Si hay vida después de la deportación: Leni Álvarez Si hay vida después de la deportación: Leni Álvarez
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Si hay vida después de la deportación: Leni Álvarez
Iván Flores | 5 junio, 2019
Si hay vida despus de la deportación Leni Álvarez

Leni Álvarez con una generación graduada de Hola Code.

“La lucha sigue, cual sea el lado de la frontera en la que estés, debes perseguir tus sueños y seguir adelante. Si una persona esta viviendo un proceso de deportación o está planeando su regreso, es difícil pero se puede salir adelante”, Leni Álvarez.

Cruzar la frontera ilegalmente cuando era muy pequeña, tener un negocio familiar próspero que después se fue a pique con la crisis en Estados Unidos y regresar a México, fue el camino que le tocó recorrer a Leni Álvarez para llegar hasta donde está el día de hoy, en Hola <code/>;  un programa  que ayuda a los migrantes retornados y deportados a reintegrarse a la vida laboral en el ámbito de la tecnología.

Leni Álvarez nació en una “casita de palos” en una humilde comunidad chiapaneca. Su pueblo era tan pobre que solo tenía una clínica precaria a la que muchas familias llevaban a sus bebés enfermos y tenían que salir con ellos muertos en brazos.

El día que Leni enfermó, su padre, Eliazar Álvarez, decidió llevarla a un hospital privado en Pijijiapan, lo que trajo a la familia una deuda impagable.

La crisis de 1994 agravó las cosas. Y el pesado lastre financiero que tenía, llevó a Eliazar Álvarez a probar suerte en Estados Unidos, concretamente, en Arcadia, Florida, a la pizca de naranjas.

Ya en Arcadia decidió integrarse a Alfa y Omega, la iglesia latina cristiana local en donde conoció al hermano Tapia, un hombre que sería clave en la vida de los Álvarez,  pues sería el ‘coyote’ que le ayudaría al resto de la familia a cruzar el río Bravo.

En una pequeña alberca

La noche en la que Leni cruzó ilegalmente la frontera de Estados Unidos tenía solo dos años y su hermana menor era un bebé. Para protegerlas, los ‘coyotes’ y su madre, Rocío Pérez, decidieron ponerlas dentro de una pequeña alberca inflable, que guiaron con dificultad durante el cruce del río hasta alcanzar la orilla estadounidense.

Ahí les aguardaba el “abuelo Tapia”, como lo llama Leni. Ya una vez reunidos todos, caminaron ansiosos cargando a las niñas hacia el sitio que, al menos en teoría, estarían a salvo. Pero cuando creyeron que lo peor había pasado, el grupo se topó a una patrulla de agentes migratorios.

Cuenta la madre de Leni que ella acababa de conocer a Tapia. No había tenido tiempo de ponerse de acuerdo con él.

Los agentes los separaron, el abuelo Tapia estaba en un sitio y en otro, Rocío y sus dos hijas.

“Lo que no sabía mi mamá era que mi abuelito llevaba el acta de nacimiento de su hija que se llamaba Jennifer Tapia. Mi mamá dice que Dios nos tenía reservado entrar a Estados Unidos porque cuando le preguntaron su nombre, su mente se quedó en blanco y lo que atinó a decir fue: ‘Jenny’”, añadió Leni.

Los agentes los liberaron y siguieron su ruta. Lo habían logrado.

Una nueva vida en Estados Unidos

Una vez que la familia se reunió en Arcadia comenzaron una nueva vida en los Estados Unidos, sin embargo, poco después la familia decidió mudarse a Bradenton, en Tampa, un barrio “más mexicano y afroamericano”.

Los padres de Leni fueron un impulso económico para que más familiares llegaran a los Estados Unidos, ella recuerda que sus papás le decían: “llegó tu tío de México”, para ella se volvió normal. No cuestionaba cómo llegaban.

Eliazar Álvarez y Rocío Pérez con sus hijos.

Leni jamás sufrió burlas o discriminaciones, pues era parte de una comunidad que la recibió sin prejuicios. Su padre decidió crear una empresa de jardinería y la familia comenzó a ascender a una nueva clase social.

Las finanzas familiares mejoraron, tanto que aun cuando en 2008 inició la peor recesión financiera reciente de los Estados Unidos, los Álvarez lograron comprar un rancho y regresar a Arcadia, pues era sueño de sus padres poseer uno.

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El retorno a México

Sin embargo, un problema legal de Eliazar desvío la trayectoria positiva. Debía presentarse ante las autoridades de Estados Unidos una vez por semana porque tenía infracciones por conducir sin licencia en Arcadia.

Eliazar perdió estabilidad laboral ya que tenía que realizar horas de trabajo comunitario que lo llevaron, involuntariamente, a descuidar su negocio lo que, sumado a la crisis y a las leyes migratorias durante el gobierno de Barack Obama, hizo que se volviera inviable financieramente, por lo cual la familia tuvo que tomar una decisión radical: regresar a México.

