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Y amaneció el 22 de agosto de 2002

Nos dieron las 12 de la noche. Iniciaba un nuevo día.

Una de las chicas detenidas, Abril Alejandría, nos informó que ese día que iniciaba era su cumpleaños. Juntamos nuestras emociones y nuestras voces para cantarle, a coro, las mañanitas y la llenamos de abrazos. Desde el exterior, también se escucharon las mañanitas. Nuevamente las lágrimas asomaron por más de una cara.

A las 0:45, según consta en documento oficial del expediente, se realiza la puesta a disposición de las personas detenidas y tres minutos después, a las 0:48 el Acuerdo de Retención de Indiciados, de manera que a partir de esa hora empezaron a llamarnos nuevamente. Ahora el asunto era bajar a declarar. Pero nunca sabíamos de qué se trataba hasta que llegábamos al lugar al que nos llevaban.

En esta ocasión nos trasladaban, un@ por un@, resguardad@s entre varios elementos de la judicial; recorríamos un pasillo hacia la puerta de entrada de la judicial, bajábamos la escalera y nos encontrábamos con reflectores para videofilmación o el flash de cámaras fotográficas. En ese instante se escuchaban aplausos, porras y un coro que emocionaba en lo más hondo: “NO ESTÁN SOLOS”. Aún ahora que lo escribo, siento que mi cuerpo revive la emoción que me embargó al darme cuenta de la cantidad de personas que estaban, paradójicamente tras una reja (así los veíamos nosotros desde dentro), siendo contenidas por la policía judicial, para que no entraran… Los únicos a quienes permitieron cruzar esa puerta, hacia el interior, eran los abogados que habían venido a apoyarnos; algun@ de ell@s se acercaba a quien iba bajando y le decía: “ soy fulanit@, vengo de parte de… (el Frente, la Comisión Independiente de Derechos Humanos o del PRD), y si quieres puedo ser tu abogado”. Tod@s sentimos un gran alivio.

ANTE EL MINISTERIO PÚBLICO (MP)

Dábamos unos pasos más hacia las oficinas interiores del MP. Una vez adentro, aparte de estar acompañad@s del abogad@ “elegid@”, gozábamos de la compañía de un familiar o una persona de confianza, si es que había acudido a la Procu. Era el primer contacto con nuestra gente. Era difícil contener una lágrima que resbalaba por el rostro. Una de esas lágrimas que salen llenas de alegría.

En mi caso, me tocó entrar en ese proceso a la 1:00 de la madrugada del 22 y tuve la fortuna de contar, como mi abogada, con una gran chica conocida de años. Respecto a mi familiar, entró mi hijo. Al tenerle cerca sentí que se me encogía y agrandaba el corazón, pleno de emociones; no quería que me viera mal, no quería que se preocupara, que pensara que me encontraba en malas condiciones (a pesar de que no aguantaba el dolor del cuello) por lo que luchaba por sonreírle y mostrarme bien. La verdad es que los dolores físicos son difíciles de ocultar y unidos al cúmulo de sentimientos, es imposible permanecer impasibles ocultando las emociones. Sentí un nudo en la garganta cuando lo pude abrazar. ¿Qué sintió mi hijo exactamente? Aún no lo sé. Supongo que lo lógico en un hijo al ver a su madre pasando una situación tan difícil y sin ninguna justificación para ello. Lo único que tengo como certeza es que me dijo que él y su hermanita estaban bien, que yo no me preocupara, que si yo aguantaba, ellos aguantaban; que esto no se iba a quedar así y que la forma de enloquecer de las autoridades, debía ser detenida, que tod@s junt@s lo lograríamos. Su fortaleza y su seguridad, a sus escasos 17 años, me dieron la fuerza necesaria para enfrentar, por él y por mi hija, por todas las nuevas generaciones, esta lucha contra la injusticia y la represión. Pensé en todas las redadas que les hacen a nuestr@s jóvenes, los cateos cuando regresan de la escuela en ruta, la persecución como en el 68 en que ser joven y estudiante parecían, igual que ahora, ser sospecha grave para tratarles como delincuentes. Y si a personas adultas y en grupo nos habían hecho lo que nos habían hecho, ¿qué no querrán, podrán o intentarán hacerles a nuestr@s jóvenes, máxime cuando andan sol@s? Efectivamente había que parar esa situación de una manera absoluta. El compromiso era mucho más grande de lo que antes había sido, en todos los sentidos. Creo que la valiente conducta de mi hijo me dio un gran ejemplo.

Regresando a la cuestión de la puesta a disposición ante el MP, lo primero que este hacía era pedir que se identificaran las personas presentes. Una vez cumplido esto, procedía a levantar una Fe de Integridad Física en la que asentaba las lesiones visibles o el dolor que se le reportaba. Posteriormente, nos tomaba los “generales” y procedía a leernos nuestro derecho a declarar o abstenernos de ello por el momento. Como nadie habíamos tenido la oportunidad de hablar con l@s abogad@s previamente y a solas, ante el MP, algun@s declararon; otr@s nos reservamos el derecho a declarar posteriormente, por diversos motivos. En mi caso particular, declarar en ese momento y en estricto apego a la verdad, hubiera significado informar mi labor periodística cuestión que, según la historia que había escuchado de lo sucedido a la otra periodista detenida, quizá significaba poner en mayor peligro mi integridad física. No supuse que ello me podría servir de nada. Asumí, sin contar con la posibilidad de que la abogada me asesorara al respecto de lo que debía hacer, no declarar por el momento, para no mentirle a la autoridad al respecto del hecho de mi labor periodística. No me arrepiento de mi decisión y creo que nunca lo haré. Terminado este asunto, el MP volvía a levantar otra Fe de Integridad Física.
Al terminar ese trámite, nuevamente éramos trasladad@s a las oficinas-dormitorio-encierro. La despedida de nuestra gente se sentía como un gancho al hígado, pero creíamos que solamente sería por un rato más.

Según consta en el expediente los horarios de este proceso ante el MP, durante la madrugada del 22, fueron los siguientes: Adriana 1:00 a 2:25; a Lizbeth de 1:20 a 2:20; Nacho 1:30 a 2:15; Francisca 1:41 a 2:33; María de la Piedad 1:50 a 2:58; Óscar 2:02 a 2:50; Sayra 2:05 a 3:30; Alberta 2:40 a 3:30; Abril 2:49 a 3:39; Omar 2:55 a 3:34; Sofía 3:18 a 4:19; Arnulfo 3:00 a 4:00; Samuel 3:30 a 4:40; María 3:24 a 4:24; Abraham 3:42 a 4:11; Flora 3:50 a 5:00; Verónica 4:10 a 5:00; Estela 4:15 a 4:45; Argisofía 4:22 a 4:47; Héctor 4:34 a 5:02; Luis 4:40 a 5:05;Ramiro 5:10 a 5:35; Gabriel 5:15 a 5:40; Ángel 5:04 a 5:34; Alberto 5:30 a 6:10; Pietro 5:45 a 6:05; Xavier 5:19 a 5:49; Jesús 5:50 a 6:05; Mariano 5:55 a 6:20; Miguel Ángel 6:08 a 6:30; Charles 6:02 a 6:35.

