Consulado de México en Los Ángeles reconoce a exbarrendero guanajuatense

“Estoy contento y echándole ganas. Nunca imaginé cuando vine a Estados Unidos nada de lo que me ha pasado, pero creo que me ha ayudado mucho mi disposición para el trabajo. A eso venimos a este país” comentó Merced Zúñiga.
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Merced Zúñiga es un empleado de 62 años que fue contratado como barrendero por el Consulado de México en Los Ángeles hace 31 años, debido a su gran labor fue reconocido por las autoridades consulares durante la inauguración de la Sala de Lectura Sor Juana Inés de la Cruz.

Merced llegó a Estados Unidos sin autorización en 1984, cuatro años después comenzó a trabajar al consulado como chofer. Su esfuerzo le valió que una sala del edificio llevara su nombre.

“Yo vine como indocumentado en 1984. Trabajaba barriendo la Placita Olvera. Años más tarde, a mi hermano Jesús le ofrecieron el trabajo de chofer en el Consulado General de México, pero el sueldo se le hizo muy bajo porque tenía muchos hijos que mantener”, recuerdó.

Merced añadió que en ese tiempo el consulado estaba en el mismo lugar donde trabajaba como barrendero y debido a que el cónsul, Agustín García-López Santolla, no le gustaba que hubiera colillas de cigarros tiradas tuvo la oportunidad de ser contratado en la dependencia.

El hombre es originario del municipio de Salamanca, Guanajuato; es padre de dos hijos, Abraham de 28 años y Alejandro de 22.

Hace cuatro años Merced pudo obtener su residencia, si embargo, dijo “en dos años me hago ciudadano”.

El ejemplar empleado entró como barrendero pero, poco a poco le fueron encargando tareas de mayor importancia, como trasladar a cónsules y a sus esposas al aeropuerto e involucrase en el mantenimiento del consulado.

“Cada cónsul que salía me recomendaba con otro que entraba como persona trabajadora y de confianza. Así me hice chofer de los cónsules y sus esposas”.

El respeto que todos sentían por Merced aumentó, aún más, cuando trasformó una bodega del Consulado en una sala de cine.

El guanajuatense comentó que muchas veces no se siente seguro de poder hacer las cosas, sin embargo, son sus mismos compañeros del consulado quienes lo impulsan, en especial su amigo Antonio Rosales, que ha sido su gran aliado en el trabajo. “Entre los dos, le hemos entrado a tumbar y levantar”, dice.

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Merced posee distintas habilidades, es plomero, carpintero pintor, y construye oficinas. Hace un año recibió la noticia de que una de las salas del Consulado llevaría su nombre, “el cónsul Carlos García de Alba me dijo que invitara a todos mis hermanos y a mis hijos a la inauguración porque me iban a hacer una fiesta”, comentó.


Sin embargo, sus logros no terminan ahí,  el cónsul García de Alba le otorgó el pasado 29 de mayo un reconocimiento público durante la ceremonia de inauguración de la sala de lectura Sor Juana Inés de la Cruz.

“Estoy contento y echándole ganas. Nunca imaginé cuando vine a Estados Unidos nada de lo que me ha pasado, pero creo que me ha ayudado mucho mi disposición para el trabajo. A eso venimos a este país” comentó Merced Zúñiga.


Con información de La Opinión