Trump se tambalea

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Sin cumplir siquiera su primer semestre como Presidente de Estados Unidos, Donald Trump se enfrenta a su destino y vuelven las versiones y hasta las apuestas de que no durará mucho tiempo en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

La sombra de Rusia se agiganta sobre Washington, en la continuación de un episodio que inició desde la campaña electoral entre Hillary Clinton y el actual mandatario norteamericano, a propósito de la supuesta intervención de la red de inteligencia al servicio de Vladimir Putin para perjudicar a la candidata demócrata y allanarle el camino al excéntrico millonario.

Un nuevo capítulo es el despido fulminante del director del FBI, la poderosa corporación policiaca estadounidense, que esta semana ha cimbrado la estructura del complejo pero sólido entramado político del país más influyente del mundo.

El fin de la carrera de James Comey, quien encabezaba investigaciones sobre la relación del equipo cercano a Trump y del propio mandatario con Moscú, ha hecho revivir al fantasma del “impeachment” o juicio político que eventualmente pudiera costarle el poder al magnate inmobiliario.

El preludio había sido la caída del militar Michael Flynn como Consejero de Seguridad Nacional el pasado 13 de febrero, cuando tuvo que dimitir al descubrirse que había mentido sobre el contenido de sus reuniones con el embajador ruso en Washington semanas antes de que Trump jurara como mandatario.

Flynn negó lo innegable: que en esa reunión se había hablado sobre las sanciones que el presidente saliente Obama quería imponer a Rusia por su participación en ciberataques contra Clinton. Una grabación demostró que mentía.

Cercano al círculo íntimo de Trump, incluido el impresentable Steve Bannon, el general Flynn no ha dejado de hundirse en cuanto a incontables gestiones con empresas rusas y hasta con el gobierno turco, sin tener atribuciones legales para ello.

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Hoy, según cita el influyente periódico español El País, por lo menos 17 personas cercanas a la Casa Blanca mantienen estrechos vínculos personales y económicos con Moscú, entre ellos el yerno Jared Kushner, y que eran investigados por el FBI, cuyo director fue cesado este martes.

Grave para la seguridad de Estados Unidos, si el hecho se interpreta como una muy vulnerable exposición al chantaje de Putin a la hora de sentarse en la mesa para definir asuntos de la agenda bilateral o hasta mundial.

El caso es que, ante el escándalo, hasta los propios republicanos ven nuevamente con recelo a Donald Trump, y los medios de comunicación han desplegado grandes espacios en comparar lo que se vive en estos días con el escándalo que le costó la Presidencia de los Estados Unidos a Richard Nixon, hace casi 43 años.

Recordemos que, ante el escándalo de espionaje conocido como “Watergate”, el presidente Nixon hizo hasta lo imposible para despedir al fiscal que investigaba estos hechos y, posteriormente, nunca pudo estabilizar su mandato hasta que tuvo que renunciar, el 8 de agosto de 1974.

El affaire FBI-Rusia de hoy parece perfilar un camino sin salida para Donald Trump, quien no es la primera vez que enfrenta peticiones de “impeachment”, sea por su cuestionable preparación para ejercer el poder, por su xenofobia o por su obsesión en contra de los migrantes mexicanos en el sur de Estados Unidos.

¿Será que ahora sí?

Richard Nixon duró 9 meses en la Casa Blanca después de despedir al fiscal de Watergate.

Hagan sus apuestas.