Es interesante e importante señalar que en los documentos de Fe de Integridad Física, de l@s 32 detenid@s, en 12 quedan asentadas Lesiones Visibles; en 11 se señala que se Refiere Dolor y solamente en 7 no hay ni lo primero ni lo segundo.

Siguiendo con el relato, hay que decir que mientras cualquiera estaba ausente, l@s demás no estábamos tranquil@s hasta que les veíamos regresar, lo cual duró toda la madrugada.

Según fuera el caso, antes de declarar o al regreso, entre las 4:00 y las 5:00 de la madrugada, nos iban llamado para que asistiéramos al baño a llenar un frasco con orina para hacernos pruebas de laboratorio, atendiendo un oficio de la Procuraduría en que se indicaba que se nos realizaran exámenes toxicológicos y antropometría (que no tiene hora de girado pero sí fecha del 22) Me parece importante señalar que lo del oficio, al igual que los datos inscritos en diversos documentos, los conocí cuando tuve acceso al Tomo I del expediente, pues nunca nos los enseñaron en su momento.

Cuando me tocó el turno, un judicial designó a la mujer que me había agredido y lesionado, para que me acompañara al baño. En una fracción de segundos pasó por mi mente el pensamiento de que sí me había lesionado frente a tantas otras personas, qué no sería capaz de hacerme las dos a solas. Obviamente respingué negándome a que fuera ella la que me acompañara. Torció la boca, en una media sonrisa cínica, pero se quedó muy atenta de los números que el médico escribía en cada frasco para identificar las muestras. Me asignaron a otra persona de la Procu para que me acompañara. Después de salir de declarar y tras las pruebas de laboratorio, nos tomaron huellas digitales y foto.

A Nacho (Ignacio Suarez Huape, QEPD), después de haber estado en alguna oficina diferente, lo trasladaron a la oficina cuya puerta quedaba justo enfrente de nosotras, de manera que pudimos intercambiar algunas palabras con él y, por supuesto, le preguntamos en qué condiciones se encontraban los demás detenidos, pero no sabía mucho pues lo mantuvieron aislado. No nos quedaba claro porqué le habían separado del resto del grupo de hombres pero sentimos alivio de ver a uno de ellos.

VISITA AL HOSPITAL

Para las 2:30 am se indica que se gire oficio para valorar las lesiones de Lizbeth; sin hora señalada se gira el oficio; a las 2:35 se indica procedente girar oficio al Director del Hospital para proporcionarle atención médica de urgencia; a las 4:25 reciben en la PJ el oficio para designar custodios que la acompañen en el traslado al Hospital. En mi caso, a las 3:00 de la madrugada el MP indica al Médico Legista que se practique examen psicofísico y clasificación de lesiones en mi persona; a las 4:00 am se realiza el documento de Acuerdo para enviarme al Hospital.
Todo ello implicó que poco antes de las 6 de la mañana, nos condujeron a ambas hasta una ambulancia. A Lizbeth (que es una de las chicas con quien había ido en la pick-up a la hora de la detención) la tuvieron que cargar los paramédicos pues tenía mucha dificultad para caminar por el fuerte dolor en cadera y piernas. Yo caminaba lento, sosteniéndome el cuello con un suéter, ya que en cada paso me retumbaba incrementándose el dolor. Salimos en ambulancia rumbo al Hospital General “J. G. Parres”, seguidas de una pick-up, con tres judiciales, encargados de nuestra custodia. Un coche salió volando atrás. En un momento en que la pick-up se hizo a un lado para pasar un tope (por cierto que con cada tumbo de la ambulancia sentía un intenso dolor en el cuello), el coche que nos seguía quedó justo atrás de la ambulancia. Por la ventanilla posterior alcancé a ver que quien lo manejaba era mi hijo. La pick-up se le cerró bruscamente. Brinqué del susto pensando en que intentaban sacarlo del camino. Dentro de la ambulancia grité de quién se trataba. Afortunadamente la pericia de manejo de mi hijo resolvió la situación y volvió a dejar pasar a la pick-up delante de él. ¿Pensarían los judiciales que un chavo sólo en un coche iba a “rescatarnos” de sus garras? ¿Quizá se imaginaban que las dos lesionadas íbamos a saltar de la ambulancia en una escena absolutamente peliculesca? ¿A qué le tenían tanto miedo? ¿Cuál era su consigna?

Llegamos al hospital. Al bajar de la ambulancia le di un fuerte abrazo a mi hijo. Los judiciales nos ordenaron separarnos. Entramos escoltadas por esos guardianes, una en silla de ruedas y caminado despacio la otra. En el área de emergencias esperamos cerca de una hora a que la doctora de turno tuviera tiempo de atendernos. Se acercó uno de los judiciales y nos preguntó qué era lo que nos había pasado. Empecé a contarle sobre la brutal represión y el violento recibimiento en la Procu. Le platiqué lo que ya había escuchado de Lizbeth, mientras ella asentía con la cabeza: Resulta que ella esperaba, con su mamá y su hermana, a que llegara el papá para ir a comprar algunas cosas a Plaza Cuernavaca, cuando llegaron todos los elementos policiacos y empezaron a golpear y destrozar todo. Ella no entendía que pasaba. Se le abrazó a un policía pensando que la iba a proteger de aquel caos y lo que recibió fue el maltrato suficiente para causarle las lesiones que tenía. Respecto a mi le conté de la mujer que en la Procu me había lesionado.
El hombre abría los ojos sorprendido. De una cara de indiferencia fue pasando a una de incredulidad, para finalizar meneando la cabeza en acto de desaprobación. Terminó diciéndonos que no era posible que hubiera elementos policiacos que se comportaran de esa manera. Le dije que yo pensaba lo mismo hasta que me tocó verlo con mis propios ojos.
Pasadas las siete de la mañana nos atendió la doctora y nos mandó, a ambas, a que nos tomaran placas radiográficas. El radiólogo apareció cerca de las 8 de la mañana, regañándonos, por no haberlo despertado y diciéndonos que nos apuráramos o que tendríamos que esperar hasta las 10 de la mañana, hora en que entraba el siguiente turno, que por él no había problema. Con muchas dificultades, por las lesiones y molestias que teníamos, pudimos cumplir sus indicaciones. Realmente su estilo “humanitario” era de sorprender.

Regresamos con la doctora, placas en mano. Inocentemente nos preguntó cómo nos habíamos lesionado y, en coro, le contestamos que no nos habíamos lesionado sino que nos habían lesionado elementos policiacos. Volteó a vernos con cara de asustada. Verificó en las radiografías que no hubiera lesión en hueso y bajó la mirada hacia la máquina de escribir. A ambas nos recetó un fuerte analgésico, que procedió a inyectarnos, y un tratamiento de seguimiento médico necesario.

