad anunciada en septiembre del 2023. Este cambio en los criterios hizo que, según la Oficina del  Contralor, hasta diciembre se emitieran 35.900 avisos de desalojo  a migrantes que viven en los albergues de la ciudad.

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¿Qué pasa  con los migrantes tras el desalojo de los refugios en Nueva York?

Los inmigrantes, una vez desalojados, se enfrentan a condiciones de vivienda precarias en medio de temperaturas bajo cero. Varios migrantes en la iglesia dijeron temer por su bienestar personal.

Amadou Sadio Cissé llegó a la ciudad de Nueva York hace 3 meses, desde que salió de Guinea. Mientras muestra una foto de su hijo en la pantalla de su teléfono, aseguró:  “El poco dinero que gano, se lo envío a mi familia”.

Cissé durmió en la iglesia por 10 noches después de ser desalojado de su refugio y dijo que no estaba preparado para el clima de enero en Nueva York. Tanto que incluso para esa noche, dijo, solo tenía una manta para compartir con su amigo. “Cuando hace frío, me duelen los huesos”, dijo en español, un idioma que había aprendido durante su viaje a los Estados Unidos. “Es difícil para todas las personas aquí en este momento”, agregó.

La falta de dinero y empleos complica todo

Muchos migrantes que solicitan asilo no pueden encontrar empleo para pagar alquiler debido a la falta de permisos de trabajo, los cuales demoran en llegar en el proceso migratorio. Es por esto, que muchos regresan al sitio de admisión para los refugios de la ciudad en el East Village. Pero el tiempo promedio para ser admitido en un nuevo albergue es de aproximadamente 7 días, según datos oficiales.. Aunque algunos hombres contaron que habían estado esperando más de 2 semanas para que la ciudad les asignará un nuevo lugar para dormir.

Después de que el sitio del East Village cerró por el día, algunos migrantes fueron redirigidos a la Iglesia de la Intercesión en Upper Manhattan. Otros migrantes dijeron que habían oído hablar de la iglesia en otros refugios de hoteles o amigos que habían dormido allí.

Felipe Blanco, de 26 años, dijo que lleva solicitando refugio durante 12 días y el miércoles estuvo parado en la fila afuera durante tres horas. “No duras mucho tiempo afuera. Te enfermas. Anoche tuve fiebre toda la noche”, agregó Blanco, que es de Venezuela, mientras se cubría con una manta. “Anoche sentí que iba a morir aquí. Me sentía tan frío por dentro”.

Las iglesias ayudan pero no resuelven el problema

La iglesia abre sus puertas a las 8 p.m. Los recursos son escasos: no hay camas para dormir ni duchas en el edificio. La iglesia les da a los migrantes agua, frutas y bagels, pero no ofrece comidas calientes regulares. También, no ofrece hospedaje permanente. Se les exige a los migrantes que se desalojen la iglesia por la mañana.

Llamados oficialmente “centros de hospitalidad nocturna” por el municipio, existen 5 centros actualmente en toda la ciudad. Los migrantes son referidos a estos centros cuando el centro de admisión en East  Village no está abierto o cuando hay emergencia por bajas temperaturas, . En promedio, alrededor de 900 migrantes se alojan en estos cinco centros todas las noches.

“Cada vez que las temperaturas en la ciudad de Nueva York bajan por debajo de cero, redoblamos nuestros esfuerzos para llevar a las personas al interior}”, dijo el reverendo James Hagen, sacerdote interino de la iglesia. Agregó que muchos de los migrantes no están preparados para el frío debido a que no tienen la ropa adecuada y llegan “completamente desorientados” a la iglesia. “Realmente es una situación muy desesperada para ellos”, agregó.

El personal de la iglesia intenta servir a los migrantes lo mejor que puede, pero los recursos y voluntarios son limitados.

Según la Iglesia, alrededor de 250 migrantes duermen en sus instalaciones todas las noches, aunque dicen que han llegado a albergar más de  300.. El reverendo Hagen contó que el municipio  ciudad necesita más espacio para que los inmigrantes duerman, por lo que llegaron a un acuerdo donde la ciudad paga a gerentes y guardias de seguridad para que permanezcan durante las noches. “El propósito del programa es sacar a las personas de las calles para que al menos estén seguras y en un lugar cálido, pero no es un refugio”, clarificó el reverendo Hagen. “Estamos hablando de supervivencia básica aquí, de personas que vienen mal equipadas. Que nunca han visto un clima como este”.

Para Dennis Clemente, ya han sido  más de 2 semanas desde que comenzó a dormir en la iglesia, mientras esperaba que la ciudad le asignará un refugio después de ser desalojado de otro. Clemente, quien tiene 4 hijos en Angola, dijo que estaba agradecido por la ayuda que la iglesia le había brindado. Pero no se había duchado en unos 10 días, no había comido una comida caliente en semanas y temía volver a hacer la fila afuera de St. Brigid al día siguiente.

“Estoy realmente cansado”, dijo en una mezcla de español y portugués, sosteniendo una almohada doblada en una bolsa de supermercado. A la mañana siguiente, Clemente tendría que empacar nuevamente sus pertenencias y salir de la iglesia. Los migrantes dijeron que a veces les dicen que abandonen la iglesia en las primeras horas de la mañana, alrededor de las 5 a.m., aunque el personal de la iglesia dice que el programa se extiende hasta las 8 a.m.

Para él, el llamado sueño americano se ha convertido en “un sueño muy difícil de creer”. “La realidad es otra cosa”. Aún así, agregó: “Vamos a resistir”.

Si quieres leer el reportaje original da clic aquí.

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