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¿Qué nos aconsejaría San Juan Pablo II en esta pandemia?
Desde la Fe | 21 mayo, 2020
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San Juan Pablo II. Foto: Cathopic

En esta época donde muchos sufren por las consecuencias de la pandemia, debemos recordar los consejos de San Juan Pablo II para aliviar nuestro espíritu.

San Juan Pablo II sabía mucho de sufrimiento. Lo vio y lo padeció. Su mamá murió cuando era niño, luego su hermano y su papá. Muy joven se quedó solo. Padeció la guerra. Ya ordenado, fue espiado y amenazado por el gobierno comunista.

Siendo Papa le dispararon. Su salud se afectó. Al final de su vida ya no podía sonreír y casi ni hablar. Nos conmovió su gesto de impotencia aquella última vez que se asomó a su balcón y no pudo decir la bendición.

Este 18 de mayo se cumplieron 100 años de su nacimiento. Acudamos a él en busca de consejo, porque ahora somos nosotros los que estamos sufriendo.

Jamás había pasado que todo el mundo sufriera al mismo tiempo. Antes, quien vivía una tragedia en un lugar, contaba con otros que estaban bien para ayudarle. Hoy todos hemos sido afectados. A distintos niveles, todos sufrimos.

Sufren los niños por no poder ir a la escuela, ver a sus amigos y salir a jugar. Los jóvenes por sus planes pospuestos. Sufren las familias, que ven disminuir o desaparecer sus ingresos y viven una forzada convivencia que a veces provoca violencia.

Sufren los ancianos su soledad sin hijos ni nietos. Los sanos tienen miedo a enfermar. Los enfermos tienen la duda de si mejorarán o morirán. Sus seres queridos sufren sin poder verlos. Sufren los deudos. Sufre el personal de salud y quien, por su trabajo, está en riesgo de contagio.

También sufren quienes deben tomar difíciles decisiones. Los fieles, privados de los Sacramentos. Sufren los pastores con sus templos desiertos.

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Por todo ello,al recordar a San Juan Pablo II en su centenario, nos preguntamos, ¿qué consejo nos podría dar?

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Carta de Juan Pablo II

El Papa amado escribió una Carta Apostólica Salvifici Doloris. En ella habla sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano. De ella, podemos deducir que nos pediría tener presente lo siguiente:

El sufrimiento (ese dolor del alma o del cuerpo, que sentimos cuando nos vemos privados de un bien) es pasajero. Forma parte de la naturaleza del hombre, pero Dios lo ha limitado. No durará siempre.

No saber por qué sufrimos aumenta nuestro sufrimiento. Preguntamos a Dios y Él nos responde. Al respecto, dice el Papa:

La respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento… ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo. Dios da a Su Hijo al mundo para librar al hombre del mal mediante Su propio sufrimiento.

Cristo asumió todo sufrimiento humano y le dio un sentido redentor, es decir, de salvación. Por ello, para no sufrir en vano, hemos de unir nuestro sufrimiento al de Cristo. Así le hallaremos sentido, propósito.

El Papa Juan Pablo II explica que, quien participa en los sufrimientos de Cristo, participa de Su debilidad e impotencia al morir en la cruz, pero también participa de la fuerza de Su Resurrección. Ello permite que, quien une su sufrimiento al de Cristo, contribuya a su propia salvación y a la de los demás.

Dice el Papa algo impactante:

En la lucha ‘cósmica’ entre las fuerzas espirituales del bien y las del mal…, los sufrimientos humanos unidos al sufrimiento redentor de Cristo constituyen un particular apoyo a las fuerzas del bien, abriendo el camino a su victoria

¿Te imaginas? Si el niño triste por estar encerrado, el ama de casa agobiada de quehaceres, el trabajador despedido, los viejitos solos, los agonizantes, los deudos que lloran la muerte de seres queridos, y todos los que de uno u otro modo sufrimos en esta pandemia unimos nuestro sufrimiento a los de Cristo, no sólo recobraremos la paz: ¡contribuiremos a la salvación del mundo!

Ruega el Papa:

Les pido a todos los que sufren, que nos ayuden. Precisamente a ustedes, que son débiles, pedimos ser una fuente de fuerza para la Iglesia y para la humanidad. En la terrible batalla entre las fuerzas del bien y del mal que nos presenta el mundo contemporáneo, venza el sufrimiento de ustedes en unión con la cruz de Cristo.

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