Salimos del consultorio y me encontré a mi madre, que tenía una cara de angustia y preocupación como la que solamente una madre sabe tener pero, al mismo tiempo, acompañada de un apoyo absoluto que me transmitió una gran calma. Sé que no debe haber sido nada fácil para ella.

Tuvimos que esperar una media hora para que llegara una ambulancia para trasladarnos nuevamente. Fue un tiempo precioso que pude aprovechar para platicar con mi madre y tranquilizarla (o al menos esa fue la intención y eso creí que lograba). Para salir, tuvimos que pagar las radiografías que nos habían tomado. Igual que habíamos llegado, nos fuimos de regreso a la Procu.

OTRA VEZ EN LA PROCU

Cuando llegamos, las demás compañeras detenidas estaban preocupadas por nosotras. Nadie les había dado ninguna información durante nuestra ausencia. Encontramos la misma situación de antes de salir: Cero derecho a llamadas, todas en el mismo “leve espacio”, nada de noticias sobre la situación de los compañeros detenidos.

Se acercó a la puerta un pequeño que ofreció traernos jugos y algo de comer. Inmediatamente hicimos pedidos y sacamos dinero, incluso para pagar algo para quienes no traían lana. Regresó a los pocos minutos y nos supo a gloria lo encargado. Cuando intentamos encargar algunas cosas más, un judicial jaló al chico y no le volvieron a permitir que se acercara a nosotras.
Con un jugo de naranja y las más afortunadas un tamal en el estómago, tras más de veinte horas de haber probado el último alimento, seguimos platicando.

Algunas empezaron a narrar que en sus declaraciones habían dejado muy en claro que ellas no eran del Movimiento por el Casino de la Selva, que simplemente habían coincidido en el lugar y el momento de la represión. Todas ellas tenían la misma sensación: que a nadie le importaba eso y que no lo habían tomado en cuenta, al menos hasta ese momento.

La inyección que me habían puesto en el Hospital no acababa de hacer efecto. El dolor seguía bastante intenso, cuando llegó a “visitarme” un conocido. Supongo que entre el dolor, el no haber dormido, el pensar en mis hijos y mi familia, aunados a la creencia firme de que toda esa pesadilla estaba a punto de terminar, le pedí que le dijera a quien correspondiera, mi calidad de periodista para salir a la brevedad. Supuse que si él lo informaba a las autoridades superiores, entonces mi integridad física no estaría en problemas y que la indicación de dejarme salir, llegaría un par de horas antes que la de l@s demás.
Cuando el tiempo pasó sin que sucediera lo que imaginaba, supuse que ser periodista, para estas autoridades, no era un motivo para que me dejaran salir. Jamás había estado en una situación similar y no podía saber cómo funcionan ese tipo de cosas. Cuando se retiró, escuchamos que desde la oficina más cercana, donde se encontraban concentrados cerca de 10 elementos policiacos y uno de los detenidos, salía el sonido de un televisor en el que estaban pasando las noticias. Varios de los elementos reían a carcajadas cual si estuvieran viendo una película cómica. Le pedí a uno de los judiciales que se encontraban a la puerta, de nuestro pequeño espacio, que nos permitiera a alguna de nosotras acercarnos para ver la tele. Contestó que seguramente su jefe no lo permitiría. Seguí insistiendo hasta que logré el permiso.

Parada en la puerta de esa otra oficina, pude ver algunas de las imágenes de la detención. Todas reproducían la brutalidad de que habíamos sido objeto. El sonido de fondo era bastante caótico, con lo que entendí el porqué, durante la detención, los mismos elementos policiacos se habían encargado de armar todo un escándalo: era obvio que se trataba de una orden girada de antemano de que se escuchara un caos que les pudiera ayudar a mentir diciendo que las personas detenidas nos habíamos resistido o hasta les habíamos agredido de alguna manera. A cada momento que pasaba, con cada nueva información, sentía que se hacía más claro el rompecabezas.

Regresé a la oficina con las demás mujeres y les informé lo poco que había podido ver y escuchar del noticiero. Comentamos que a todas nos habían sorprendido las risas de los judiciales mientras veían las noticias. Quizá se sentían a gusto con sus acciones y el hecho de salir en la tele, sin importarles haciendo qué.

Un rato después el calor empezaba a sentirse, por el pegar del sol directo a la ventana de la oficina. Lo comentamos en voz alta y, a los pocos minutos, un judicial nos llamó, a cinco de nosotras, a la puerta y nos condujo a otra oficina. En esta ocasión se trataba de la oficina que tenía, en la puerta, el letrero de “delitos sexuales”. Era una oficina por la que no se podía ver lo que sucedía al exterior de la procuraduría. El espacio era similar al anterior pero con un solo escritorio, un librero, un archivero, dos sillas (una para el escritorio y una aparte), un televisor y un sillón de tres plazas frente al escritorio y el televisor. En la silla del escritorio estaba sentado un hombre. Al fondo del sillón, otro. El que nos condujo a ese sitio nos ordenó que nos sentáramos. Cuando una de las mujeres se dirigió hacia el sillón, el hombre que se encontraba sentado en este se paró bruscamente golpeando el escritorio con un cuchillo que tenía en la mano mientras le decía algo a la mujer. Ella le respondió que se iba a sentar. El levantó la voz y le dijo que no le contestara. Salió del área del sillón y parándose frente a nosotras nos dijo: “aquí se van a estar absolutamente calladas, no pueden hablar entre ustedes y se van a quedar quietas, sin moverse”, agregó que eso era una oficina y que debíamos respetarla. Le dije que no había razón para prohibirnos hablar y que nosotras no habíamos pedido estar allí. Visiblemente molesto salió de la oficina. Pasados unos minutos nos dimos cuenta de que la intención era dividir al grupo de las mujeres, cuestión que nos preocupó pues estaríamos más aisladas que antes. Un rato después regresó a vernos el elemento que nos había conducido a ese lugar y le dije que no estaba de acuerdo con el trato que nos había dado el otro elemento. Pidió que siguiéramos las indicaciones y estuviéramos tranquilas. Yo pedí que me regresaran a donde estaba antes.

Regresé a la oficina con las otras mujeres que, por cierto, ya se empezaban a angustiar por la división física que se había hecho. Les expliqué donde estaban las demás y que a mi me había parecido que era mejor regresarme con ellas.

No pasó demasiado tiempo cuando regresaron, con nosotras, a las demás compañeras. Eso fue para trasladarnos de lugar a todas juntas. Se trataba de la primera oficina en la que nos habían tenido encerradas. Allí nuevamente nos encontramos con todos los hombres detenidos con los que, por un breve rato, pudimos compartir historias.

Sería como la una de la tarde cuando nuevamente nos movieron de lugar: ahora a los separos. En el expediente aparece un Acuerdo, de las 11:22 de la mañana, para trasladarnos a esa área. A las 12:37 se realiza Acuerdo de notificación de boleta para internos en los separos y el oficio de traslado señala como hora de recibido las 12:40.

