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Un reto difícil | Huberto Meléndez Martínez

Un reto difícil – La fecha era histórica para aquella comunidad educativa. No todos los días se inaugura un edificio escolar para una Escuela Normal y menos aún de una institución que estaba llamada a ser el prototipo nacional de la formación de docentes, desde la región del semidesierto mexicano.

Los preparativos empezaron varios meses antes. La euforia fue en aumento conforme se acercaba el día esperado.

Los rumores sobre la presencia de altas autoridades nacionales se intensificaron, hasta adquirir certeza, cuando la directora de la escuela informó la asistencia del presidente de la república.

La crónica del protocolo, del desarrollo del evento con la descripción de los aspectos relevantes del acto y el análisis de los discursos corresponden a otros múltiples textos, los cuales fueron publicados a ocho columnas en los medios de comunicación de la época.

Faltaba menos de una semana y estaba pendiente designar a quien se encargaría de dirigir el Himno Nacional Mexicano. Esa comisión podrían desempeñarla con eficiencia cualquiera de los catedráticos o el maestro de Artes, pero se decidió de manera distinta.

El coordinador general de logística, repasaba el listado de asuntos por resolver. De pronto, a pregunta expresa de una alumna sobre el tema, señaló con autoridad a uno de los estudiantes: Tú.

El grupo quedó impactado por la sorpresa, expectante. El muchacho abrió ojos y boca desmesuradamente, sin acatar a reaccionar ante la designación. Había en el salón más de una veintena de jóvenes con mayor habilidad, seguridad, estilo y destreza para hacerlo, pero ninguno se atrevió a cuestionar la encomienda.

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Se desconoce si hubo ensayo, asesoría o práctica. Sólo se recuerda a aquel joven inseguro el cual, a paso firme, actitud resuelta, pero el mismo semblante asustado que mostró el día de la designación, entrando a paso marcial, colocándose al frente de la plaza cívica, saludó con gallardía a la bandera, con aplomo dominó el pánico escénico (a pesar de la palidez de su rostro) y dirigió magistralmente los compases del Himno. Hizo resonar armoniosamente las voces de la numerosa concurrencia.

Pocos supieron que su semblante desencajado era por un fuerte golpe recibido en la cabeza, mientras accedía a la plaza. El templete del presídium quedó a una menor altura de la suya. Los nervios le hicieron perder la noción del espacio. Chocó con las tablas provocando un ligero traspiés. Sintió una mano firme sujetándole el brazo para evitarle una caída, consiguiendo proseguir su camino hacia la escolta.

¿Por qué someter a experiencias tan relevantes a estos jóvenes?
Desde entonces este normalista adquirió seguridad en su carácter, desarrolló habilidades desconocidas en él, tan necesarias en un maestro rural, logrando un sobresaliente desempeño. En esa escuela hubo otros muchos casos semejantes.

Años después logró asimilarse la intención de sus maestros. Conferían a los alumnos altas responsabilidades, sabiendo que el peso de las mismas sería motor para impulsarse e intentar cumplir los desafíos inherentes a su demandante profesión.

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