Estudiante ejemplar

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Estudiante ejemplar – Dos cubetas de plástico con agua, próximas a la puerta de la vivienda, daban cuenta de las dificultades de la madre para atender a su familia. Con grandes esfuerzos, entre ella y su esposo habían logrado levantar cuatro paredes de block para resguardarse y proteger a sus hijos. Los muros sin enjarre, el piso austero, las puertas improvisadas y tejado de lámina constituían su patrimonio. Era una colonia en la periferia de la ciudad, carente de los servicios públicos elementales. La urbanización tardaría en alcanzarles, por ello caminaban cientos de metros para llevar el agua necesaria a su vivienda y hacían llegar el suministro eléctrico con una red provisional.

De vestir modesto, carácter noble y sencillo, complexión delgada y talla menor al promedio de su edad, el chico de 12 años, Daniel Amisadaí, lograba relacionarse bien con sus compañeros. Las características anteriores, mismas que podrían haber sido fatales, dado el ambiente escolar conformado en algunos contextos de educación secundaria, eran opacadas por su excelente desempeño académico.

Años atrás había aprendido por consejos de su madre, sobre la forma de adquirir respeto en la escuela y admiración de los mayores: ser cumplido en los estudios, respetuoso con todos y solidario con sus condiscípulos.

Comprobó la efectividad del consejo cuando cursó la primaria al conseguir ser el alumno más destacado del grupo, resultando campeón en el concurso de conocimientos de la zona escolar y haber participado en el encuentro estatal. Estas experiencias le proporcionaron una mejor visión del entorno, al convivir con estudiantes de todos los municipios, visitar varias escuelas y viajar por diversos lugares donde se desarrollaban los concursos.

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Al entrar a la secundaria percibió un ambiente distinto. Quedó expectante por la conjunción de estudiantes de diferentes escuelas, la cantidad de profesores y el número de aulas (estaba acostumbrado a un salón y a un solo maestro), pero rápido incursionó en los nuevos estilos de la vida estudiantil.

La fama adquirida con antelación, su actitud concentrada en las clases y los diferentes asuntos relativos a sus estudios, flexibilizó a sus camaradas quienes, a veces buscaban con quién desahogar su agresividad, ímpetu de sometimiento, hacer blanco de burlas o discriminación.

Uno de sus maestros acostumbraba realizar visitas a los hogares de sus alumnos, para conocer su medio, lo que le servía para preparar de una mejor manera sus clases, en encontrar un modo de tratarlos y dirigirse a ellos contextualizando los contenidos.

Existe una riqueza importante de conocimiento en el medio social en que se desenvuelven los estudiantes. Ahí pueden encontrarse motivos y razones para persuadir o sensibilizar a los jóvenes, sobre las bondades de los estudios y la preparación escolarizada.

Daniel sabía que ganaría la atención de sus compañeras, compañeros y sus maestros. Tenía la actitud adecuada, estaba en el camino propicio para conseguir transformar la forma de vida propia y de su familia, al tomarse en serio la actividad estudiantil.