EN LOS SEPAROS DE LA PROCURADURÍA

Nuevamente nos hicieron recorrer el camino de la escalera por la que habíamos ingresado la noche anterior. Como nunca nos decían de qué se trataba el asunto, algunas creímos que al fin íbamos a salir, pero en lugar de tomar camino hacia la pequeña puerta de entrada, al bajar la escalera, nos condujeron a otra puerta interior en la planta baja. El impacto fue fuerte cuando nos dimos cuenta de a dónde éramos conducidas. Nuevamente nos invadió el medio. Nos pasaron, primero, a un pequeño patio, donde nos dejaron varios minutos. Después, la llamada para entrar a una especie de oficina, donde nos hicieron formarnos y empezar a quitarnos relojes, pulseras, aretes, collares, agujetas, lo que trajéramos en las bolsas de pantalón o blusa y pasar a un escritorio para entregarlas junto con las bolsas de mano, que algunas traían, con todas sus pertenencias. Lo que cada una entregaba era colocado en una bolsa de papel y/o plástico; en una pequeña hoja escribían qué pertenencias entregábamos, le ponían nuestro nombre y sellaban con grapas. Mientras íbamos pasando a ese trámite, se nos acercó un hombre que nos dijo que estuviéramos tranquilas, que allí estaríamos en manos del MP en lugar de estar en manos de la policía judicial. Que veríamos que el trato iba a ser muy distinto y que estaríamos mejor.
Una vez que cada una entregaba sus pertenencias, era conducida hacia una primera reja, tras la que se encontraban 6 celdas. La del fondo nos tocó a las mujeres.

Nos encontramos con la buena noticia de que los hombres detenidos también habían sido conducidos a los separos. A ellos les dividieron en dos de las celdas, separadas entre sí. El alivio fue muy grande al verlos y saber que, dentro de lo que cabe, estaban bien y que de alguna manera podríamos tener comunicación.

Mientras íbamos pasando a nuestra celda, ellos nos sonreían, aplaudían, echaban alguna miniporra o decían unas palabras de apoyo. La solidaridad era tan impresionante que a nuestro custodio pareció molestarle. Empezó a callarles y callarnos. Nos dijo que no podíamos hablar con ellos. Obviamente no hicimos caso y en cuanto estuvimos instaladas, algunas nos paramos al interior de nuestra reja y empezamos a platicar con los de la celda vecina.

El lugar que nos asignaron, a las mujeres, tiene cuatro camas de cemento (literas), dos en una orilla y dos en la otra. Ninguna ventana, y una reja de acceso. Supongo que está pensada para un máximo de cuatro detenid@s. Nos acomodamos nuevamente, las trece, como pudimos. Las celdas de los compañeros eran similares y les tocó alrededor de 10 en cada una. Dos de las otras celdas, se encontraban ocupadas, cada una con un hombre.

Al quedarnos sin relojes y con una visión limitada de la luz del exterior (que medio percibíamos por la ventana de la celda que nos quedaba junto y que daba al patio), realmente perdimos la noción del tiempo. Bromeábamos sobre cuál sería la forma de realizar un reloj de sol que sirviera con la luz del foco. El humor volvió a ser el arma para soportar lo que sucedía.

Allí nos enteramos del nombre de todas y cada una de las detenidas, que pongo en estricto orden alfabético: Abril, Adriana, Alberta, Argisofía, Estela, Flora, Francisca, Lizbeth, María, María de la Piedad, Sayra, Sofía y Verónica. (Según mis cálculos, 1 era de 19 –la que cumplió años ese día-, 5 eran veinteañeras y el resto de más de 40) Nos fuimos conociendo un poco más.
El médico del área se acercó a “hacernos un examen médico”. Y lo pongo entre comillas porque conforme se aproximaba a cada una de las rejas de cada celda, verificaba que estuviera echado el candado o el mismo lo cerraba y así, reja de por medio, nos fue preguntando a cada un@ nuestra situación médicamente hablando. Le explicábamos las lesiones y dolencias que teníamos y, en algunos casos, nos solicitaba que se las enseñáramos si es que eran visibles. En una hoja blanca, a un lado de nuestro nombre, anotaba algo que no alcanzábamos a ver. A eso se concretó esta nueva “atención” médica. Afortunadamente, nos la íbamos arreglando sol@s con los primeros auxilios que nos aplicábamos aunque se limitaran, en la mayor parte de los casos, a lavarnos perfectamente con agua (sin jabón ya que no teníamos), a darnos un pequeño masaje cuando ello era lo apropiado o a una pequeña sesión de Reiki por quienes saben hacerlo. De ahí en más, seguíamos en la misma situación de no contar con una verdadera atención médica que por supuesto era muy necesaria en más de un caso. Respecto a medicamentos que le solicitamos nos respondió, de forma tajante, que el área no disponía más que de aspirinas, que si eso nos servía nos las podía proporcionar limitadamente, pero que era lo único que podía hacer por nosotr@s. Nos sugirió que mejor se lo solicitáramos a nuestr@s visitas.

Pero en fin, la buena noticia es que tuvimos oportunidad de empezar a recibir, en rejillas, la visita de familiares y amig@s, claro, siempre y cuando ellos exigieran vernos. Al menos, ya que seguíamos sin poder realizar las llamadas telefónicas a las que por ley tenemos derecho, esta fue una opción de comunicación con el exterior.

Recibíamos el grito de nuestro nombre dado desde el área de oficinas. Nos parábamos como resortes y levantábamos la mano para que vieran quién era la persona nombrada.

Si no estaba puesto el candado de la celda, podíamos abrirla, recorrer el pasillo hasta la otra reja de acceso, que ellos abrían con desgano, y de allí nos conducían a rejillas. Cabe señalar que, al principio, las puertas de cada una de las celdas se mantenían con el candado cerrado, por lo que cada vez que alguien tenía que salir, ya sea a rejillas o al baño, los celadores tenían que abrirlas y, de tiro por viaje, no sabían cuál era la llave que correspondía a cada candado y tenían que probar cerca de 10 en cada ocasión. Una de las veces, una de las compañeras les sugirió que les pusieran un masking que les indicara qué candado y qué llave hacían pareja o bien un punto de un color en cada pareja para poderlo saber de inmediato. Pero ni siquiera ese tipo de consejos parecían gustarles.

Recordé el caso del terremoto del 85 en que por estar encerradas, personas como las costureras, habían muerto por no poder salir del edificio. Pensé en qué harían aquí en caso de una emergencia similar. El caso es que cada vez que un@ era llamad@, nos circulábamos mensajes para que se repartieran afuera a nuestr@s familiares o amig@s. Uno de ellos, que repetimos en más de una ocasión, fue la solicitud urgente de que alguien fuera a ver la situación de los hijos de Estela y su compañero (ambos detenidos más injustamente que nadie pues su único delito es trabajar en el contenedor de basura que se ubica a un costado de los patios de la estación, zona donde habitan, y a donde se dirigían cuando fueron apresados sin que les tomaran jamás en cuenta esta explicación) pequeñ@s que se encontraban solos y sin alimentos, suponíamos, en su casa. Se trata de 6 pequeños de entre 10 y un años de edad. El menor, con un problema de salud delicado que requiere atención especial.

