¿La tercera es la vencida?

¿La tercera es la vencida?
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Los primeros días del año nuevo estuvieron marcados por dos desafortunados mensajes presidenciales que en lugar de calmar el ánimo social encendido por el incremento al precio de las gasolinas en México, atizaron el fuego de la feroz crítica y la inconformidad manifiesta.

Primero, el martes 2 y aprovechando el anuncio del nombramiento de Luis Videgaray como nuevo Canciller, con el que relanza su proyecto y reagrupa a su círculo cercano, Enrique Peña se arriesgó a improvisar lo que resultó una tibia defensa de lo indefendible, porque aunque se trate de una decisión técnicamente correcta, es absolutamente impopular.

El mandatario no es un buen improvisador a la hora de comunicar, y menos con un tema tan espinoso y polémico, por lo que él y su equipo en Los Pinos decidió planear, estructurar, grabar y transmitir un mensaje televisivo en el que tratara de explicar razones, ventajas y virtudes de la liberalización comercial de los combustibles de consumo común.

Pero en ese esfuerzo de comunicación, orientado a explicar lo que podría haber sucedido con las finanzas nacionales de no haberse tomado esa difícil decisión, Peña quedó atrapado entre el señalamiento de culpar a pasadas administraciones y la pregunta –también desafortunada- que nos hizo a quienes lo veíamos y escuchábamos el jueves por la noche: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”

A algunas manifestaciones callejeras durante el primer fin de semana de 2017 se sumó una terrible ofensiva contra la administración peñista en medios tradicionales pero sobre todo en las redes sociales, precisamente contestando aquella pregunta.

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Y mientras escribo estas líneas –domingo por la tarde- me entero que el Presidente de la República anunciará este lunes un paquete de medidas para “paliar” los efectos del llamado “gasolinazo” entre la población.

¿La tercera será la vencida? Se ve difícil pero espero que así sea, por el bien de todos. Porque a nadie conviene un clima de crispación como el que se percibe en estos días, para colmo previos a la toma de posesión de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos.

Ahora bien, independientemente de las medidas que se puedan anunciar -¿nuevos programas sociales?, ¿sustituir unos subsidios por otros? ¿exenciones tributarias?- tanto el clamor popular como las conclusiones de analistas y comentaristas apuntan a la oportunidad de acabar de una vez por todas con el dispendio escandaloso de recursos públicos, en forma de corrupción, componendas, prerrogativas a partidos políticos, burocracia federal, organismos autónomos y un largo etcétera de gastos fiscales y malas gestiones político-administrativas.

Y es que estos días nos han mostrado que lo de las gasolinas fue tan solo la gota que derramó el vaso del hartazgo derivado de los escándalos de malas gestiones de gobiernos estatales, de bonos navideños para legisladores o funcionarios de los 3 poderes y de otras instituciones de Estado, o de la millonaria asignación de recursos a partidos, desde el vilipendiado PRI, pasando por el nostálgico de poder PAN, el disminuido PRD, el crecido Morena o las eternas bisagras en que se han convertido el resto de las agrupaciones partidistas.

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Creo que efectivamente este atribulado inicio de año es para los mexicanos una oportunidad para no dejar pasar ya nada que tenga que ver con la absurda transferencia de recursos fiscales al barril sin fondo de las ambiciones personales o de intereses político-electorales.

Por ejemplo: a no pocos nos llamó la atención un muy reiterado mensaje sobre la transformación del estado de Puebla durante la transmisión en tiempo estelar de un partido de futbol americano, y que obviamente es pagado con recursos públicos y con fines específicos, aunque no se mencionara el nombre propio del remitente, uno de los suspirantes presidenciales para 2018

¿Cuánto costó esa pauta absurda? ¿Cuánto nos cuesta la catarata de mensajes con la imagen de los presidentes de los partidos y también aspirantes Anaya y López Obrador? ¿No es tirar dinero a la basura poner en la pantalla a Ochoa Reza o a la Barrales?

Tenemos, insisto, la oportunidad de que independientemente de las medidas que se anuncien este lunes, busquemos romper la inercia de que el dinero de los mexicanos se use para muchas cosas antes de utilizarlo al 100 por ciento en la generación de desarrollo económico y de bienestar común.

Oportunidad y reto mayúsculos.