¡No pongas de cabeza a San Antonio ni le quites al niño! Las supersticiones al rededor de este santo

Las estatuas y estampas de San Antonio se usan para prácticas supersticiosas de algunos católicos. | Foto: Cathopic.
Poner de cabeza o escribir cartas a San Antonio con lo que esperamos de nuestra próxima pareja es una superstición que no debemos practicar. Un texto de ACI Prensa.
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Uno de los santos más famosos y socorridos en la Iglesia Católica es San Antonio de Padua. Por tradición, a este santo se le invoca para pedir un buen esposo o esposa. Sin embargo, también hay personas que le atribuyen a su imagen poderes que no tiene.

¿Eres de las personas que pone “de cabeza” la imagen de San Antonio para obligarlo a conseguir novio o novia? ¿Realizas ofrendas con 13 monedas el día de su fiesta? ¿Escribes cartas detallando las cualidades que quieres para tu futura pareja o haces otros rituales similares?

Si contestaste que sí a estas preguntas, debes saber que estás cayendo en la superstición y posiblemente en idolatría. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) en el numeral 2111 explica que la superstición es “una desviación del culto debido al Dios verdadero”.

Esto pasa, por ejemplo, cuando le otorgamos una importancia de cierto modo “mágica” a ciertas prácticas legítimas como las oraciones o los sacramentales.

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Debemos evitar las supersticiones en el catolicismo

Santo Tomás de Aquino señala en la Suma Teológica que la superstición se presenta cuando “se ofrece culto divino a quien no se debe, o a quien se debe, pero de un modo impropio”.

Con los sacramentales y las oraciones se cae en superstición cuando se confía en el acto por sí solo, sin la necesaria disposición interior. Es decir, cuando en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa se le atribuye un poder que no tiene.

Es supersticioso, por ejemplo, quien lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen María y piensa que sólo por el hecho de llevarlo se salvará. O quien piensa que es una imagen o un santo, como San Antonio, el que puede obrar un milagro.

Recordemos que la Santísima Virgen y los santos no hacen milagros. En realidad, es por intercesión de ellos que Dios puede obrar un milagro en nosotros y en nuestras vidas.

Asimismo, en el numeral 956, el Catecismo de la Iglesia Católica dice:

“Por el hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad”.

Por otro lado, la superstición también se puede expresar “bajo las formas de adivinación, magia, brujería y espiritismo” (numeral 444). De hecho, puede llevar a la idolatría de imágenes como la de San Antonio de Padua y a distintas formas de adivinación y magia.

El Catecismo se refiere a la idolatría como una tentación constante de la fe que “consiste en divinizar lo que no es Dios”. Es decir: divinizar alguna imagen o algún santo y colocarlos en el lugar que le pertenece “al único Señorío de Dios”.

¿Quién es San Antonio?

San Antonio nació en Portugal en 1195. Se le conoce con el apelativo “de Padua” porque en esa ciudad italiana fue donde murió en 1231 y donde se veneran sus reliquias. Se dice que cierto día, mientras oraba, se le apareció el Niño Jesús.

San Buenaventura decía: “Acude con confianza a Antonio, que hace milagros, y él te conseguirá lo que buscas”. León XIII lo llamó “el santo de todo el mundo” porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.

Texto de ACI Prensa