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NOTICIAS DEL EXTERIOR

Cuando regresaba quien había sido llamado a rejillas, nos informábamos las noticias frescas que se habían recibido del exterior: Que si estaban muy preocupad@s por nosotr@s; que si por la noche, antes de que nos bajaran a declarar, la gente reunida en el exterior de la Procu (cerca de 200) había querido sacarnos aunque fuera a la fuerza, pero que se había impuesto la cordura y las ganas de que quedáramos en libertad absoluta y legalmente; que si la Procu había decidido el traslado a los separos en razón de que tenían miedo que hoy la gente llegara por nosotros porque había una manifestación convocada a las 4 de la tarde en la que esperaban se juntaran cerca de 1000 personas; que las escenas de la represión habían pasado en tales canales de televisión; que López Dóriga había planteado, al final de lo mostrado: “pues usted dirá si esto es justicia”; que medio mundo estaba reaccionando con mucho enojo ante las imágenes vistas, aún personas que no conocían a nadie de l@s detenid@s; que la solidaridad era maravillosa y sobrepasaba todos los cálculos imaginables; que la prensa vendida a las autoridades no había sacando casi nada pero que la información, aún así, corría como el cauce de los mejores ríos; que La Jornada era la única que informaba la verdad y que, por ello, estaba siendo saboteada su distribución, se asumía que por las autoridades.

El ánimo se nos elevaba cada vez más con cada noticia recibida. Parece que las mejores medicinas, en esas circunstancias y tal vez en cualquier otra, son la solidaridad y la información. Al menos así lo vivíamos nosotr@s. Aprovechábamos cada una de esas visitas para mandar algún mensaje especial o para solicitar cosas específicas: árnica, los medicamentos que nos habían recetado, comida especial para quienes tienen algún régimen alimenticio señalado, cobijas por si teníamos que pasar allí la noche (cuestión que no creíamos posible), cepillos de dientes, jabón y papel de baño, entre otras.

Los celadores terminaron hartos de estar abriendo y cerrando los candados y decidieron, al menos por un rato, siempre y cuando no entrara el médico o algún funcionario, dejarlas sin candado, siempre y cuando nos comprometiéramos a mantener las puertas cerradas si no íbamos a salir en ese momento (al baño o a rejillas) Creo que jamás les había tocado un grupo de detenid@s que fueran tan solicitad@s del exterior.

Francisca (una de las detenidas) invitó al grupo de mujeres a que hiciéramos una oración. Las que quisimos nos sentamos en un circulo, en el área central de la “crujía” y nos tomamos de las manos. Francisca pidió a Dios que todo saliera bien, que nos ayudara a salir de este difícil trance que no merecíamos.

ALIMENTOS SOLIDARIOS

En ese rato nos llegaron, a la “crujía M” (como denominábamos nuestro espacio en recuerdo de lo leído sobre Lecumberri respecto a presos políticos pero además, en este caso, era M por Mujeres) unas tortas, frutas, yogurt, agua y alguna cosa más. Especialmente recuerdo tres trastes de plástico: uno con un delicioso espagueti, otro con unas sensacionales albóndigas en caldillo de jitomate y el último con una sabrosa agua de sabor. Nos emocionamos mucho al abrirlos pero nos ganó la risa al darnos cuenta de que no teníamos un solo plato, cubierto o vaso para poderlos distribuir y comer; ya no digamos algo en qué calentarlos. Aún así, después de ir, una por una, a lavarnos las manos, las “atrevidas”, metimos los dedos para tomar las albóndigas y tiritas de espagueti. Nos reíamos al vernos comer de esa forma y comentábamos que nuestras mamás nos hubieran regañado por ello. Al reír por ello, el celador nos gritó: “cállense, no están de vacaciones, no están de pic-nic”, y la verdad es que eso nos dio aún más risa.

Siempre le encontrábamos cosas positivas al asunto y le agregábamos unas gotas de “tónico del humor”. Con ese condimento todo sabe mejor.

También nos llegó una bolsa con tortas y sandwiches, mucho más fáciles de comer. El “banquete” solidario nos supo a gloria.
A pesar de ser una de las tantas restricciones impuestas en el área, quienes fumamos, pudimos cumplir con la frase que dice: “después de un taco, un tabaco”. Mismo que nos compartíamos ante la situación de no tener demasiados y el respeto a quienes no fuman.

Además, nos llegó una bolsa en la que se leía, señalado con marcador: mujeres. Nos repartimos democráticamente el contenido, igual que con todo lo demás; lo chistoso de ese caso es que a parte de un poco de comida, incluyendo unos ricos bombones, chicles y dulces, encontramos un par de jeringas desechables nuevas. No sabíamos de qué se trataba, hasta horas después en que supimos que las habían mandado con todo y el medicamento recetado por la doctora del Hospital Parres. Nadie supo donde quedó el medicamento, así que las jeringas no sirvieron casi de nada; y digo casi porque decidimos dárselas al doctor del área para que si después aparecía el medicamento, nos lo inyectáramos. Pero como nunca llegó, sirvieron para aumentar el material médico del área.

Es chistoso pensar que hayan dejado pasar las jeringas sin medicamentos, pero lo que más llama la atención es que nuestra inocencia nos hizo dárselas al doctor pues no le veíamos ningún caso a conservarlas. Esa es la “mente de delincuentes” que tenemos.

UNA VISITA ESPECIAL

Recibimos la visita de una Diputada del PRD a la que acompañaban, obligatoriamente para que nadie hablara a solas con nosotr@s, algunos funcionarios de la Procu, quienes agrandaban las orejas para no perder detalle de la plática que sosteníamos con ella. La Diputada pudo constatar el hacinamiento en que estábamos y nos preguntó las condiciones en que nos encontrábamos. Le informamos, nuevamente con todo detalle, tanto nuestra situación médica como las violaciones de nuestros derechos humanos básicos.

Por ahí de las 5 de la tarde se acercaron unas personas a preguntarnos nuestro “modus vivendi”. Nos iban entrevistando a un@ por un@ de las presentes y nos hacían algunas preguntas, las que recuerdo fueron: cuanto gana a la semana, cuantas personas mantiene, su casa es propia o rentada.

UNA “VECINA” DE ACTITUD EXTRAÑA

Por ese rato llegó, a una celda que estaba vacía y contigua a la nuestra, una joven. Su actitud era muy extraña. Se nos quedaba mirando fijamente, siempre y cuando no la volteáramos a ver directamente. Nos llamó la atención que, inusualmente, ella si conservaba sus aretes (cuestión supuestamente prohibida por el “reglamento” para detenid@s). Uno de los guardias, en más de una ocasión, se acercaba a su celda, ya sea por la reja de acceso o bien por la ventana que daba al pequeño patio interior. La impresión que tuvimos fue que se trataba de una “oreja”, enviada especialmente para que escuchara lo que comentábamos.

