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Myrna Lazcano: su largo y doloroso camino a la reunificación familiar definitiva
Conexión Migrante | 7 de junio
Myrna Lazcano es un ejemplo exitoso de cómo lograr una reunificación familiar definitiva. Ahora, esta mexicana está de regreso en Nueva York y tiene un permiso de trabajo, pero lo más importante, está con sus dos hijas, Heidi y Michel.

Myrna Lazcano es un ejemplo exitoso de cómo lograr una reunificación familiar definitiva. Ahora, esta mexicana está de regreso en Nueva York y tiene un permiso de trabajo, pero lo más importante, está con sus dos hijas, Heidi y Michel.

Myrna Lazcano es un ejemplo exitoso de cómo lograr una reunificación familiar definitiva. Ahora, esta mexicana está de regreso en Nueva York y tiene un permiso de trabajo, pero lo más importante, está con sus dos hijas, Heidi y Michel. Myrna nació en la ciudad de México y creció en Puebla. A los 20 años […]

Myrna Lazcano es un ejemplo exitoso de cómo lograr una reunificación familiar definitiva.

Ahora, esta mexicana está de regreso en Nueva York y tiene un permiso de trabajo, pero lo más importante, está con sus dos hijas, Heidi y Michel.

Myrna nació en la ciudad de México y creció en Puebla. A los 20 años decidió emigrar a Estados Unidos, donde se casó y tuvo a sus dos hijas.

En su participación vía remota en el Foro Migración y Separación Familiar, Myrna Lazcano cuenta cómo luego de 15 años decidió regresar a México, con sus dos hijas, con el objetivo de que conocieran a su familia y vivieran en su estado de origen, Puebla.

Sin embargo, las cosas no salieron bien. Myrna intentó comprar una casa en Puebla, pero la defraudaron, y ahí empezó su pesadilla.

Además de recibir amenazas de muerte, su hija mayor, que en ese entonces tenía 12 años, estuvo en peligro de ser llevada por un grupo de trata de personas.

“Decidí hablar con mi esposo y contarle lo que estaba pasando. Le pedí que recibiera a mis hijas”, y así pasó. En menos de una semana, las dos niñas regresaron a Nueva York a vivir con su padre.

El 24 de noviembre de 2013, cuando ya había reunido el dinero necesario para regresar, Myrna cruzó la frontera y fue detenida por la Patrulla Fronteriza.

Los oficiales la quisieron obligar a firmar su salida voluntaria, pero Myrna había visto en algún lugar que si tenías hijos, había la posibilidad de pedir presentarse ante un juez.

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“Lo único que me mantenía era pensar que yo tenía que estar con mis hijas”, relata al auditorio reunido en el Museo Memoria y Tolerancia de la ciudad de México.

Al llevarla con un juez le asignaron una abogada judicial que le sugirió firmar su salida voluntaria; sin embargo, sabía sus derechos y se negó.

Le pidió a la abogada que le explicara al juez la solicitud de su traslado a un Centro de detención en Nueva York, para tener la posibilidad de que sus hijas la visitaran, y el juez aprobó el traslado.

Sin embargo, los oficiales nunca la trasladaron, y el 25 de diciembre de 2013 fue deportada.

“Llegué sin documentos, sin esperanzas, sin mis hijas, sin mi familia, sin dinero”, cuenta Myrna Lazcano.

Luego de estar en Nogales, Myrna regresó a Puebla a vivir a la casa de su suegra, donde vivió algunos meses. Más tarde, se fue a Tepeaca, su comunidad de origen donde consiguió trabajo en una escuela preparando sándwiches en la cafetería.

Todos le habían dado la espalda. Su familia, sus amigos, su pueblo entero la discriminaba, la rechazaba por ser “la deportada, laexpresidiaria”.

En Nueva York, mientras tanto, sus hijas empezaban a presentar problemas de depresión severa, así como problemas escolares.

Ella y su esposo decidieron pagar un abogado que, un año después, les informó que su visa humanitaria había sido negada.

APOFAM, UN APOYO FUNDAMENTAL PARA REGRESAR

Mryna relata que una comadre suya que trabajaba en la Ciudad de México conoció a una persona que le recomendó llevar su caso a la Asamblea Popular de Familias Migrantes (APOFAM).

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En una reunión con Marco Castillo, director de AMPOFAM, Myrna vio por primera vez una organización que podría ayudarla a regresar a Nueva York.

Ahí, Myrna le comentó que ya no tenía nada que perder y quería entregarse a Migración en Estados Unidos.

El 8 de marzo de 2016, Myrna aceptó participar en la Caravana por la Paz y llegó a la frontera. Ahí, con el apoyo y respaldo de la Caravana y de diversas organizaciones, cruzó la línea y fue arrestada.

“Estoy en sus manos, ustedes sabrán qué hacer”, fue lo único que Myrna pudo decirles a los oficiales.

Antes de que terminara el día, Myrna fue informada que le habían dado permiso de quedarse y reunirse con sus hijas, tres años después del inicio de su pesadilla.

Hay que luchar por los hijos, agregó Lazcano, pues la separación familiar tiene un impacto negativo del que la familia no se recupera.

Las hijas de Myrna y toda la familia siguen en rehabilitación.

Ahora Myrna está organizado un grupo llamado Movimiento de Madres Migrantes, que deberá trabajar globalmente para ayudar mujeres que han pasado por casos similares.

“Las madres debemos ser respetadas, no podemos ser quebradas por un acto misógino de un gobierno”, concluyó Myrna.

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