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PERSPECTIVAS | Nada más estamos al borde del abismo
Luis Enrique Mercado | 6 mayo, 2019
paridad peso DOLAR

La estabilidad del tipo de cambio no reside en las decisiones de AMLO, sino en las decisiones de rentabilidad de los mercados financieros externos

López Obrador ha actuado contra toda lógica económica aún antes de iniciar su mandato, sin embargo, que el peso se mantenga estable responde a otra lógica

Todas las barbaridades económicas del presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de los mercados, de la ortodoxia económica, de los contratos suscritos por el gobierno con particulares, del Estado de Derecho están soportadas por la cotización del peso contra el dólar, ahora más barato que cuando entró.

“No pasa nada, el petate del muerto,” dicen propios y extraños cuando ven que haga lo que haga el Primer Mandatario, la cotización del peso contra el dólar se mantiene alrededor de los 19.50.

En el pasado, cuando el Presidente de la República hacía una barbaridad y más recientemente, cuando Donald Trump insultaba a los mexicanos, subía el valor del dólar; así, nos fuimos, por ejemplo, de 13 a 22 pesos por dólar. “Hay turbulencia internacional”, decían los expertos. Y hoy, que hay turbulencia nacional, el dólar se ha apreciado.

Para los amlovers eso significa que las decisiones del Primer Mandatario son adecuadas.

Pero esa no es la realidad.

López Obrador ha actuado contra toda lógica económica aún antes de iniciar su mandato cuando canceló el aeropuerto de Texcoco, que era un proyecto rentable y anunció la realización de otro aeropuerto, de un tren y de una refinería, todos proyectos sin rentabilidad, sin futuro, sin adecuados análisis técnicos.

Luego, se lanzó contra todas las reglas y las instituciones diseñadas para regular inversiones y darle rumbo a los mercados; destruyó prácticamente el sector energético al poner al frente de él a personas que no tienen la menor idea del tema; modificó a su antojo los consejos de administración de las empresas del Estado y de la banca de Desarrollo; cambió los contratos en materia de gas, cancelo la tercera ronda para los Certificados de Energía Limpia y empezó a comprar carbón para generar electricidad; cuando menos dos terceras partes de las obras públicas se asignan con el dedo.

Con todo esto, con el clima antiinversión que se ha creado, con la certeza de que las reglas del juego se pueden cambiar por un capricho mañanero, el dólar debiera costar 30 pesos.

Y está en 19.50.

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Hay dos razones para que esto suceda y ninguna tiene que ver con que el manejo económico es el adecuado.

La primera de ellas es el diferencial de tasas de interés entre México y el exterior. Los bonos mexicanos pagan en promedio cinco puntos porcentuales más que cualquier otro bono en el exterior.

El Bono del Tesoro de Estados Unidos a plazo de diez años paga 2.53% mientras los bonos mexicanos al mismo plazo pagan 8.01%.

La segunda razón es que las calificadoras no le han quitado a México en grado de inversión y mientras eso no suceda, los inversionistas seguirán comprando bonos mexicanos y con ello sostienen la cotización del peso contra el dólar.

Es decir, la estabilidad del tipo de cambio no reside en las decisiones económicas de López Obrador, sino en las decisiones de rentabilidad de los mercados financieros externos. Para decirlo en lenguaje chairo, en la avaricia de los inversionistas que ganan más con los bonos mexicanos que con cualquier otro.

Cuando eso se acabe, estaremos cayendo en el abismo.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Lis Enrique Mercado y en mi cuenta de twitter @jerezano52.

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