LA MANIFESTACIÓN DE APOYO

Creo que cerca de esa misma hora fue cuando tuvimos una indicación de que había mucha gente afuera. Resulta que, sin razón aparente, el “simpático y amable” custodio del área le subió a la televisión todo el volumen. A algun@s nos pareció extraño, lo comentamos, y la conclusión a que llegamos es que intentaba hacer que no escucháramos el sonido del exterior pues la televisión constituía una barrera intermedia en la vía de acceso del sonido a nuestra área. Además, repentinamente, se suspendió el flujo de visitas, así como el de envíos solidarios del exterior (aunque ya habíamos recibido, para ese momento, más comida, suéteres y varias cobijas que generalmente no sabíamos quien mandaba y que nos repartíamos entre tod@s, como ya mencioné, con un sentido absolutamente democrático y solidario).

Por esa hora, desaparecieron de nuestra vista, por un rato largo, tanto Francisca como Lizbeth. Ninguna sabíamos a dónde habían ido. Alguien nos dijo que Lizbeth estaba en el consultorio médico.

Para las 19:40 horas, según consta en documento, se realizó el Acuerdo sobre las fianzas designadas y se inscribe a las 20:30 horas la Constancia de que se llamó a rejillas para notificar el Acuerdo sobre las mismas. El asunto es que entre esos dos horarios señalados, nos llamaron a tod@s para que acudiéramos a rejillas. Incluyendo a Lizbeth y a Francisca que habían regresado.

Al irnos acercando, a esa área, empezamos a escuchar los importantísimos gritos de “No están solos”, así como aplausos y los nombres de algun@s de nosotr@s. Nos ubicamos l@s 30 que continuábamos detenid@s, en las dos pequeñas rejillas que miden cerca de 1.50 por 2.00 metros. Fuera de las rejillas pudimos distinguir entre unas 50 personas que se encontraban dentro de la oficina del MP, a algun@s de nuestr@s abogad@s defensores, algun@s familiares y amig@s.

Por los gritos que llegaban del exterior nos era claro, a pesar de lo oscuro que estaba afuera y que las luces de la oficina se reflejaban en los vidrios que daban a esa parte impidiéndonos la visibilidad, que había muchas personas reunidas apoyándonos.

AL FIN NOS ENTERAMOS DE QUÉ SE NOS ACUSABA

Hacinad@s y acalorad@s, escuchamos el Acuerdo. Fue en ese momento en el que nos enteramos de los delitos de que se nos acusaba, ya fuera a un@s, a otr@s o a tod@s: Sabotaje, asonada o motín, apología del delito, resistencia de particulares y desobediencia, lesiones, ataques a las vías de comunicación y medios de transporte.

Nos volteábamos a ver azorad@s. Algun@s jamás habían escuchado, siquiera, que esos delitos existieran. Otr@s, los conocíamos de oídas por historias que se remontan a más de 30 años cuando la época del 68 en que fue la única ocasión en que se utilizaron. Ningun@ dábamos crédito a lo que escuchábamos, ni en el caso de los delitos ni, mucho menos, respecto al monto fijado de las fianzas: 20 mil, 40 mil y 100 mil, según fuera el caso de las acusaciones y delitos imputados.

El murmullo que había iniciado al empezar a escuchar el Acuerdo, fue creciendo hasta convertirse en gritos de protesta, tanto por nuestra parte, como por parte de quienes nos apoyaban y escuchaban dentro de la oficina, cuestión que se contagió hasta la gente que se encontraba al exterior. El grito más fuerte que surgió, desde afuera, fue: “Presos políticos libertad”.

La situación nos quedaba bastante clara: no se trataba de nada que en realidad se hubiera hecho, sino en un desesperado acto de las autoridades para parar, a como diera lugar, un descontento social respecto a una sospechosa decisión tomada por ellos de que Costco se construya, “contra viento y marea”, en el predio del Casino de la Selva. Todo era un teatro del absurdo, que incluía la brutalidad policiaca injustificada y la violación a todos nuestros derechos humanos y legales; la obra pasaba, en su segundo acto, a la invención de delitos y fianzas fijadas en proporciones irreales, hasta llegar a un cierre de la impartición de la injusticia en su más grande escala; el final, era incierto.

La reacción, de la mayor parte de nosotr@s, fue inmediata: al no aceptar ninguno de los delitos imputados, mucho menos aceptábamos las absurdas fianzas impuestas.
La cara del MP, que nos leyó el Acuerdo, se desencajó. La cara de nuestra gente, se iluminó ante nuestra respuesta, al ver la firmeza de actitud que sostuvimos. Nuestras caras, reflejaban desconcierto que se fue convirtiendo en ira.

Una vez que le notificamos nuestra decisión, se retiró el MP y, durante escasos minutos, se pudieron acercar nuestr@s abogad@s. Nos dijeron que no nos preocupáramos, que eran absurdos los cargos que se nos querían fincar al igual que las fianzas; que harían todo lo posible por modificar ambas cuestiones. Nos comunicaron que teníamos hasta 72 horas, a partir del momento de la detención, para solucionar el asunto; que había tiempo suficiente para hacer lo que fuera necesario. La mayor parte nos empezamos a retirar, rumbo a nuestras celdas, con la confianza de que habíamos hecho lo correcto. No somos delincuentes en ningún sentido y, mucho menos, de sabotaje y demás acusaciones absurdas. Dos que tres se quedaron a hablar con sus abogad@s. En uno de los casos lo que hicieron fue ponerse de acuerdo para solicitar una reducción del monto de las fianzas.

Al volver a nuestras “crujías”, empezamos a explicarles a l@s demás, según entendíamos, lo que significaba cada uno de los delitos mencionados, lo absurdo de las imputaciones y, por último, la razón para no aceptar pagar las fianzas por los motivos ya mencionados. Había muchas preguntas y comentarios por parte de tod@s.

Nuestro “custodio” insistía en callarnos. Nosotr@s insistíamos en no hacerle caso ante tantas cosas que había que comentar.
Había angustia ante la visión de lo que eran capaces de inventar las autoridades, con tal de intentar detener esta lucha. Varias empezaron a llorar, la desesperación las invadía. Les preocupaba, entre otras cosas, de dónde podrían sacar el dinero para pagar las respectivas fianzas. Pensaban y decían que seguramente se iban a quedar detenidas mucho tiempo por la falta de dinero.

En un intento de tranquilizarlas les ofrecí que si de mi dependía, sería la última de nosotras en salir, pues no podría sentirme tranquila conmigo misma de ver que alguna se quedara adentro sola en las circunstancias de violencia psicológica a que estábamos sujetas. Les dije que de la lana no se preocuparan que ya se vería que hacíamos, pero que eso no sería impedimento para que alguien no saliera. Una vez que volvieron a sentir algo de calma, nos dimos el chance de cenar parte del “banquete” de alimentos solidarios que aún teníamos.

Francisca y Lizbeth volvieron a ausentarse. Hasta horas después supimos que habían salido “libres”. Los Acuerdos de libertad, de ambas, señalan que fueron elaborados a las 18:30 en el caso de Lizbeth y las 18:45 en el caso de Francisca.