Fue entonces cuando Leni a sus 16 años se enteró de su estatus migratorio, comenzó a comprender que eran indocumentados y pese a las circunstancias nunca creyó que tendrían que regresar a México. Tuvieron que dejar su rancho, propiedades, vehículos y algunas cosas.

“Un día llegué a casa, vi un montón de cajas tiradas y mi mamá me dijo que eligiera las que quisiera. Llenamos dos tráileres y tuvimos que dejar casi uno”, añadió Leni.

Leni cuenta que tenía miedo, no sabía que estaba sucediendo, pues México vivía una dura guerra contra el narcotráfico que hacía muy peligroso el tránsito hacia el sur.

Un agente aduanal los detuvo al cruzar la frontera de Estados Unidos, les preguntó qué hacia dónde se dirigían.

“No recuerdo quién le dijo que a México, pero lo que recuerdo es que dijo el agente ´don´t go´, ´no se vayan es muy peligroso´”, dijo Leni.

Tuvieron que atravesar por las negligencias aduanales durante su cruce por México, pues invalidaron sus documentos y tuvieron que pagar.

Generación Ñ

En México inició una nueva vida para Leni, se instalaron en Acayuca, Veracruz donde creyeron tener una casa porque enviaban dinero a su abuela, pero tal fue la sorpresa que descubrieron una vivienda sin ventanas ni puertas; su abuela nunca construyó.

Tuvo que reincorporarse a la vida educativa, estudió Contaduría en un Cbtis y Administración de Negocios Internacionales en la Universidad Veracruzana (la única que no pedía saber Historia de México). Pese a que no concluyó, conoció a una maestra de Teorías Económicas Internacionales y comprendió el contexto económico de la migración.

Poco después conoció a decidió estudiar Antropología Social. Ahí realizó un trabajo de investigación que le trae muchos recuerdos: “El impacto de identidad al ser un mexicano migrante de Estados Unidos”,era un compendio y análisis de historias de personas deportadas y retornadas como ella. Un proceso que le inspiró también a escribir un poema titulado “Generation Ñ”.

Leni observando la libreta del trabajo de investigación que realizó y donde se encuentra el poema Generación Ñ.

 

Poema Generación Ñ.

Mama where was i born?

En Mexico, mija

¿Dóde te criaste?

In the United States of America

I think in English

I dream in Englis

I talk in Español

I try to write in Español

I have sangre mexicana

I have corazón americano

Soy Etziba in the United States

Im Yhorleni in Mexico

What i am?

I am Spanglish

Yo soy Spanglish

(Etzi-Leni)

“Toda mi vida viví en Estados Unidos como Etziba, hasta que vine aquí a México y podía decidir como quería llamarme. Aquí en México soy Leni, aunque ahora que pienso ya no siento esto (refiriéndose al poema), creo que en este momento no me identificaría así”.

Hola <code/>

Hoy en día, Leni es una de las pioneras del programa Hola <code/>, un programa que ayuda a los migrantes repatriados y retornados a reinsertarse nuevamente en la sociedad; pues les brinda la oportunidad de poder encontrar un empleo, y una vez que lo consiguen comienzan a pagar su matrícula y manutención.

Actualmente Leni es Coordinadora de Reclutamiento y Admisión de esta entidad, donde el dominio del inglés es una gran herramienta.

Fotografía de Leni con una generación graduada del programa Hola .

Tras preguntarle si volvería a Estados Unidos, ella mencionó que ya lo había hecho. Regresó como activista a los Estados Unidos, en 2018, gracias a ODA “Otros Dreamers”.  

“Tuve cartas de universidades quienes me invitaron para dar charlas sobre la vida después de la deportación o sobre qué pasa al regresar a México” dijo Leni.

Leni tuvo que enfrentar sus miedos para aplicar para una visa y cruzar a los Estados Unidos de forma legal, pues se cuestionaba si tenía que decir la verdad o no.

Finalmente, tuvo que recurrir a la verdad, decir que fue indocumentada, que tiene dos hermanos ciudadanos de los Estados Unidos y mencionar las fechas que le solicitaban para ser lo más precisa en su trámite.

Cuando le preguntan que dónde desearía vivir o qué país ama más, ella menciona que no tiene que escoger, pues es una persona bicultural, “alguien que está representando ambas culturas”.

Su regreso a los Estados Unidos confirmó que es difícil decidir y que por nada cambiaría su historia.

Leni quiso compartir un mensaje con toda la comunidad migrante.

“La lucha sigue, cual sea el lado de la frontera en la que estés, debes perseguir tus sueños y seguir adelante. Si una persona está viviendo un proceso de deportación o está planeando su regreso, es difícil pero se puede salir adelante”.

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