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Preguntas y respuestas sobre magia, hechicería y demonios
Desde la Fe | 14 agosto, 2019
Hechicería, brujería y demonios

Hechicería, brujería y demonios

Los festivales de brujas o de hechicería parecen inofensivos, pero abren puertas al demonio.

Respondamos algunas preguntas sobre estas prácticas:

1.- ¿Las prácticas de magia y hechicería son contrarias a la fe cristiana?

. Muy contrarias.

La pretensión de la magia y la hechicería es “domesticar las potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–” (Catecismo 2117).

2.- ¿Qué son las “potencias ocultas”?

Las potencias ocultas no son otra cosa que los demonios. San Pablo afirma en la carta a los Efesios 6,11-12: “Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no va dirigida contra simples seres humanossino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso y los espíritus del mal“.

3.- ¿El hombre puede domesticar (dominar) los poderes ocultos y ponerlos a su servicio?

No. Imposible.

Un ser superior como el demonio (espíritu angélico malo) nunca se sujetará a un ser inferior (el hombre, ser material y espiritual). El hombre nunca podrá dominar los poderes demoniacos. Si el demonio accede a las solicitudes  de los malvados, es por el provecho que sacará de ello.

4.- ¿Qué gana el demonio accediendo a las peticiones humanas?

Que los hombres vayan camino de condenación. Este es su único interés. Por odio a Dios y envidia al hombre, quiere que el mayor número de humanos se condene eternamente.

  1. a) Por el pecado mortal, particularmente contra el primer mandamiento, asegura la condenación de quien hace la brujería o la hechicería, si éste muere sin convertirse a Dios.
  2. b) También tratará de llevar a la condenación a quien padece la brujería o la hechicería, cuando busquen remedio a sus males recurriendo a brujos, chamanes y hechiceros.

5.- ¿Es posible que los operadores de lo oculto puedan adquirir un poder sobrehumano?

No. Es imposible.

La naturaleza humana nunca podrá hacer nada que exceda a sus facultades. Si hace algo que supere las leyes de la materia, no lo hace ella; lo hacen los demonios en ella, haciéndole creer que es ella quien lo hace. El demonio es el padre de la mentira (Jn 8,44).

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6.- ¿La brujería, los hechizos, los maleficios, etc., pueden tener un “poder sobrenatural [preternatural] sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–” (Catecismo 2117)?

, desafortunadamente. Sus efectos que dependen de muchos factores, principalmente:

  1. a) De la permisión divina, sobre todo;
  2. b) de la libertad diabólica que ejerce por los beneficios que ahí conseguirá, etc.
  3. c) De la cercanía o lejanía de los seres humanos a Dios.

7.- ¿Qué pasa a la gente que recurre a estas prácticas?

Quien asiste a lugares, eventos, exposiciones, ferias, etc., donde trabajan los operadores de lo oculto, sólo por el hecho de asistir, están abriendo la puertaa la Acción Extraordinaria del maligno.

  1. a) Los demonios son los seres más irrespetuosos del universo. No les interesa que la gente sepa o no a dónde se está metiendo. Si entras a su territorio, sufrirás las consecuencias.
  2. b) Los demonios aprovechan la debilidad psicológica, moral o espiritual de las personas que entran en sus territorios para ejercer su Acción Extraordinaria.
  3. c) Si algunos buscan allí su salud, podrían encontrar un alivio temporal, pero aquello se les revertirá tarde o temprano. Si otros van y buscan algún bien material, tal vez lo obtengan, pero se los cobrarán cien veces más. Si otros van buscando mejorar sus relaciones personales, podrían obtenerlo provisionalmente, después será mucho peor. Si alguien va por curiosidad, el demonio se la colmará, etc.

8.- ¿Alguna vez la Iglesia ha condenado estas prácticas?

Sí. Decididamente.

El Catecismo de la Iglesia católica dice que estas prácticas:

  1. a) “Son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aun cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo” (Catecismo 2117).
  2. b) “Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf. Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes
  3. ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios” (Catecismo 2116).
  4. c) “Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto” (Catecismo 2115).
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Conclusión.

Quien asiste a cualquier lugar donde trabajen operadores de lo oculto se expone grandemente a la Acción Extraordinaria del demonio, habrá abierto una puerta que será difícil cerrar. Sobre todo, es pecado grave contra el primer mandamiento, por lo que, en el mismo momento en que alguien se proponga participar de esto, pierde la gracia de Dios y ha de confesarse de ello antes de volver a comulgar.

Además, se quedará a merced de la curiosidad, se irá alejando de la Iglesia, de la oración, de los sacramentos, etc. Por último, comenzarán a pasar cosas extrañas en su vida operadas por los demonios, quienes se erguirán como sus señores para mantenerlos en el pecado, ejercer sobre ellos su Acción Extraordinaria y conducirlos a la condenación eterna.

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