Las que nos quedamos, a coro entre quienes las sabíamos, empezamos a cantar algunas canciones o los cachos que recordábamos, por supuesto modificándoles un poco la letra, para ajustarlas a las circunstancias. “Venceremos” fue una de ellas: “… sembraremos las tierras de gloria, ecologista será el porvenir, todos juntos seremos la historia, a cumplir, a cumplir, a cumplir…”. También cantamos “puedo morir como nací, sabedlo, pura sencilla y optimista, de pié sobre la tierra como un árbol, defendiendo el Casino de la Selva, defendiendo el Casino de la Selva”; abrí sobre la tarde mi ventana y me sentí un diestro paisajista o que bello es pintar para la vida, pintar para la lucha ecologista, pintar para la lucha ecologista…”

Quizá, aún más enojado por ello de lo que usualmente estaba, el guardia nos advirtió que teníamos hasta las 10 de la noche para ir al baño quienes quisiéramos pues, a partir de esa hora y hasta las 7 de la mañana, cerraría cada una de nuestras celdas sin que pudiéramos tener acceso al baño. Por supuesto que protestamos sin lograr que hubiera ninguna modificación al planteamiento-amenaza, que se cumplió tal cual, claro que solamente para l@s detenid@s polític@s, pues para nuestros tres vecinos de encierro (los dos hombres y la extraña mujer acusados uno de robo de vehículo, otro de secuestro y la demás nunca supimos de qué, si es que de verdad estaba acusada de algo y no era oreja) las puertas de sus celdas permanecieron todas esas horas sin candado y, por lo tanto, con libre acceso al sanitario. Por lo visto les parecíamos más peligrosos que personas detenidas por ese tipo de delitos. Supongo que tienen que ver con que no sabían controlar nuestros sentimientos de libertad que, aún a pesar de las rejas, demostrábamos de más de una forma. Pero bueno, antes de que pusieran los candados aprovechamos para ir al baño y llevar hacia allá la basura que se había generado durante el día que, mayormente, consistía en cáscaras de frutas y servilletas sucias.

L@s fumadores, gozamos de la felicidad de compartirnos unos cigarros que le habían entregado a uno de los compañeros.
Dentro de nuestra celda, definimos un pequeño espacio como “comedor” y allí acomodamos los alimentos que nos sobraron. Las demás pertenencias quedaron bajo una de las “literas”. Una a una (seis en las 4 seudo camas con una cobija doblada para que sirviera de colchón a la vez que tapara encima; cinco acostadas en el área central con un par de cobijas como colchón y otro par encima; una sentada y otra debajo de la “litera”, que no estaba ocupada con pertenencias, con un sleeping), nos fue venciendo el cansancio e invadiendo el sueño.

Los compañeros detenidos, también se acomodaron como pudieron pues, como ya mencioné, estaban cerca de 10 por celda lo que daba un total de 8 “camas” para 20.

En el exterior
ALGO DE LO QUE CIRCULÓ ESE DÍA

CNI en línea
Desalojo en Casino de la Selva deja 33 detenidos
Al menos 33 personas fueron detenidas durante el desalojo de manifestantes. El coordinador general de la Policía Ministerial, manifestó que se fincarían los cargos de ataques a las vías de comunicación, resistencia a particulares, provocación a cometer un delito, asonada y sabotaje. La CEDH y la CIDH dijeron que había menores y que resultaron lesionadas tres mujeres.

ET
Residents blockade site of proposed Costco store on cultural site in southern Mexico
Dozens of residents of the southern Mexico city of Cuernavaca protested Wednesday and blocked streets around the site of a former cultural center where U.S. retailer Costco. The site is on the property of the former Casino de la Selva, or Jungle Casino, a tree-lined private center that once housed landmark architecture from the 1940s and 50s, and a series of mural paintings. The site was auction off to Costco after the government foreclosed the property years ago. Cuernavaca’s sunny climate and bouganvillia-covered walls earned it the nickname “the city of eternal spring,” but protesting residents said the city is in danger of becoming “the city of the eternal shopping mall,” as uncontrolled development has boosted the population to over one million.

La Jornada Morelos (Carlos O. Morales, Andrés Serrano Ch., Raúl Morales, Kathia Jasso, José Luis Garcitapia y Jaime Brito)
Represión policiaca contra el Frente Cívico Pro Casino de la Selva
La represión gubernamental se consumó, los integrantes del Frente Pro Casino de la Selva fueron salvajemente retirados del lugar donde se mantenían en plantón por varias semanas, elementos de la Policía Ministerial, la Policía Metropolitana y la Policía Preventiva Estatal llevaron a cabo el desalojo de los manifestantes que se oponen a la construcción de megatiendas de la empresa transnacional Costco-Comercial Mexicana.
La horda de policías agredieron materialmente a quienes de manera pacífica luchaban por llevar a cabo un plebiscito para conocer la opinión de los morelenses con relación a esa empresa que ha destruido parte de la historia de Cuernavaca, con el único afán de construir sus centros comerciales aún y a costa de la cultura y la historia de un estado.
Al filo de las 20.00 horas de ayer, más de 450 elementos de las policías Metropolitana, Preventiva y los agentes de la Policía Ministerial se fueron encima de los manifestantes para detener a 34 personas, entre ellas: Ignación Suárez Huape -ex diputado local y presidente del Consejo del PRD Morelos-, Samuel y Verónica Jaramillo Salgado, Arnulfo Andrade Fernández, Estela Ramos, Gabriel Rivas Ríos -ex diputado local, Omar Barrera Mandujano, Angel Arias, Francisca Rodríguez Ocampo, Flora y Miguel Angel Guerrero, Alberta Pacheco Sánchez, Lizbeth y Sayra Yamina Terrones Pacheco, Ramiro Flores Solano, Alberto Molina de la Cruz, Charles Pollard Goff Polard, Pietro Ameglio Patella, Placido Mariano Gerardo, Abraham Gordillo Jaimes, Héctor Meza Camacho, Oscar Menéndez, Jesús Kirkland Colín, Francisco Javier Téllez Segura -representante del PRD ante el IEE-, Luis Aguirre Mendoza, Adrián Mujica, Argisofia Pérez Moreno, María Sofía Moreno, Abril González Sotelo y María Román Arroyo. Asimismo, fueron capturados dos menores de edad, Flor Monroy Román de 15 años y Héctor Eduardo Leyva Olivo, quienes fueron liberados después de las 10 de la noche. También fue detenida temporalmente la fotografa Nancy Machuca, de El Sol de Cuernavaca, a quien liberaron pero no le regresaron su cámara. El operativo, según declaró en una entrevista a medios electrónicos, fue ordenada por el gobernador Sergio Estrada Cajigal.
La furia de los policías estatales, metropolitanos y ministeriales se dejó sentir en cada acción y en momentos se temió porque no se presentará algún disparo al aire como sucedió en el reciente caso de la menor de 17 años, que quedó invalida por un artero ataque de una comandante Leonora Díaz Román, en una zona federal del libramiento Cuernavaca México. Además y sin que existieran bases legales para su intervención, el comandante de la Policía Ministerial, Agustín Montiel López ordenó y autorizó la intervención de sus agentes en los actos represivos en contra de los integrantes del Frente Pro Casino de la Selva, lo que será objeto de una queja más ante La Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Durante el violento y represivo desalojo, los policías y agentes ministeriales llegaron por las calles de Leandro Valle y Vicente Guerrero para rodear prácticamente a los manifestantes que pacíficamente se encontraban instalados frente a la Escuela Primaria Felipe Neri, inmediatamente y de manera sorpresiva hombres y mujeres fueron arrojados al suelo amenazados siempre con armas de alto poder, para ser golpeados sin distinción de género, fueron más de 30 los detenidos, los cuales fueron llevados con lujo de fuerza a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia, sitio desde el que se habría dado la orden de intervenir por parte de los agentes de Agustín Montiel López, máxima autoridad ante la ausencia del procurador estatal, Guillermo Tenorio Avila, quien se encuentra fuera del estado, en una reunión nacional de procuradores.
Posteriormente, entraron las grúas para retirar los vehículos y el camión que obstruía uno de los accesos al legendario hotel Casino de la Selva, y en pocos minutos lograron su cometido, a costa de la violencia utilizada para el desalojo de los luchadores sociales y ambientalistas que se encontraban en el lugar.
Uno de los comandantes de la Policía Metropolitana, Martín Meraz García justificó la acción policiaca bajo el argumento, de violar los manifestantes el artículo 11 de la Constitución Política Federal, respecto al libre tránsito en la vía pública, sin embargo, afirmó que por la confidencialidad de la información se negó a informar quien había dado la orden de desalojo.
Al cierre de esta edición, cerca de 60 personas protestaban en la Procuraduría estatal exigiendo la liberación de los detenidos. Cerca de la media noche, una comisión integrada por abogados y por los representantes de las comisiones estatal e independiente de Derechos Humanos, ingresó a los separos de la PGJ para constatar el estado de los detenidos.
La comisión informó que los manifestantes capturados se encontraban golpeados, “algunos severamente”, y Damián Camacho, miembro de la Asociación de Abogados Democráticos, sostuvo que no era clara su situación jurídica, no existían órdenes de aprehesión y que por lo tanto la detención de las 31 personas era “ilegal”.
Mientras tanto, el Frente Cívico convocó a una marcha para exigir “cese a la represión”, para el día de hoy, a las 4 de la tarde, del Calvario al zócalo.

Fuerza Informativa Azteca (Agustín Olais)
Piden liberar a opositores de Costco
Cuernavaca, Morelos, México,. La Procuraduría General de Justicia de Morelos aún no determina la situación jurídica de los diez integrantes del Frente Cívico pro Defensa del exCasino de la Selva (FCPDECS) detenidos la noche de ayer miércoles en un operativo de desalojo realizado por más de 200 efectivos policíacos. Desde esta mañana, cien opositores al proyecto del grupo Costco, que construirá dos megatiendas en el predio de 92 mil metros cuadrados, se manifiestan en los patios de la Procuraduría estatal para exigir la libertad de los detenidos, entre los que se encuentra Flora Guerrero, líder del movimiento. La FCPDECS anunció que a partir de las 4 de la tarde realizará movilizaciones en apoyo de ejidatarios de San Salvador Atenco, comuneros de Tepoztlán y normalistas de Amilcingo. En tanto, el perímetro del otrora Hotel Casino de la Selva permanece sitiado por unos 50 granaderos que sólo permiten el acceso a trabajadores de la empresa que pagó, el pasado lunes, cinco millones de pesos por la licencia de construcción.

POR CORREO ELECTRÓNICO

Agustin G. Villegas V.
Bicicletero del Trópico de Cáncer
San Luis Potosí, SLP México

Levanta una “enérgica protesta por la violenta represión y detención por Usted ordenada, contra miembros del FCPDCS, quienes pacíficamente protestaban por la conservación del patrimonio histórico, artístico y natural de los Morelenses y de todos los Mexicanos”. Solicita al Presidente Municipal de Cuernavaca, c.c.p. Mr. James Senegal, President and CEO COSTCO Wholesale Corporation, Issaquah Washington, EUA, “se les otorgue la libertad inmediata a los detenidos del FCPDCS, y sea aclarado públicamente las razones técnicas por las que Usted AUTORIZO a COSTCO a destruir en el Casino de la Selva las pinturas murales, y a cortar a decenas de frondosos árboles de más de 50 años de edad.

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Presidente, Homero Aridjis
Grupo de los Cien Internacional, A.C.

El Grupo de los Cien protesta por la represión al FCPDCS. Pide la liberación inmediata de los detenidos y la indemnización de los golpeados, así como se investigue los intereses de quien más que alcalde de Cuernavaca parece el gendarme de la trasnacional. Nos extraña la pasividad de la SEMARNAT y el silencio de su secretario en defensa de los 200 árboles maduros que van a ser cortados en Cuernavaca, en particular en vísperas del viaje del presidente Vicente Fox a la ciudad de Johanesburgo para asistir, y hablar, en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible. Las palabras pronunciadas en el extranjero deberían ser acciones en México. Una vez más se les recuerda a las autoridades que el supuesto desarrollo económico de una entidad o de un país no debe hacerse a costa de la cultura nacional ni contra su sociedad civil. En estos tiempos de cambio político, y de supuesta democracia, algunos gobernantes están ejerciendo el poder de manera totalitaria y antidemocrática, y se están convirtiendo en caciques en nombre del voto popular. Pedimos la intervención de la SEMARNAT para defender los recursos naturales del país, comenzando con los árboles del Casino de la Selva. Al Ayuntamiento de Cuernavaca le recomendamos que no debe impulsar un falso desarrollo, como el de Costco, a costa de nuestra cultura y basado en la destrucción de la naturaleza.

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Repudia Greenpeace violencia contra ecologistas morelenses

La organización ambientalista Greenpeace repudia el desalojo con violencia de los integrantes del FCPDCS, quienes se mantenían en pacífico plantón para impedir que la empresa estadounidense Costco construyera un centro comercial en ese sitio de importancia histórica y ecológica para la ciudad de Cuernavaca. Greenpeace considera inadmisible que mientras el gobierno federal habla de cambio, en el estado de Morelos la ciudadanía preocupada por preservar su patrimonio ambiental y cultural sea víctima de violencia oficial. ¿Desde cuándo los intereses comerciales valen más que los derechos ciudadanos? ¿Desde cuándo la policía está al servicio de las empresas depredadoras y en contra de la ciudadanía? La violencia ejercida contra los integrantes del FCPDCS no afecta únicamente a los morelense, sino que representa una agresión para todas aquéllas personas y organizaciones que ejercen la crítica y que luchan por tener un país justo, limpio y menos desigual. Greenpeace demanda que se libere de manera inmediata a los ambientalistas detenidos, que se proteja el patrimonio cultural y ambiental del estado de Morelos, en particular el Casino de la Selva, y que el gobierno estatal panista tome decisiones con base en el estado de derecho y tomando en consideración a la ciudadanía, que es a la que se debe.